<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-3548118816540812343</id><updated>2012-01-06T04:37:17.268-08:00</updated><category term='José María Arguedas'/><category term='Saki'/><category term='Marguerite Yourcenar'/><category term='Gao Xingjian'/><category term='Henry Kuttner'/><category term='H. P. Lovecraft'/><category term='Generación DROG'/><category term='Guy de Maupassant'/><category term='Julio Ramón Ribeyro'/><category term='Catástasis 2009'/><category term='Mario Benedetti'/><category term='Rudyard Kipling'/><category term='W. W. Jacobs'/><category term='Oscar Wilde'/><category term='Edgar Allan Poe'/><category term='Horacio Quiroga'/><category term='Jorge Luis Borges'/><category term='Julio Cortázar'/><title type='text'>Biblioteca de Cuentos OREM</title><subtitle type='html'></subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://labibliotecadeorem.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3548118816540812343/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://labibliotecadeorem.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><link rel='next' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3548118816540812343/posts/default?start-index=101&amp;max-results=100'/><author><name>Oscar Ramirez</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01639867369597054961</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://3.bp.blogspot.com/_pfR_MWacXOM/TK6SmX_JI5I/AAAAAAAAAnk/ZY_aPfF6Lp4/S220/Copia+de+IMG0481A.jpg'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>101</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3548118816540812343.post-6177136923105944048</id><published>2010-05-21T18:14:00.001-07:00</published><updated>2010-05-21T18:16:00.744-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Henry Kuttner'/><title type='text'>Henry Kuttner - Las ratas del cementerio</title><content type='html'>&lt;div class="MsoPlainText" style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 14.2pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;El viejo Masson, guardián de uno de los más antiguos y descuidados cementerios de Salem, sostenía una verdadera contienda con las ratas. Hacía varias generaciones, se había asentado en el cementerio una verdadera colonia de ratas enormes procedentes de los muelles. Cuando Masson asumió su cargo, tras la inexplicable desaparición del guardián anterior, decidió eliminarlas. Al principio colocaba cebos y comida envenenada junto a sus madrigueras; más tarde, intentó exterminarlas a tiros. Pero todo fue inútil. Seguía habiendo ratas. Sus hordas voraces se multiplicaban e infestaban el cementerio.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoPlainText" style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 14.2pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&amp;nbsp;Eran grandes, aún tratándose de la especie de «decumagus», cuyos ejemplares miden a veces más de treinta y cinco centímetros de largo sin contar la cola pelada y gris. Masson las había visto hasta del tamaño de un gato; y cuando los sepultureros descubrían alguna madriguera, comprobaban con asombro que por aquellas malolientes galerías cabía sobradamente el cuerpo de una persona. Al parecer, los barcos que antaño atracaban en los ruinosos muelles de Salem debieron de transportar cargamentos muy extraños.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoPlainText" style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 14.2pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;Masson se asombraba a veces de las extrañas proporciones de estas madrigueras. Recordaba ciertos relatos inquietantes que le habían contado antes de llegar a la vieja y embrujada ciudad de Salem. Eran relatos que hablaban de una vida larvaria que persistía en la muerte, ocultas en las olvidadas madrigueras de la tierra. Ya habían pasado los viejos tiempos en que Cotton Maher exterminara los cultos perversos y los ritos orgiásticos celebrados en honor de Hécate y de las siniestra Magna Mater. Pero todavía se alzaban las tenebrosas casas de torcidas buhardillas, de fachadas inclinadas y leprosas, en cuyos sótanos, según se decía, aún se ocultaban secretos blasfemos y se celebraban ritos que desafiaban tanto a la ley como a la cordura. Moviendo significativamente sus cabezas canosas, los viejos aseguraban que, en los antiguos cementerios de Salem, había bajo tierra cosas peores que gusanos y ratas.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoPlainText" style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 14.2pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;En cuanto a estos roedores, ciertamente, Masson les tenía aversión y respeto. Sabía el peligro que acechaba en sus dientes afilados y brillantes. Pero no comprendía el horror que los viejos sentían por las casas vacías, infestadas de ratas. Había oído rumores sobre ciertas criaturas horribles que moraban en las profundidades de la tierra y tenían poder sobre las ratas, a las que agrupaban en ejércitos disciplinados. Según decían los ancianos, las ratas servían de mensajeras entre este mundo y las cavernas que se abrían en las entrañas de la tierra, muy por debajo de Salem. Y aún se decía que algunos cuerpos habían sido robados de las sepulturas con el fin de celebrar festines subterráneos y nocturnos. El mito de flautista de Hamelin era una leyenda que ocultaba, en forma de alegoría, un horror blasfemo; y según ellos, los negros abismos habían parido abortos infernales que jamás salieron a la luz del día.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoPlainText" style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 14.2pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;Masson no hacía ningún caso de semejantes relatos. No fraternizaba con sus vecinos y, de hecho, hacía lo posible por mantener en secreto la existencia de las ratas. De conocerse el problema quizá iniciasen una investigación, en cuyo caso tendrían que abrir muchas sepulturas. Y en efecto, hallarían ataúdes perforados y vacíos que atribuirían a las actividades de las ratas. Pero descubrirían también algunos cuerpos con mutilaciones muy comprometedoras para Masson.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoPlainText" style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 14.2pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;Los dientes postizos suelen hacerse de oro puro, y no se los extraen a uno cuando muere. Las ropas, naturalmente, son harina de otro costal, porque la compañía de pompas fúnebres suele proporcionar un traje de paño sencillo, perfectamente reconocible después. Pero el oro no lo es. Además, Masson negociaba también con algunos comerciantes de medicina y médicos pocos escrupulosos que necesitaban cadáveres sin importarles demasiado su procedencia.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoPlainText" style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 14.2pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;Hasta entonces, Masson se las había arreglado muy bien para que no se iniciase una investigación. Había negado ferozmente la existencia de las ratas, aún cuando algunas veces éstas le hubiesen arrebatado el botín. A Masson no le preocupaba lo que pudiera suceder con los cuerpos, después de haberlos expoliado, pero las ratas solían arrastrar el cadáver entero por un boquete que ellas mismas roían en el ataúd.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoPlainText" style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 14.2pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;El tamaño de esos agujeros tenía a Masson asombrado. Por otra parte, se daba la circunstancia de que las ratas horadaban siempre los ataúdes por uno de los extremos, y no por lados. Parecía como si las ratas trabajasen bajo la dirección de algún guía dotado de inteligencia.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoPlainText" style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 14.2pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;Ahora se encontraba ante una sepultura abierta. Acababa de quitar la última paletada de tierra húmeda y de arrojarla al montón que había formado a un lado. Desde hacía varias semanas, no paraba de caer una llovizna fría y constante. El cementerio era un lodazal de barro pegajoso, del que surgían las mojadas lápidas en formaciones irregulares. Las ratas se habían retirado a sus agujeros; no se veía ni una. Pero el rostro flaco y desgalichado de Masson reflejaba una sombra de inquietud. Había terminado de descubrir la tapa de un ataúd de madera.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoPlainText" style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 14.2pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;Hacía varios días que lo habían enterrado, pero Masson no se había atrevido a desenterrarlo antes. Los parientes del fallecido venían a menudo a visitar su tumba, aún lloviendo. Pero a estas horas de la noche, no era fácil que vinieran, por mucho dolor y pena que sintiesen. Y con este pensamiento tranquilizador, se enderezó y echó a un lado la pala.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoPlainText" style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 14.2pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;Desde la colina donde estaba situado el cementerio, se veían parpadear débilmente las luces de Salem a través de la lluvia pertinaz. Sacó la linterna del bolsillo porque iba a necesitar luz. Apartó la pala y se inclinó a revisar los cierres de la caja.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoPlainText" style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 14.2pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;De repente, se quedó rígido. Bajo sus pies había notado un rebullir inquieto, como si algo arañara o se revolviera dentro. Por un momento, sintió una punzada de terror supersticioso, que pronto dio paso a una rabia furiosa, al comprender el significado de aquellos ruidos. ¡Las ratas se habían adelantado otra vez!&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoPlainText" style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 14.2pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;En un rapto de cólera, Masson arrancó los cierres del ataúd. Metió el canto de la pala bajo la tapa e hizo palanca, hasta que pudo levantarla con las dos manos. Luego encendió la linterna y la enfocó al interior del ataúd.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoPlainText" style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 14.2pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;La lluvia salpicaba el blanco tapizado de raso; el ataúd estaba vacío. Masson percibió un movimiento furtivo en la cabecera de la caja y dirigió hacia allí la luz.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoPlainText" style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 14.2pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;El extremo del sarcófago había sido horadado, y el boquete comunicaba con una galería, al parecer, pues en aquel mismo momento desaparecía por allí, a tirones, un pie fláccido enfundado en su correspondiente zapato. Masson comprendió que las ratas se le habían adelantado, esta vez, sólo unos instantes. Se dejó caer a gatas y agarró el zapato con todas sus fuerzas. Se le cayó la linterna dentro del ataúd y se apagó de golpe. De un tirón, el zapato le fue arrancado de las manos en medio de una algarabía de chillidos agudos y excitados. Un momento después, había recuperado la linterna y la enfocaba por el agujero.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoPlainText" style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 14.2pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;Era enorme. Tenía que serlo; de lo contrario, no habrían podido arrastrar el cadáver a través de él. Masson intentó imaginarse el tamaño de aquellas ratas capaces de tirar del cuerpo de un hombre. De todos modos, él llevaba su revólver cargado en el bolsillo, y esto le tranquilizaba. De haberse tratado del cadáver una persona ordinaria, Masson habría abandonado su presa a las ratas, antes de aventurarse por aquella estrecha madriguera; pero recordó los gemelos de sus puños y el alfiler de su corbata, cuya perla debía ser indudablemente auténtica, y, sin pensarlo más, se prendió la linterna al cinturón y se metió por el boquete. El acceso era angosto. Delante de él, a al luz de la linterna, podía ver como las suelas de los zapatos seguían siendo arrastradas hacia el fondo del túnel de tierra. También el trató de arrastrase lo más rápidamente posible, pero había momentos en que apenas era capaz de avanzar, aprisionado entre aquellas estrechas paredes de tierra.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoPlainText" style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 14.2pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;El aire se hacía irrespirable por el hedor de la carroña. Masson decidió que, si no alcanzaba el cadáver en un minuto, volvería para atrás. Los temores supersticiosos empezaban a agitarse en su imaginación, aunque la codicia le instaba a proseguir. Siguió adelante, y cruzó varias bocas de túneles adyacentes. Las paredes de la madriguera estaban húmedas y pegajosas. Por dos veces oyó a sus espaldas pequeños desprendimientos de tierra. El segundo de éstos le hizo volver la cabeza. No vio nada, naturalmente, hasta que enfocó la linterna en esa dirección.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoPlainText" style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 14.2pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;Entonces vio varios montones de barro que casi obstruían la galería que acababa de recorrer. El peligro de su situación se le apareció de pronto en toda su espantosa realidad. El corazón le latía con fuerza sólo de pensar en la posibilidad de un hundimiento. Decidió abandonar su persecución, a pesar de que casi había alcanzado el cadáver y las criaturas invisibles que lo arrastraban. Pero había algo más, en lo que tampoco había pensado: el túnel era demasiado estrecho para dar la vuelta.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoPlainText" style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 14.2pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;El pánico se apoderó de él, por un segundo, pero recordó la boca lateral que acababa de pasar, y retrocedió dificultosamente hasta que llegó a ella. Introdujo allí las piernas, hasta que pudo dar la vuelta. Luego, comenzó a avanzar precipitadamente hacia la salida, pese al dolor de sus rodillas magulladas.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoPlainText" style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 14.2pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;De súbito, una punzada le traspasó la pierna. Sintió que unos dientes afilados se le hundían en la carne, y pateó frenéticamente para librarse de sus agresores. Oyó un chillido penetrante, y el rumor presuroso de una multitud de patas que se escabullían. Al enfocar la linterna hacia atrás, dejó escapar un gemido de horror: una docena de enormes ratas le miraban atentamente, y sus ojillos malignos brillaban bajo la luz. Eran unos bichos deformes, grandes como gatos. Tras ellos vislumbró una forma negruzca que desapareció en la oscuridad. Se estremeció ante las increíbles proporciones de aquella sombra apenas vista.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoPlainText" style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 14.2pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;La luz contuvo a las ratas durante un momento, pero no tardaron en volver a acercarse furtivamente. Al resplandor de la linterna, sus dientes parecían teñidos de un naranja oscuro. Masson forcejeó con su pistola, consiguió sacarla de su bolsillo y apuntó cuidadosamente. Estaba en una posición difícil. Procuró pegar los pies a las mojadas paredes de la madriguera para no herirse.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoPlainText" style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 14.2pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;El estruendo del disparo le dejó sordo durante unos instantes. Después, una vez disipado el humo, vio que las ratas habían desaparecido. Se guardó la pistola y comenzó a reptar velozmente a lo largo del túnel. Pero no tardó en oír de nuevo las carreras de las ratas, que se le echaron encima otra vez.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoPlainText" style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 14.2pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;Se le amontonaron sobre las piernas, mordiéndole y chillando de manera enloquecedora. Masson empezó a gritar mientras echaba mano a la pistola. Disparó sin apuntar, de suerte que no se hirió de milagro. Esta vez las ratas no se alejaron demasiado. No obstante, Masson aprovechó la tregua para reptar lo más deprisa que pudo, dispuesto a hacer fuego a la primera señal de un nuevo ataque.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoPlainText" style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 14.2pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;Oyó movimientos de patas y alumbró hacia atrás con la linterna. Una enorme rata gris se paró en seco y se quedó mirándole, sacudiendo sus largos bigotes y moviendo de un lado a otro, muy despacio, su cola áspera y pelada. Masson disparó y la rata echó a correr.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoPlainText" style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 14.2pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;Continuó arrastrándose. Se había detenido un momento a descansar, junto a la negra abertura de un túnel lateral, cuando descubrió un bulto informe sobre la tierra mojada, un poco más adelante. De momento, lo tomó como un montón de tierra desprendido del techo; luego vio que era un cuerpo humano.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoPlainText" style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 14.2pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;Se trataba de una momia negruzca y arrugada, y Masson se dio cuenta, preso de un pánico sin límites, de que se movía.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoPlainText" style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 14.2pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;Aquella cosa monstruosa avanzaba hacia él y, a la luz de la linterna, vio su rostro horrible a muy poca distancia del suyo. Era una calavera casi descarnada, la faz de un cadáver que ya llevaba años enterrado, pero animada de una vida infernal. Tenía unos ojos vidriosos, hinchados y saltones, que delataban su ceguera, y, al avanzar contra Masson, lanzó un gemido plañidero y entreabrió sus labios pustulosos, desgarrados en una mueca de hambre espantosa. Masson sintió que se le helaba la sangre.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoPlainText" style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 14.2pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;Cuando aquel Horror estaba ya a punto de rozarle. Masson se precipitó frenéticamente por la abertura lateral. Oyó arañar en la tierra, justo a sus pies, y el confuso gruñido de la criatura que la seguía de cerca. Masson miró por encima del hombro, gritó y trató de avanzar desesperadamente por la estrecha galería. Reptaba con torpeza; las piedras afiladas le herían las manos y las rodillas. El barro le salpicaba en los ojos, pero no se atrevió a detenerse ni un segundo. Continuó avanzando a gatas, jadeando, rezando y maldiciendo histéricamente.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoPlainText" style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 14.2pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;Con chillidos triunfales, las ratas se precipitaron de nuevo sobre él con una horrible voracidad pintada en sus ojillos. Masson estuvo a punto de sucumbir bajo sus dientes, pero logró desembarcarse ellas: el pasadizo se estrechaba y, sobrecogido por el pánico, pataleó, gritó y disparó hasta que el gatillo pegó sobre una cápsula vacía. Pero había rechazado las ratas.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoPlainText" style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 14.2pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;Observó entonces que se hallaba bajo una piedra grande, encajada en la parte superior de la galería, que le oprimía cruelmente la espalda. Al tratar de avanzar notó que la piedra se movía, y se le ocurrió una idea: ¡Si pudiera dejarla caer, de forma que obstruyese el túnel!&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoPlainText" style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 14.2pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;La tierra estaba empapada por el agua de la lluvia. Se enderezó y se puso a quitar el barro que sujetaba la piedra. Las ratas se aproximaban. Veía brillar sus ojos al resplandor de la linterna. Siguió cavando, frenético, en la tierra. La piedra cedía. Tiró de ella y la movió de sus cimientos.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoPlainText" style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 14.2pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;Se acercaban la ratas... Era el ejemplar que había visto antes. Gris, leprosa, repugnante, avanzaba enseñando sus dientes anaranjados. Masson dio un último tirón de la piedra y la sintió resbalar hacia abajo. Entonces reanudó su camino a rastras por el túnel.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoPlainText" style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 14.2pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;La piedra se derrumbó tras él, y oyó un repentino alarido de agonía. Sobre sus piernas se desplomaron algunos terrones mojados. Más adelante, le atrapó los pies un desprendimiento considerable, del que logró desembarazarse con dificultad. ¡El túnel entero se estaba desmoronando!&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoPlainText" style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 14.2pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;Jadeando de terror, Masson se desmoronaba mientras la tierra se desprendía tras él. El túnel seguía estrechándose, hasta que llegó un momento en que apenas pudo hacer uso de sus manos y sus piernas para avanzar. Se retorció como una anguila hasta que, de pronto, notó un jirón de raso bajo sus dedos crispados; y luego su cabeza chocó contra algo que le impedía continuar. Movió las piernas y pudo comprobar que no las tenía apresadas por la tierra desprendida. Estaba boca abajo. Al tratar de incorporarse, se encontró con que el techo del túnel estaba a escasos centímetros de su espalda. El terror lo descompuso.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoPlainText" style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 14.2pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;Al salirle al paso aquel ser espantoso y ciego, se había desviado por un túnel lateral, por un túnel que no tenía salida. ¡Se encontraba en un ataúd vacío, al que había entrado por el agujero que las ratas habían practicado en su extremo!&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoPlainText" style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 14.2pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;Intentó ponerse boca arriba, pero no pudo. La tapa del ataúd le mantenía inexorablemente inmóvil. Tomó aliento entonces, e hizo fuerza contra la tapa. Era inamovible, y aun si lograse escapar del sarcófago, ¿cómo podría excavar una salida a través del metro y medio de tierra que tenía encima?&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoPlainText" style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 14.2pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;Respiraba con dificultad. Hacía un calor sofocante y el hedor era irresistible. Era un paroxismo de terror, desgarró y arañó el forro acolchado hasta destrozarlo. Hizo un inútil intento por cavar con los pies en la tierra desprendida que le impedía la retirada. Si lograse solamente cambiar de postura, podría excavar con la uñas una salida hacia el aire... hacia el aire...&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoPlainText" style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 14.2pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;Una agonía candente penetró en su pecho; el pulso le dolía en los globos de los ojos. Parecía como si la cabeza se le fuera hinchando, a punto de estallar. Y de súbito, oyó los triunfales chillidos de las ratas. Comenzó a gritar, enloquecido, pero no pudo rechazarlas esta vez. Durante un momento, se revolvió histéricamente en su estrecha prisión, y luego se calmó, boqueando por falta de aire. Cerró lo ojos, sacó su lengua ennegrecida y se hundió en la negrura de la muerte, con los locos chillidos de las ratas taladrándole los oídos.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoPlainText" style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 14.2pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt; &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoPlainText" style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 14.2pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt; &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoPlainText" style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 14.2pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="color: black;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3548118816540812343-6177136923105944048?l=labibliotecadeorem.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://labibliotecadeorem.blogspot.com/feeds/6177136923105944048/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://labibliotecadeorem.blogspot.com/2010/05/henry-kuttner-las-ratas-del-cementerio.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3548118816540812343/posts/default/6177136923105944048'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3548118816540812343/posts/default/6177136923105944048'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://labibliotecadeorem.blogspot.com/2010/05/henry-kuttner-las-ratas-del-cementerio.html' title='Henry Kuttner - Las ratas del cementerio'/><author><name>Oscar Ramirez</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01639867369597054961</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://3.bp.blogspot.com/_pfR_MWacXOM/TK6SmX_JI5I/AAAAAAAAAnk/ZY_aPfF6Lp4/S220/Copia+de+IMG0481A.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3548118816540812343.post-3005805224389296275</id><published>2010-05-21T18:13:00.000-07:00</published><updated>2010-05-21T18:13:00.662-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='W. W. Jacobs'/><title type='text'>W. W. Jacobs - La pata de mono</title><content type='html'>&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;La noche era fría y húmeda, pero en la pequeña sala de Laburnum Villa los postigos estaban cerrados y el fuego ardía vivamente. Padre e hijo jugaban al ajedrez. El primero tenía ideas personales sobre el juego y ponía al rey en tan desesperados e inútiles peligros que provocaba el comentario de la vieja señora que tejía plácidamente junto a la chimenea. &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;-Oigan el viento -dijo el señor White; había cometido un error fatal y trataba de que su hijo no lo advirtiera. &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;-Lo oigo -dijo éste moviendo implacablemente la reina-. Jaque. &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;-No creo que venga esta noche -dijo el padre con la mano sobre el tablero. &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;-Mate -contestó el hijo. &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;-Esto es lo malo de vivir tan lejos -vociferó el señor White con imprevista y repentina violencia-. De todos los suburbios, este es el peor. El camino es un pantano. No se qué piensa la gente. Como hay sólo dos casas alquiladas, no les importa. &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;-No te aflijas, querido -dijo suavemente su mujer-, ganarás la próxima vez. &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;El señor White alzó la vista y sorprendió una mirada de complicidad entre madre e hijo. Las palabras murieron en sus labios y disimuló un gesto de fastidio. &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;-Ahí viene -dijo Herbert White al oír el golpe del portón y unos pasos que se acercaban. Su padre se levantó con apresurada hospitalidad y abrió la puerta; le oyeron condolerse con el recién venido. &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;Luego, entraron. El forastero era un hombre fornido, con los ojos salientes y la cara rojiza. &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;-El sargento mayor Morris -dijo el señor White, presentándolo. El sargento les dio la mano, aceptó la silla que le ofrecieron y observó con satisfacción que el dueño de casa traía whisky y unos vasos y ponía una pequeña pava de cobre sobre el fuego. &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;Al tercer vaso, le brillaron los ojos y empezó a hablar. La familia miraba con interés a ese forastero que hablaba de guerras, de epidemias y de pueblos extraños. &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;-Hace veintiún años -dijo el señor White sonriendo a su mujer y a su hijo-. Cuando se fue era apenas un muchacho. Mírenlo ahora. &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;-No parece haberle sentado tan mal -dijo la señora White amablemente. &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;-Me gustaría ir a &lt;st1:personname productid="la India" w:st="on"&gt;la India&lt;/st1:personname&gt; -dijo el señor White-. Sólo para dar un vistazo. &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;-Mejor quedarse aquí -replicó el sargento moviendo la cabeza. Dejó el vaso y, suspirando levemente, volvió a sacudir la cabeza. &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;-Me gustaría ver los viejos templos y faquires y malabaristas -dijo el señor White-. ¿Qué fue, Morris, lo que usted empezó a contarme los otros días, de una pata de mono o algo por el estilo? &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;-Nada -contestó el soldado apresuradamente-. Nada que valga la pena oír. &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;-¿Una pata de mono? -preguntó la señora White. &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;-Bueno, es lo que se llama magia, tal vez -dijo con desgana el militar. &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;Sus tres interlocutores lo miraron con avidez. Distraídamente, el forastero llevó la copa vacía a los labios: volvió a dejarla. El dueño de casa la llenó.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;-A primera vista, es una patita momificada que no tiene nada de particular -dijo el sargento mostrando algo que sacó del bolsillo. &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;La señora retrocedió, con una mueca. El hijo tomó la pata de mono y la examinó atentamente. &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;-¿Y qué tiene de extraordinario? -preguntó el señor White quitándosela a su hijo, para mirarla. &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;-Un viejo faquir le dio poderes mágicos -dijo el sargento mayor-. Un hombre muy santo... Quería demostrar que el destino gobierna la vida de los hombres y que nadie puede oponérsele impunemente. Le dio este poder: Tres hombres pueden pedirle tres deseos. &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;Habló tan seriamente que los otros sintieron que sus risas desentonaban.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;-Y usted, ¿por qué no pide las tres cosas? -preguntó Herbert White.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;El sargento lo miró con tolerancia. &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;-Las he pedido -dijo, y su rostro curtido palideció. &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;-¿Realmente se cumplieron los tres deseos? -preguntó la señora White. &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;-Se cumplieron -dijo el sargento. &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;-¿Y nadie más pidió? -insistió la señora. &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;-Sí, un hombre. No sé cuáles fueron las dos primeras cosas que pidió; la tercera fue la muerte. Por eso entré en posesión de la pata de mono. &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;Habló con tanta gravedad que produjo silencio. &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;-Morris, si obtuvo sus tres deseos, ya no le sirve el talismán -dijo, finalmente, el señor White-. ¿Para qué lo guarda? &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;El sargento sacudió la cabeza: &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;-Probablemente he tenido, alguna vez, la idea de venderlo; pero creo que no lo haré. Ya ha causado bastantes desgracias. Además, la gente no quiere comprarlo. Algunos sospechan que es un cuento de hadas; otros quieren probarlo primero y pagarme después. &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;-Y si a usted le concedieran tres deseos más -dijo el señor White-, ¿los pediría? &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;-No sé -contestó el otro-. No sé. &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;Tomó la pata de mono, la agitó entre el pulgar y el índice y la tiró al fuego. White la recogió. &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;-Mejor que se queme -dijo con solemnidad el sargento. &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;-Si usted no la quiere, Morris, démela. &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;-No quiero -respondió terminantemente-. La tiré al fuego; si la guarda, no me eche la culpa de lo que pueda suceder. Sea razonable, tírela. &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;El otro sacudió la cabeza y examinó su nueva adquisición. Preguntó: &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;-¿Cómo se hace? &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;-Hay que tenerla en la mano derecha y pedir los deseos en voz alta. Pero le prevengo que debe temer las consecuencias. &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;-Parece de Las mil y una noches -dijo la señora White. Se levantó a preparar la mesa-. ¿No le parece que podrían pedir para mí otro par de manos? &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;El señor White sacó del bolsillo el talismán; los tres se rieron al ver la expresión de alarma del sargento. &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;-Si está resuelto a pedir algo -dijo agarrando el brazo de White- pida algo razonable. &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;El señor White guardó en el bolsillo la pata de mono. Invitó a Morris a sentarse a la mesa. Durante la comida el talismán fue, en cierto modo, olvidado. Atraídos, escucharon nuevos relatos de la vida del sargento en &lt;st1:personname productid="la India." w:st="on"&gt;la India.&lt;/st1:personname&gt; &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;-Si en el cuento de la pata de mono hay tanta verdad como en los otros -dijo Herbert cuando el forastero cerró la puerta y se alejó con prisa, para alcanzar el último tren-, no conseguiremos gran cosa. &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;-¿Le diste algo? -preguntó la señora mirando atentamente a su marido. &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;-Una bagatela -contestó el señor White, ruborizándose levemente-. No quería aceptarlo, pero lo obligué. Insistió en que tirara el talismán. &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;-Sin duda -dijo Herbert, con fingido horror-, seremos felices, ricos y famosos. Para empezar tienes que pedir un imperio, así no estarás dominado por tu mujer.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;El señor White sacó del bolsillo el talismán y lo examinó con perplejidad. &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;-No se me ocurre nada para pedirle -dijo con lentitud-. Me parece que tengo todo lo que deseo. &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;-Si pagaras la hipoteca de la casa serías feliz, ¿no es cierto? -dijo Herbert poniéndole la mano sobre el hombro-. Bastará con que pidas doscientas libras.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;El padre sonrió avergonzado de su propia credulidad y levantó el talismán; Herbert puso una cara solemne, hizo un guiño a su madre y tocó en el piano unos acordes graves. &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;-Quiero doscientas libras -pronunció el señor White. &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;Un gran estrépito del piano contestó a sus palabras. El señor White dio un grito. Su mujer y su hijo corrieron hacia él. &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;-Se movió -dijo, mirando con desagrado el objeto, y lo dejó caer-. Se retorció en mi mano como una víbora. &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;-Pero yo no veo el dinero -observó el hijo, recogiendo el talismán y poniéndolo sobre la mesa-. Apostaría que nunca lo veré. &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;-Habrá sido tu imaginación, querido -dijo la mujer, mirándolo ansiosamente. &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;Sacudió la cabeza. &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;-No importa. No ha sido nada. Pero me dio un susto. &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;Se sentaron junto al fuego y los dos hombres acabaron de fumar sus pipas. El viento era más fuerte que nunca. El señor White se sobresaltó cuando golpeó una puerta en los pisos altos. Un silencio inusitado y deprimente los envolvió hasta que se levantaron para ir a acostarse. &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;-Se me ocurre que encontrarás el dinero en una gran bolsa, en medio de la cama -dijo Herbert al darles las buenas noches-. Una aparición horrible, agazapada encima del ropero, te acechará cuando estés guardando tus bienes ilegítimos. &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;Ya solo, el señor White se sentó en la oscuridad y miró las brasas, y vio caras en ellas. La última era tan simiesca, tan horrible, que la miró con asombro; se rió, molesto, y buscó en la mesa su vaso de agua para echárselo encima y apagar la brasa; sin querer, tocó la pata de mono; se estremeció, limpió la mano en el abrigo y subió a su cuarto.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;II&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;A la mañana siguiente, mientras tomaba el desayuno en la claridad del sol invernal, se rió de sus temores. En el cuarto había un ambiente de prosaica salud que faltaba la noche anterior; y esa pata de mono; arrugada y sucia, tirada sobre el aparador, no parecía terrible. &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;-Todos los viejos militares son iguales -dijo la señora White-. ¡Qué idea, la nuestra, escuchar esas tonterías! ¿Cómo puede creerse en talismanes en esta época? Y si consiguieras las doscientas libras, ¿qué mal podrían hacerte? &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;-Pueden caer de arriba y lastimarte la cabeza -dijo Herbert. &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;-Según Morris, las cosas ocurrían con tanta naturalidad que parecían coincidencias -dijo el padre. &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;-Bueno, no vayas a encontrarte con el dinero antes de mi vuelta -dijo Herbert, levantándose de la mesa-. No sea que te conviertas en un avaro y tengamos que repudiarte. &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;La madre se rió, lo acompañó hasta afuera y lo vio alejarse por el camino; de vuelta a la mesa del comedor, se burló de la credulidad del marido. &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;Sin embargo, cuando el cartero llamó a la puerta corrió a abrirla, y cuando vio que sólo traía la cuenta del sastre se refirió con cierto malhumor a los militares de costumbres intemperantes. &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;-Me parece que Herbert tendrá tema para sus bromas -dijo al sentarse. &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;-Sin duda -dijo el señor White-. Pero, a pesar de todo, la pata se movió en mi mano. Puedo jurarlo. &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;-Habrá sido en tu imaginación -dijo la señora suavemente. &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;-Afirmo que se movió. Yo no estaba sugestionado. Era... ¿Qué sucede? &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;Su mujer no le contestó. Observaba los misteriosos movimientos de un hombre que rondaba la casa y no se decidía a entrar. Notó que el hombre estaba bien vestido y que tenía una galera nueva y reluciente; pensó en las doscientas libras. El hombre se detuvo tres veces en el portón; por fin se decidió a llamar. &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;Apresuradamente, la señora White se quitó el delantal y lo escondió debajo del almohadón de la silla. &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;Hizo pasar al desconocido. Éste parecía incómodo. La miraba furtivamente, mientras ella le pedía disculpas por el desorden que había en el cuarto y por el guardapolvo del marido. La señora esperó cortésmente que les dijera el motivo de la visita; el desconocido estuvo un rato en silencio. &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;-Vengo de parte de Maw &amp;amp; Meggins -dijo por fin. &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;La señora White tuvo un sobresalto. &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;-¿Qué pasa? ¿Qué pasa? ¿Le ha sucedido algo a Herbert? &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;Su marido se interpuso. &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;-Espera, querida. No te adelantes a los acontecimientos. Supongo que usted no trae malas noticias, señor. &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;Y lo miró patéticamente. &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;-Lo siento... -empezó el otro. &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;-¿Está herido? -preguntó, enloquecida, la madre. &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;El hombre asintió. &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;-Mal herido -dijo pausadamente-. Pero no sufre. &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;-Gracias a Dios -dijo la señora White, juntando las manos-. Gracias a Dios. &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;Bruscamente comprendió el sentido siniestro que había en la seguridad que le daban y vio la confirmación de sus temores en la cara significativa del hombre. Retuvo la respiración, miró a su marido que parecía tardar en comprender, y le tomó la mano temblorosamente. Hubo un largo silencio. &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;-Lo agarraron las máquinas -dijo en voz baja el visitante. &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;-Lo agarraron las máquinas -repitió el señor White, aturdido. &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;Se sentó, mirando fijamente por la ventana; tomó la mano de su mujer, la apretó en la suya, como en sus tiempos de enamorados. &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;-Era el único que nos quedaba -le dijo al visitante-. Es duro. &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;El otro se levantó y se acercó a la ventana. &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;-La compañía me ha encargado que le exprese sus condolencias por esta gran pérdida -dijo sin darse la vuelta-. Le ruego que comprenda que soy tan sólo un empleado y que obedezco las órdenes que me dieron. &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;No hubo respuesta. La cara de la señora White estaba lívida. &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;-Se me ha comisionado para declararles que Maw &amp;amp; Meggins niegan toda responsabilidad en el accidente -prosiguió el otro-. Pero en consideración a los servicios prestados por su hijo, le remiten una suma determinada. &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;El señor White soltó la mano de su mujer y, levantándose, miró con terror al visitante. Sus labios secos pronunciaron la palabra: ¿cuánto? &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;-Doscientas libras -fue la respuesta. &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;Sin oír el grito de su mujer, el señor White sonrió levemente, extendió los brazos, como un ciego, y se desplomó, desmayado. &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;III&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;En el cementerio nuevo, a unas dos millas de distancia, marido y mujer dieron sepultura a su muerto y volvieron a la casa transidos de sombra y de silencio.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;Todo pasó tan pronto que al principio casi no lo entendieron y quedaron esperando alguna otra cosa que les aliviara el dolor. Pero los días pasaron y la expectativa se transformó en resignación, esa desesperada resignación de los viejos, que algunos llaman apatía. Pocas veces hablaban, porque no tenían nada que decirse; sus días eran interminables hasta el cansancio. &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;Una semana después, el señor White, despertándose bruscamente en la noche, estiró la mano y se encontró solo. &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;El cuarto estaba a oscuras; oyó cerca de la ventana, un llanto contenido. Se incorporó en la cama para escuchar. &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;-Vuelve a acostarte -dijo tiernamente-. Vas a coger frío. &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;-Mi hijo tiene más frío -dijo la señora White y volvió a llorar. &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;Los sollozos se desvanecieron en los oídos del señor White. La cama estaba tibia, y sus ojos pesados de sueño. Un despavorido grito de su mujer lo despertó. &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;-La pata de mono -gritaba desatinadamente-, la pata de mono. &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;El señor White se incorporó alarmado. &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;-¿Dónde? ¿Dónde está? ¿Qué sucede? &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;Ella se acercó: &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;-La quiero. ¿No la has destruido? &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;-Está en la sala, sobre la repisa -contestó asombrado-. ¿Por qué la quieres? &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;Llorando y riendo se inclinó para besarlo, y le dijo histéricamente: &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;-Sólo ahora he pensado... ¿Por qué no he pensado antes? ¿Por qué tú no pensaste?&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;-¿Pensaste en qué? -preguntó. &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;-En los otros dos deseos -respondió en seguida-. Sólo hemos pedido uno. &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;-¿No fue bastante? &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;-No -gritó ella triunfalmente-. Le pediremos otro más. Búscala pronto y pide que nuestro hijo vuelva a la vida. &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;El hombre se sentó en la cama, temblando. &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;-Dios mío, estás loca. &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;-Búscala pronto y pide -le balbuceó-; ¡mi hijo, mi hijo! &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;El hombre encendió la vela. &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;-Vuelve a acostarte. No sabes lo que estás diciendo. &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;-Nuestro primer deseo se cumplió. ¿Por qué no hemos de pedir el segundo? &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;-Fue una coincidencia. &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;-Búscala y desea -gritó con exaltación la mujer. &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;El marido se volvió y la miró: &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;-Hace diez días que está muerto y además, no quiero decirte otra cosa, lo reconocí por el traje. Si ya entonces era demasiado horrible para que lo vieras... &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;-¡Tráemelo! -gritó la mujer arrastrándolo hacia la puerta-. ¿Crees que temo al niño que he criado? &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;El señor White bajó en la oscuridad, entró en la sala y se acercó a la repisa.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;El talismán estaba en su lugar. Tuvo miedo de que el deseo todavía no formulado trajera a su hijo hecho pedazos, antes de que él pudiera escaparse del cuarto.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;Perdió la orientación. No encontraba la puerta. Tanteó alrededor de la mesa y a lo largo de la pared y de pronto se encontró en el zaguán, con el maligno objeto en la mano. &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;Cuando entró en el dormitorio, hasta la cara de su mujer le pareció cambiada. Estaba ansiosa y blanca y tenía algo sobrenatural. Le tuvo miedo. &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;-¡Pídelo! -gritó con violencia. &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;-Es absurdo y perverso -balbuceó. &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;-Pídelo -repitió la mujer. &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;El hombre levantó la mano: &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;-Deseo que mi hijo viva de nuevo. &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;El talismán cayó al suelo. El señor White siguió mirándolo con terror. Luego, temblando, se dejó caer en una silla mientras la mujer se acercó a la ventana y levantó la cortina. El hombre no se movió de allí, hasta que el frío del alba lo traspasó. A veces miraba a su mujer que estaba en la ventana. La vela se había consumido; hasta casi apagarse. Proyectaba en las paredes y el techo sombras vacilantes. &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;Con un inexplicable alivio ante el fracaso del talismán, el hombre volvió a la cama; un minuto después, la mujer, apática y silenciosa, se acostó a su lado.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;No hablaron; escuchaban el latido del reloj. Crujió un escalón. La oscuridad era opresiva; el señor White juntó coraje, encendió un fósforo y bajó a buscar una vela. &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;Al pie de la escalera el fósforo se apagó. El señor White se detuvo para encender otro; simultáneamente resonó un golpe furtivo, casi imperceptible, en la puerta de entrada. &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;Los fósforos cayeron. Permaneció inmóvil, sin respirar, hasta que se repitió el golpe. Huyó a su cuarto y cerró la puerta. Se oyó un tercer golpe. &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;-¿Qué es eso? -gritó la mujer. &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;-Un ratón -dijo el hombre-. Un ratón. Se me cruzó en la escalera. &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;La mujer se incorporó. Un fuerte golpe retumbó en toda la casa. &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;-¡Es Herbert! ¡Es Herbert! -La señora White corrió hacia la puerta, pero su marido la alcanzó. &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;-¿Qué vas a hacer? -le dijo ahogadamente. &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;-¡Es mi hijo; es Herbert! -gritó la mujer, luchando para que la soltara-. Me había olvidado de que el cementerio está a dos millas. Suéltame; tengo que abrir la puerta. &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;-Por amor de Dios, no lo dejes entrar -dijo el hombre, temblando. &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;-¿Tienes miedo de tu propio hijo? -gritó-. Suéltame. Ya voy, Herbert; ya voy.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;Hubo dos golpes más. La mujer se libró y huyó del cuarto. El hombre la siguió y la llamó, mientras bajaba la escalera. Oyó el ruido de la tranca de abajo; oyó el cerrojo; y luego, la voz de la mujer, anhelante: &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;-La tranca -dijo-. No puedo alcanzarla. &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;Pero el marido, arrodillado, tanteaba el piso, en busca de la pata de mono. &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;-Si pudiera encontrarla antes de que eso entrara... &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;Los golpes volvieron a resonar en toda la casa. El señor White oyó que su mujer acercaba una silla; oyó el ruido de la tranca al abrirse; en el mismo instante encontró la pata de mono y, frenéticamente, balbuceó el tercer y último deseo.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;Los golpes cesaron de pronto; aunque los ecos resonaban aún en la casa. Oyó retirar la silla y abrir la puerta. Un viento helado entró por la escalera, y un largo y desconsolado alarido de su mujer le dio valor para correr hacia ella y luego hasta el portón. El camino estaba desierto y tranquilo.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3548118816540812343-3005805224389296275?l=labibliotecadeorem.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://labibliotecadeorem.blogspot.com/feeds/3005805224389296275/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://labibliotecadeorem.blogspot.com/2010/05/w-w-jacobs-la-pata-de-mono.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3548118816540812343/posts/default/3005805224389296275'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3548118816540812343/posts/default/3005805224389296275'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://labibliotecadeorem.blogspot.com/2010/05/w-w-jacobs-la-pata-de-mono.html' title='W. W. Jacobs - La pata de mono'/><author><name>Oscar Ramirez</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01639867369597054961</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://3.bp.blogspot.com/_pfR_MWacXOM/TK6SmX_JI5I/AAAAAAAAAnk/ZY_aPfF6Lp4/S220/Copia+de+IMG0481A.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3548118816540812343.post-689565752085486479</id><published>2010-04-18T06:46:00.000-07:00</published><updated>2010-05-21T18:18:17.828-07:00</updated><title type='text'>La otra piedad - Laura Massolo (*)</title><content type='html'>&lt;div class="MsoBodyText" style="line-height: normal; text-align: justify; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-AR" style="font-style: normal;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Times, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyText" style="line-height: normal; text-align: justify; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-AR" style="font-style: normal;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Times, 'Times New Roman', serif;"&gt;Dra. Bárbara Müller:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyText" style="line-height: normal; text-align: justify; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-AR" style="font-style: normal;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Times, 'Times New Roman', serif;"&gt;No espero que mi carta sirva para esclarecer los aspectos relacionados con el caso de Gonzalo Velázquez. No tengo datos precisos que aportar, no quiero aportarlos. Me he tomado el atrevimiento de intervenir sin haber sido convocada. Soy madre de un paciente del mismo sanatorio en el que Gonzalo estaba internado. Mi hijo, Manuel Losada, de veinte años, padece una patología por la que debe concurrir a la modalidad de Hospital de Día y recibe tratamiento psicológico y de rehabilitación.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Times, 'Times New Roman', serif;"&gt;De modo que usted no encontrará en mis palabras otro contenido que el de un mero punto de vista; punto de vista que, asociado a la identificación con aquellos que vivimos esta realidad en carne propia, he complementado con lo que pude ver y oír a partir de mi cercanía con esa institución.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent" style="text-align: justify; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Times, 'Times New Roman', serif;"&gt;Allí presido una pequeña cooperadora de padres destinada a subsanar algunas carencias que no son consideradas por los seguros médicos. Este cargo, que no es más que una acción benéfica, exige mi permanencia en el lugar durante los días de la semana. Con otras madres que tampoco tienen otra ocupación, cumplo funciones de índole práctica: recolecto fondos para alguna reparación, convoco, desde la solidaridad o desde la exhortación a la culpa, a padres que, por su oficio, puedan colaborar con tareas de mantenimiento y, fundamentalmente, promuevo una especie de apoyo “espiritual” para los más desvalidos.&amp;nbsp; &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Times, 'Times New Roman', serif;"&gt;Aprovecho este comentario para invitarla a los talleres de reflexión que organizamos los jueves por la mañana. Pienso que respirar esta realidad, respirar el clima de pretendido consuelo, respirar ese otro clima de decepción y agobio, escuchar las ocasionales sentencias y las constantes quejas, ver cómo la angustia puede adquirir forma en la voz o en la cara, ver cómo se intenta un tejido reparador sobre la cáscara de un agujero, podrá serle útil, a lo mejor, para tomar distancia de sus indagaciones y admitir que lo sucedido con este chico sólo tiene por causa un designio que no comprendemos, - ni siquiera a fuerza de dolor y resignación - los que tenemos que vivir bajo el peso de esta cruz.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Times, 'Times New Roman', serif;"&gt;Usted pensará que mis ideas están ligadas a la religión y a la fe. En ese sentido, creo que no somos quienes deban juzgar ciertas actitudes humanas. Dicen que daremos cuenta de nuestros actos después del pasaje terrenal. Sin embargo, doctora, con respecto a mi fe, debo confesar que permanece aplastada bajo el imperio de una voluntad suprema que no dio lugar a ningún intercambio, que no me permitió pactar, que me dejó al margen de la esperanza de las compensaciones; y si procedo en conformidad con ciertas leyes es por una costumbre estereotipada, inyectada a fuerza de temor y defectuosidades, practicada a modo de murmullo en oposición al desaliento. Por mi experiencia, este pasaje terrenal nos deja intervenir pobremente en su acontecer; y es tal vez esta carta un acto de misericordia para con usted, y es, tal vez, un intento de soslayar la impotencia a la que estamos habituados.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Times, 'Times New Roman', serif;"&gt;Por otro lado, puedo aceptar la muerte de Gonzalo como el tránsito que le estaba destinado por esa voluntad suprema, pero me resulta inadmisible el manoseo burocrático y judicial al que han quedado sometidos estos sucesos. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Times, 'Times New Roman', serif;"&gt;Es cierto que Gonzalo, durante su internación, no recibía más visitas que las de su padre, esporádicas, quizá forzadas. Sin embargo, la señora Julia Velázquez no era la única madre que no concurría al sanatorio, y más allá de las razones vinculadas a su estado de salud, sería prudente contemplar que no todos venimos a este mundo preparados para aceptar lo que nos toca. Es una cuestión de fortaleza.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Times, 'Times New Roman', serif;"&gt;Dicen que la sabiduría inmensa de Dios distribuye en cada uno de nosotros la cruz que, por su peso y su medida, podemos soportar. Sin embargo, y tal vez por la intervención de otras fuerzas que desconozco, no siempre es posible sostener esa cruz. Hay un ácido que flota en la columna vertebral. A veces, carcome; a veces, sangra; a veces, nos entierra.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Times, 'Times New Roman', serif;"&gt;He sabido que se sospecha de una confabulación entre Ernesto y Julia Velázquez para provocar la muerte de Gonzalo. He sabido que se los acusa de haberle dado una sobredosis de medicación con ayuda de una enfermera a la que sobornaron. He sabido que varias personas relacionadas con el caso están siendo interrogadas para esclarecer esta suposición. Y estos rumores me indignan. Nadie más que Dios ha resuelto esa muerte, y si los instrumentos que el Señor usó para empujar el alma de ese chico a la eternidad debieron ser el enajenamiento o la locura, pues este mismo Señor sabrá por qué lo ha hecho.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Times, 'Times New Roman', serif;"&gt;Ante estos juicios y, sin la posibilidad de persuadir ni frenar a quienes los emiten, no me queda otro remedio que rezar. También rezo en estos momentos por usted.&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Times, 'Times New Roman', serif;"&gt;Deberíamos pensar que cualquiera de nosotros, ante la muerte de un hijo discapacitado, podría verse injustamente inculpado; sobre todo, teniendo en cuenta que, precisamente, por la fragilidad que caracteriza a estos enfermos, por su indefensión, por las complicaciones que las dolencias mentales provocan, la muerte es una posibilidad continua, como si colgaran de un hilo. Cabe citar el caso de una chiquita Down que sufrió un paro cardiorrespiratorio en terapia intensiva mientras estaba sola, ya que no permitieron la compañía de la madre en esa unidad. Sé que los padres han iniciado juicio al hospital. Sin embargo, creo que lo han hecho presionados por la influencia de ciertos abogados con fines de lucro, sin aceptar resignada y cristianamente la voluntad de Dios. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Times, 'Times New Roman', serif;"&gt;La muerte de Gonzalo, el desarrollo de esta historia, acentúan mi sensación de que todo está silenciosamente tejido de antemano en nuestros destinos, como si se tratara de una sociedad entre las asfixias y las cargas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Times, 'Times New Roman', serif;"&gt;Creo, en resumen, que la indagatoria que usted está llevando a cabo es una locura, creo que es promover una ofensa. Creo que usted está en riesgo. Creo que se equivoca. Creo que se adentra en terrenos peligrosos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyText3" style="text-align: justify; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Times, 'Times New Roman', serif;"&gt;Yo le reitero mi invitación a nuestras reuniones de los jueves. Venga, doctora, verá que entre alguna torta que llevamos, algunas galletas, algunas risas, va a desentrañar el patetismo que reviste la misión para la que estos padres fuimos “elegidos”. Venga, si quiere, al festival anual, donde disfrazamos a los chicos y nos disfrazamos; venga y mire las máscaras que tapan la consternación, el baile frenético de las sillas de ruedas, las sondas nasogástricas pintadas de verde fluorescente, las cabezas sin sostén bamboleándose al compás de la música, las manos al aire, sin asidero; el papel crepé roto, desgarrado, húmedo. Venga, si quiere, al templo carismático donde llevo a Manuel los domingos. Mire, allí, las crisis de histeria, los colapsos, los alaridos, los espíritus que, para quedar liberados del demonio, creen que deben atormentarse en la crispación y en el ahogo. Asómese a este mundo antes de juzgar a los que lo integramos. Venga a mi casa, trate de conversar conmigo en paz, perciba cómo nos interrumpe la inquietud, el estertor de una garganta que no articula, la baba que corre por un trapo siempre inmundo. Míreme, imagine que estoy escribiendo esta carta a las dos de la mañana porque es el único momento en que tengo silencio, porque ya emboqué, dificultosamente, cuidando mis dedos de la mordedura, todas las dosis de pastillas correspondientes, incluido un hipnótico para el sueño, media píldora para mí, que nunca duermo, que no sé si voy a despertarme con un cadáver o con un vegetal en la habitación de al lado. Créame, ahora que le digo que me han pasado los años y me ha pasado la vida sin poder escapar de este cuadro fatídico, de este encierro de aullidos, de médicos, de electroencefalogramas, y turnos, y recetas, y horarios de rehabilitación, y pañales enormes, y olores acres. Venga a ver las marcas en todas las paredes de mi casa: son de la silla de ruedas. Venga a sentir el aroma: a pis, a tristeza. Fíjese en mí, en mis arrugas, en mis puños, en los otros hijos que crecieron sin mi energía, sin mi alegría, sin mi cuidado. Tómese un trago de este vómito de amargura. Y, entonces, deje de mortificarse y mortificar a los demás con su pesquisa.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Times, 'Times New Roman', serif;"&gt;Recuérdeme que le muestre el certificado de incapacidad del noventa y ocho por ciento, mi sentencia, la certeza de una vida inútil que necesita de mí todo lo que tengo, todo lo que ya no tengo, todo lo que preciso fabricar con la ficción. Acompáñeme, una de las tantas veces en que me miro en el espejo y me pregunto quién soy. Quédese un día en este mundo. Vea que no se puede saber, ni entender, ni razonar, ni escuchar. Si fuera posible, mida la raíz de mi sentimiento, esta mezcla de amor y de rechazo, lo que se me desordena constantemente en la imperfección, en la indignidad, en la tortura. Trate de observar algo coherente en los ojos que no miran hacia ningún lado, en la cabeza que se cae. Intente traducir, en el sonido que parece una gárgara, las dos sílabas categóricas de la palabra mamá. Quédese quieta y contemple el espectáculo siniestro de una convulsión, ese dislate, esa espiral sin fondo. Mire las botellas vacías tiradas bajo la mesa, bajo la cama: son del hombre que pasará tambaleándose por algún lugar de la casa, la barba crecida, la bragueta siempre abierta, el pelo desprolijo. Ese desecho es el hombre con quien duermo sin dormir. Mire, hoy, casualmente, la sábana sucia de mi hija, la sana, la normal, la inteligente, la que nunca entendió por qué un día su madre desapareció de golpe y pasa las horas y las horas en un instituto de rehabilitación, limpiando mierda, mientras ella se revuelca sin sentido con cualquier hombre que pase. Venga. Mire. Asómese.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Times, 'Times New Roman', serif;"&gt;Vaya, después, a conversar con cuanto profesional de la salud se le cruce. Le van a decir las mismas resueltas idioteces: lo difícil, el daño, el emergente, el caos, la contención, la incontención, la fábula, tal vez la inconsciencia de una mujer que decidió no abortar para no irse al infierno y que, a los cuarenta y pico, acunó dulcemente a un monstruo con la pretensión de que era un ángel.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Times, 'Times New Roman', serif;"&gt;Lea bien lo que le escribo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Times, 'Times New Roman', serif;"&gt;Vaya, después, y converse con un cura, con un mago, con diez locos. Es lo mismo, atado y desatado, el designio, el demonio, los dos filos cruzados en la espalda.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Times, 'Times New Roman', serif;"&gt;Pregúntele a cualquiera de las asistentes del instituto. Pregúnteles por los abandonos, por las ambulancias, por las convulsiones, por esos seres que de pronto adquieren el aire espeluznante de un poseído y se agrandan y se retuercen y tiemblan y se contorsionan, y se sacuden, y parecen tan magníficos como aterradores. O se encogen, como cáscaras de hierro, como pedazos de piedra imposibles de abrazar. Y se les mueven los brazos, y se les mueven las piernas, y se endurecen, y son estatuas, y la cabeza para un costado porque si no se muerden la lengua, y que se hagan todo encima, o que vomiten, o que se ahoguen, y los ojos, patéticos, desaparecidos a los costados, las órbitas en blanco.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Times, 'Times New Roman', serif;"&gt;Además, las convulsiones tienen sus causas: a veces la fiebre, a veces una emoción, a veces la imposibilidad de expresarse de otra forma. Y, a veces porque faltó la medicación, porque la hija de mil putas de la madre se olvidó de darle al ángel la medicación, porque la máquina falló en el instante del olvido. Entonces el ángel castiga retorciéndose.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Times, 'Times New Roman', serif;"&gt;Y ahí están, siempre, todos los días, como lo único que nos gobierna, lo que nos pone de rodillas, lo que nos hace cumplir, lo que nos obliga no sabemos a qué ni para qué. Y hay que seguir, hay que seguir, hay que seguir. No se pueden bajar los brazos, ni un minuto. No se pueden desatar las manos de las correas que sujetan al madero horizontal de la cruz. No se puede dejar la vertical forzosa de la que colgamos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Times, 'Times New Roman', serif;"&gt;Y uno pretende explicarse que lo que manda es el amor, que es del corazón, del útero, de no sé dónde que sale la fuerza. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Times, 'Times New Roman', serif;"&gt;Pero son ellos los que mandan, los que dan las órdenes, los que disponen de la vida de todos, los que determinan lo cotidiano y lo perenne; que una se quede callada o que hable o que mire un programa por televisión o que no mire; que piense, que no piense. Absorben toda la energía, absolutamente toda. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Times, 'Times New Roman', serif;"&gt;Igual, a la mañana, empezar de nuevo, aunque duelan los huesos. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Times, 'Times New Roman', serif;"&gt;Claro, yo no podría dejar internado a Manuel. No podría por la culpa. Y es otra de las cosas que gobiernan: la culpa, la mal entendida piedad. ¿No sería mejor suponer un error de cálculo en la naturaleza?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Times, 'Times New Roman', serif;"&gt;Al principio, cuando Manuel entraba en una convulsión, me provocaba una especie de parálisis. Aparentemente, él no respiraba, pero la que no podía respirar era yo. A él se le torcían los ojos, a mí se me agrandaban. A él se le alargaban las manos, a mí se me encogían. Era un hechizo. Hubiera podido dominar a todos con una palabra, con una sola palabra; y uno esperaba que esa palabra brotara, de golpe, que rompiera el mutismo, como si Manuel fuera dueño de un lenguaje oculto, de larvas, de&amp;nbsp; bacterias, de algodón, de bichos, de fantasmas, y en el momento de la convulsión ese lenguaje pudiera reptar hasta la lengua. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Times, 'Times New Roman', serif;"&gt;Gonzalo también tenía convulsiones. Lo cuidé y lo limpié muchas veces en el sanatorio. Después se dormía. Eran horas de paz. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent" style="text-align: justify; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent" style="text-align: justify; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Times, 'Times New Roman', serif;"&gt;Dicen que cuando vuelven no se acuerdan de nada. Dicen que, a veces, escuchan ruidos, ven visiones. Es un misterio. Y es como si el aire se quedara quieto alrededor. Nadie sabe qué hacer, no se puede hacer nada. Una convulsión se parece a la muerte,&amp;nbsp; pero el corazón late, corre la sangre, hay una revolución como de lastimadura, chispas, cortocircuitos, latigazos; es como si de adentro emergiera otra vida, incontrolable. (Gonzalo, en cambio, era incontrolable todo el tiempo. Lo tenían atado, por precaución.)&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Times, 'Times New Roman', serif;"&gt;Dicen que lo único que hay que hacer es rezar. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Times, 'Times New Roman', serif;"&gt;En los primeros años no pude rezar nunca. Me quedaba pegada a mi hijo, pero lejos; lo miraba, ni siquiera podía tocarlo. Ahora, cuando tiene convulsiones, rezo, solamente por costumbre, despacio, siempre las mismas oraciones, la repetición, el murmullo, el vaciamiento.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Times, 'Times New Roman', serif;"&gt;También rezaba por Gonzalo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Times, 'Times New Roman', serif;"&gt;Además, doctora, usted tendría que ver cómo cantan en el templo, con qué alegría. La alegría de la fe, supongo. Y Manuel se alegra: aplaude, se ríe, mueve la cabeza, las manos, grita. Y aunque nos cueste, mi marido y yo, vamos; mi marido y yo, sobrios, porque a la iglesia es necesario ir sobrios, íntegros, sumisos, humildes, resignados. Y lo cargamos en brazos. No entramos la silla. Es peligroso porque hay gente que se descompone y se desmaya y se puede golpear con los caños, porque los que se quedan catatónicos se pueden golpear con los caños, porque las alucinaciones místicas y los alaridos y la espuma de la boca y las uñas con filo y las manos con forma de garras golpean contra los caños.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Times, 'Times New Roman', serif;"&gt;Es hermoso ir al templo. No sabe cómo ayuda. Hasta pude pedir una intención para que esa mujer y ese hombre, los padres de Gonzalo, encuentren paz; para que usted también encuentre paz, para que deje de buscar cruces, transportarlas, transferirlas. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Times, 'Times New Roman', serif;"&gt;Gonzalo Velázquez murió, seguramente, en forma accidental o a consecuencia de alguna complicación, como determinarán los médicos. Gonzalo Velázquez murió para cerrar un círculo, para encerrarla a usted en ese círculo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Times, 'Times New Roman', serif;"&gt;La muerte no es ilógica. No todas las muertes son impredecibles.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Times, 'Times New Roman', serif;"&gt;Por otro lado, es tan fácil dejarlos morir. Basta con no alimentarlos, basta con no darles la medicación, basta con darles medicación de más, basta un descuido, un agua, una canilla abierta. Pero la desesperación está en la culpa, no en las resoluciones. Casi nadie sería capaz de tomar esa decisión. Casi nadie. Aunque.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Times, 'Times New Roman', serif;"&gt;¿Usted podría seguir leyendo esta carta si sólo imaginara, con toda la nitidez posible, que algo a lo que ama encarnizadamente pudiera convertirse en una estatua, aullar, deshacerse, temblar, desparramar humores?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Times, 'Times New Roman', serif;"&gt;¿Usted cree que Julia Velázquez y yo somos diferentes? No, doctora: la cruz tiene una proporción determinada. Existe una pesadez exacta que quiebra la espalda, que dobla en dos. Gonzalo llegó al límite del peso.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Times, 'Times New Roman', serif;"&gt;¿Usted cree que se puede mentir una alegría? ¿Cree que esos bailes morbosos de los festivales no son una puesta en escena de la desesperación, que la música misma no es un absurdo? No, doctora: hay pedazos de vidrio en la orilla de la garganta, hay un telón enganchado con alfileres a los ojos, hay una soga tensa a punto de soltarse, dar el tirón, desatar la locura.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Times, 'Times New Roman', serif;"&gt;Dejé mi profesión, hace veinte años; puntualmente, cuando tuve a Manuel. Soy psiquiatra. Pero todo se alteró, todo empezó a chocar. Y el entendimiento no resiste, no resisten las explicaciones; no hay explicaciones. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Times, 'Times New Roman', serif;"&gt;La razón impone un orden. La fe se respalda en cierto desorden. Yo necesitaba cantar a gritos, encender velas, y necesitaba estampitas y crucifijos y oraciones; necesitaba no pensar, no preguntarme. No me alcanzó la lógica. Se me desmoronó. Se me terminó la posibilidad de análisis.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Times, 'Times New Roman', serif;"&gt;Cambié la profesión por el misticismo, la palabra por el rito, la duda por la certidumbre, la consideración de la paradoja por el aplastamiento. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Times, 'Times New Roman', serif;"&gt;Son caminos, formas de evadirse. Cada cual elige el suyo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Times, 'Times New Roman', serif;"&gt;Igual, no hay alivio. No tengo alivio. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Times, 'Times New Roman', serif;"&gt;Los Velázquez no tendrían alivio. Las demandas no dejaban alivio, las críticas a las inasistencias de Julia Velázquez, transmitidas a su marido en cada una de las ocasionales visitas, no permitían ningún alivio. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Times, 'Times New Roman', serif;"&gt;¿Pudieron razonar los Velázquez? ¿Hicieron un complot? ¿Lo mataron?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Times, 'Times New Roman', serif;"&gt;No sé.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Times, 'Times New Roman', serif;"&gt;Tal vez sea una forma de eutanasia. Una llovizna de piedad.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Times, 'Times New Roman', serif;"&gt;Además, he llegado a comprobar lo inverosímil. Hay algo que se teje en lo trágico, es un mecanismo, algo extraño, un miedo: El último paciente que atendí en ejercicio se llamaba Joaquín Müller. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Times, 'Times New Roman', serif;"&gt;¿Le dice algo esto, doctora? ¿No es una increíble coincidencia? &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Times, 'Times New Roman', serif;"&gt;No puedo amenazarla con desertar de un secreto profesional. No lo haría. Pero tal vez usted esté buscando, con su empecinamiento contra los Velázquez, castigar a sus propios padres; revivir, con esta penitencia, al hermano imperfecto, al pobrecito que se ahogó “sin querer” en la bañera de su casa natal. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Times, 'Times New Roman', serif;"&gt;Cuando haya llegado al fondo de estas investigaciones, lo único que le va a quedar es un vacío sin respuestas, algo que se volverá en su contra, definitivamente.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Times, 'Times New Roman', serif;"&gt;Tome en cuenta mi consejo: abandone el caso.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Times, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Times, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: right; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Times, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;i&gt;(*) Premio Internacional Juan Rulfo 2001.&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: right; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Times, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;Visita su web &lt;/span&gt;&lt;a href="http://lauramassolo.blogspot.com/"&gt;&lt;b&gt;aquí.&lt;/b&gt;&lt;/a&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: 'Bookman Old Style'; font-size: 12pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: 'Bookman Old Style'; font-size: 12pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: 'Bookman Old Style'; font-size: 12pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3548118816540812343-689565752085486479?l=labibliotecadeorem.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://labibliotecadeorem.blogspot.com/feeds/689565752085486479/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://labibliotecadeorem.blogspot.com/2010/04/la-otra-piedad-por-laura-massolo.html#comment-form' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3548118816540812343/posts/default/689565752085486479'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3548118816540812343/posts/default/689565752085486479'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://labibliotecadeorem.blogspot.com/2010/04/la-otra-piedad-por-laura-massolo.html' title='La otra piedad - Laura Massolo (*)'/><author><name>Oscar Ramirez</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01639867369597054961</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://3.bp.blogspot.com/_pfR_MWacXOM/TK6SmX_JI5I/AAAAAAAAAnk/ZY_aPfF6Lp4/S220/Copia+de+IMG0481A.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3548118816540812343.post-8986548572318629635</id><published>2010-03-22T18:51:00.001-07:00</published><updated>2010-03-22T18:51:57.753-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Julio Cortázar'/><title type='text'>JULIO CORTÁZAR - CONTINUIDAD DE LOS PARQUES</title><content type='html'>&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-MX" style="font-family: &amp;quot;Arial Narrow&amp;quot;; font-size: 13.0pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-MX" style="font-family: &amp;quot;Arial Narrow&amp;quot;; font-size: 13.0pt;"&gt;Había empezado a leer la novela unos días antes. La abandonó por negocios urgentes, volvió a abrirla cuando regresaba en tren a la finca; se dejaba interesar lentamente por la trama, por el dibujo de los personajes. Esa tarde, después de escribir una carta a su apoderado y discutir con el mayordomo una cuestión de aparcerías volvió al libro en la tranquilidad del estudio que miraba hacia el parque de los robles. Arrellanado en su sillón favorito de espaldas a la puerta que lo hubiera molestado como una irritante posibilidad de intrusiones, dejó que su mano izquierda acariciara una y otra vez el terciopelo verde y se puso a leer los últimos capítulos. Su memoria retenía sin esfuerzo los nombres y las imágenes de los protagonistas; la ilusión novelesca lo ganó casi en seguida. Gozaba del placer casi perverso de irse desgajando línea a línea de lo que lo rodeaba, y sentir a la vez que su cabeza descansaba cómodamente en el terciopelo del alto respaldo, que los cigarrillos seguían al alcance de la mano, que más allá de los ventanales danzaba el aire del atardecer bajo los robles. Palabra a palabra, absorbido por la sórdida disyuntiva de los héroes, dejándose ir hacia las imágenes que se concertaban y adquirían color y movimiento, fue testigo del último encuentro en la cabaña del monte. Primero entraba la mujer, recelosa; ahora llegaba el amante, lastimada la cara por el chicotazo de una rama. Admirablemente restallaba ella la sangre con sus besos, pero él rechazaba las caricias, no había venido para repetir las ceremonias de una pasión secreta, protegida por un mundo de hojas secas y senderos furtivos. El puñal se entibiaba contra su pecho, y debajo latía la libertad agazapada. Un diálogo anhelante corría por las páginas como un arroyo de serpientes, y se sentía que todo estaba decidido desde siempre. Hasta esas caricias que enredaban el cuerpo del amante como queriendo retenerlo y disuadirlo, dibujaban abominablemente la figura de otro cuerpo que era necesario destruir. Nada había sido olvidado: coartadas, azares, posibles errores. A partir de esa hora cada instante tenía su empleo minuciosamente atribuido. El doble repaso despiadado se interrumpía apenas para que una mano acariciara una mejilla. Empezaba a anochecer.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="mso-margin-bottom-alt: auto; mso-margin-top-alt: auto; text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-MX" style="font-family: &amp;quot;Arial Narrow&amp;quot;; font-size: 13.0pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="mso-margin-bottom-alt: auto; mso-margin-top-alt: auto; text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-MX" style="font-family: &amp;quot;Arial Narrow&amp;quot;; font-size: 13.0pt;"&gt;Sin mirarse ya, atados rígidamente a la tarea que los esperaba, se separaron en la puerta de la cabaña. Ella debía seguir por la senda que iba al norte. Desde la senda opuesta él se volvió un instante para verla correr con el pelo suelto. Corrió a su vez, parapetándose en los árboles y los setos, hasta distinguir en la bruma malva del crepúsculo la alameda que llevaba a la casa. Los perros no debían ladrar, y no ladraron. El mayordomo no estaría a esa hora, y no estaba. Subió los tres peldaños del porche y entró. Desde la sangre galopando en sus oídos le llegaban las palabras de la mujer: primero una sala azul, después una galería, una escalera alfombrada. En lo alto, dos puertas. Nadie en la primera habitación, nadie en la segunda. La puerta del salón, y entonces el puñal en la mano, la luz de los ventanales, el alto respaldo de un sillón de terciopelo verde, la cabeza del hombre en el sillón leyendo una novela. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3548118816540812343-8986548572318629635?l=labibliotecadeorem.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://labibliotecadeorem.blogspot.com/feeds/8986548572318629635/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://labibliotecadeorem.blogspot.com/2010/03/julio-cortazar-continuidad-de-los.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3548118816540812343/posts/default/8986548572318629635'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3548118816540812343/posts/default/8986548572318629635'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://labibliotecadeorem.blogspot.com/2010/03/julio-cortazar-continuidad-de-los.html' title='JULIO CORTÁZAR - CONTINUIDAD DE LOS PARQUES'/><author><name>Oscar Ramirez</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01639867369597054961</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://3.bp.blogspot.com/_pfR_MWacXOM/TK6SmX_JI5I/AAAAAAAAAnk/ZY_aPfF6Lp4/S220/Copia+de+IMG0481A.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3548118816540812343.post-7574488344229436610</id><published>2010-03-22T18:50:00.000-07:00</published><updated>2010-05-21T18:20:31.458-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Julio Cortázar'/><title type='text'>Julio Cortázar - Conducta en los velorios</title><content type='html'>&lt;h1 align="center" style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: center;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'Arial Narrow'; font-size: 17px; font-weight: normal;"&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/h1&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: 'Arial Narrow'; font-size: 13pt;"&gt;&amp;nbsp;No vamos por el anís, ni porque hay que ir. Ya se habrá sospechado: vamos porque no podemos soportar las formas más solapadas de la hipocresía. Mi prima segunda, la mayor, se encarga de cerciorarse de la índole del duelo, y si es de verdad, si se llora porque llorar es lo único que les queda a esos hombres y a esas mujeres entre el olor a nardos y a café, entonces nos quedamos en casa y los acompañamos desde lejos. A lo sumo mi madre va un rato y saluda en nombre de la familia; no nos gusta interponer insolentemente nuestra vida ajena a ese dialogo con la sombra. Pero si de la pausada investigación de mi prima surge la sospecha de que en un patio cubierto o en la sala se han armado los trípodes del camelo, entonces la familia se pone sus mejores trajes, espera a que el velorio este a punto, y se va presentando de a poco pero implacablemente.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 36.0pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: 'Arial Narrow'; font-size: 13pt;"&gt;En Pacífico las cosas ocurren casi siempre en un patio con macetas y música de radio. Para estas ocasiones los vecinos condescienden a apagar las radios, y quedan solamente los jazmines y los parientes, alternándose contra las paredes. Llegamos de a uno o de a dos, saludamos a los deudos, a quienes se reconoce fácilmente porque lloran apenas ven entrar a alguien, y vamos a inclinarnos ante el difunto, escoltados por algún pariente cercano. Una o dos horas después toda la familia esta en la casa mortuoria, pero aunque los vecinos nos conocen bien, procedemos como si cada uno hubiera venido por su cuenta y apenas hablamos entre nosotros. Un método preciso ordena nuestros actos, escoge los interlocutores con quienes se departe en la cocina, bajo el naranjo, en los dormitorios, en el zaguan, y de cuando en cuando se sale a fumar al patio o a la calle, o se da una vuelta a la manzana para ventilar opiniones políticas y deportivas. No nos lleva demasiado tiempo sondear los sentimientos de los deudos más inmediatos, los vasitos de caña, el mate dulce y los Particulares livianos son el puente confidencial; antes de media noche estamos seguros, podemos actuar sin remordimientos. Por lo común mi hermana la menor se encarga de la primera escaramuza; diestramente ubicada a los pies del ataúd, se tapa los ojos con un pañuelo violeta y empieza a llorar, primero en silencio, empapando el pañuelo a un punto increíble, después con hipos y jadeos, y finalmente le acomete un ataque terrible de llanto que obliga a las vecinas a llevarla a la cama preparada para esas emergencias, darle a oler agua de azahar y consolarla, mientras otras vecinas se ocupan de los parientes cercanos bruscamente contagiados por la crisis. Durante un rato hay un amontonamiento de gente en la puerta de la capilla ardiente, preguntas y noticias en voz baja, encogimientos de hombros por parte de los vecinos. Agotados por un esfuerzo en que han debido emplearse a fondo, los deudos amenguan en sus manifestaciones, y en ese mismo momento mis tres primas segundas se largan a llorar sin afectación, sin gritos, pero tan conmovedoramente que los parientes y vecinos sienten la emulación, comprenden que no es posible quedarse así descansando mientras extraños de la otra cuadra se afligen de tal manera, y otra vez se suman a la deploración general, otra vez hay que hacer sitio en las camas, apantallar a señoras ancianas, aflojar el cinturón a viejitos convulsionados. Mis hermanos y yo esperamos por lo regular este momento para entrar en la sala mortuoria y ubicarnos junto al ataúd. Por extraño que parezca estamos realmente afligidos, jamás podemos oír llorar a nuestras hermanas sin que una congoja infinita nos llene el pecho y nos recuerde cosas de la infancia, unos campos cerca de Villa Albertina, un tranvía que chirriaba al tomar la curva en la calle General Rodríguez, en Bánfield, cosas asi, siempre tan tristes. Nos basta ver las manos cruzadas del difunto para que el llanto nos arrase de golpe, nos obligue a taparnos la cara avergonzados, y somos cinco hombres que lloran de verdad en el velorio, mientras los deudos juntan desesperadamente el aliento para igualarnos, sintiendo que cueste lo que cueste deben demostrar que el velorio es el de ellos, que solamente ellos tienen derecho a llorar así en esa casa. Pero son pocos, y mienten (eso lo sabemos por mi prima segunda la mayor, y nos da fuerzas). En vano acumulan los hipos y los desmayos, inutilmente los vecinos más solidarios los apoyan con sus consuelos y sus reflexiones, llevándolos y trayéndolos para que descansen y se reincorporen a la lucha. Mis padres y mi tío el mayor nos reemplazan ahora, hay algo que impone respeto en el dolor de estos ancianos que han venido desde la calle Humboldt, cinco cuadras contando desde la esquina, para velar al finado.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 36.0pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: 'Arial Narrow'; font-size: 13pt;"&gt;Los vecinos más coherentes empiezan a perder pie, dejan caer a los deudos, se van a la cocina a beber grapa y a comentar; algunos parientes, extenuados por una hora y media de llanto sostenido, duermen estertorosamente. Nosotros nos relevamos en orden, aunque sin dar la impresión de nada preparado; antes de las seis de la mañana somos los dueños indiscutidos del velorio, la mayoria de los vecinos se han ido a dormir a sus casas, los parientes yacen en diferentes posturas y grados de agotagamiento, el alba nace en el patio. A esa hora mis tías organizan enérgicos refrigerios en la cocina, bebemos café hirviendo, nos miramos brillantemente al cruzarnos en el zaguán o los dormitorios; tenemos algo de hormigas yendo y viniendo, frotándose las antenas al pasar. Cuando llega el coche fúnebre las disposiciones estan tomadas, mis hermanas llevan a los parientes a despedirse del finado antes del cierre del ataúd, los sostienen y confortan mientras mis primas y mis hermanos se van adelantando hasta desalojarlos, abreviar el ultimo adiós y quedarse solos junto al muerto. Rendidos, extraviados, comprendiendo vagamente pero incapaces de reaccionar, los deudos se dejan llevar y traer, beben cualquier cosa que se les acerca a los labios, y responden con vagas protestas inconsistentes a las cariñosas solicitudes de mis primas y mis hermanas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 36.0pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: 'Arial Narrow'; font-size: 13pt;"&gt;Cuando es hora de partir y la casa está llena de parientes y amigos, una organización invisible pero sin brechas decide cada movimiento, el director de la funeraria acata las órdenes de mi padre, la remoción del ataúd se hace de acuerdo con las indicaciones de mi tío el mayor. Alguna que otra vez los parientes llegados a último momento adelantan una reivindicación destemplada; los vecinos, convencidos ya de que todo es como debe ser, los miran escandalizados y los obligan a callarse. En el coche de duelo se instalan mis padres y mis tíos, mis hermanos suben al segundo, y mis primas condescienden a aceptar a alguno de los deudos en el tercero, donde se ubican envueltas en grandes pañoletas negras y moradas. El resto sube donde puede, y hay parientes que se ven precisados a llamar un taxi. Y si algunos, refrescados por el aire matinal y el largo trayecto, traman una reconquista en la necrópolis, amargo es su desengaño. Apenas llega el cajón al peristilo, mis hermanos rodean al orador designado por la familia o los amigos del difunto, y fácilmente reconocible por su cara de circunstancias y el rollito que le abulta el bolsillo del saco.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 36.0pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: 'Arial Narrow'; font-size: 13pt;"&gt;Estrechándole las manos, le empapan las solapas con sus lágrimas, lo palmean con un blando sonido de tapioca, y el orador no puede impedir que mi tío el menor suba a la tribuna y abra los discursos con una oración que es siempre un modelo de verdad y discreción. Dura tres minutos, se refiere exclusivamente al difunto, acota sus virtudes y da cuenta de sus defectos, sin quitar humanidad a nada de lo que dice; está profundamente emocionado, y a veces le cuesta terminar. Apenas ha bajado, mi hermano el mayor ocupa la tribuna y se encarga del panegírico en nombre del vecindario, mientras el vecino designado a tal efecto trata de abrirse paso entre mis primas y hermanas que lloran colgadas de su chaleco. Un gesto afable pero imperioso de mi padre moviliza al personal de la funeraria; dulcemente empieza a rodar el catafalco, y los oradores oficiales se quedan al pie de la tribuna, mirándose y estrujando los discursos en sus manos húmedas. Por lo regular no nos molestamos en acompañar al difunto hasta la bóveda o sepultura, sino que damos media vuelta y salimos todos juntos, comentando las incidencias del velorio. Desde lejos vemos cómo los parientes corren desesperadamente para agarrar alguno de los cordones del ataúd y se pelean con los vecinos que entre tanto se han posesionado de los cordones y prefieren llevarlos ellos a que los lleven los parientes. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3548118816540812343-7574488344229436610?l=labibliotecadeorem.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://labibliotecadeorem.blogspot.com/feeds/7574488344229436610/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://labibliotecadeorem.blogspot.com/2010/03/julio-cortazar-conducta-en-los-velorios.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3548118816540812343/posts/default/7574488344229436610'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3548118816540812343/posts/default/7574488344229436610'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://labibliotecadeorem.blogspot.com/2010/03/julio-cortazar-conducta-en-los-velorios.html' title='Julio Cortázar - Conducta en los velorios'/><author><name>Oscar Ramirez</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01639867369597054961</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://3.bp.blogspot.com/_pfR_MWacXOM/TK6SmX_JI5I/AAAAAAAAAnk/ZY_aPfF6Lp4/S220/Copia+de+IMG0481A.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3548118816540812343.post-8431492840565785181</id><published>2009-11-05T16:56:00.002-08:00</published><updated>2009-11-08T13:59:25.517-08:00</updated><title type='text'>JUAN CARLOS PINEDA RODRÍGUEZ – EL CIELO ES UNA PALABRA AZUL (*)</title><content type='html'>&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;El hombre como de costumbre abre los ojos despacio. Es temprano aún, pero no está en su cama. Es duro, duele. Trata de levantarse, es inútil. Reconoce el cielo, es el mismo, en cualquier lugar, el cielo es el mismo. Se oye un rumor de aguas. Abajo hay un río. Otra vez duele. Es inhóspito. Trata de ver con los dedos. Toca el piso, tantea cada centímetro que alcanza. &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;Adoquines&lt;/i&gt;, se dice. Suenan las aguas infinitas. Un coche pasa. Sigue de frente y coloca una velocidad más baja. Seguramente es muy temprano, las calles cercanas al río siempre son muy transitadas. Es temprano, pero exactamente… no, no lleva reloj. Revisa por segunda vez su muñeca derecha. Lo ha perdido. El sol no aparece aun. &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;¿Donde diablos estoy?&lt;/i&gt;, se pregunta. No logra levantarse tampoco ahora. El cielo inmutable parece un castigo. Una ráfaga de luz amarilla aparece de pronto desde un costado. Otro automóvil. Baja una marcha antes de desaparecer con su luz y su motor ligero. &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;Adelante definitivamente hay un bache o sólo tal vez una esquina,&lt;/i&gt; piensa.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;El hombre trata de levantarse por tercera vez, éste intento resulta funesto. Le duelen como nunca le hubieron dolido muchos huesos. Es una sensación horrible. Recuerda unas patadas bestiales. Se toca el vientre. El dolor ahora es superior al que sintió hace poco. Siente ganas de vomitar y vomita. Apenas puede voltear el rostro. El vómito es marrón, indicios de ron y gaseosa oscura. Trata de recordar más. El oído derecho pierde potencia. Pasa otro coche y solo es capaz de sentirlo con el oído izquierdo. Su cuerpo al parecer empieza a desarmarse, como si estuviese construido de legos color carne. El oído izquierdo se agudiza, escucha al auto bajar una velocidad antes de toparse con el obstáculo de más adelante. Cierra los ojos y despierta. Está en el mismo lugar, en realidad ha despertado hace mucho. Solo quería creer que era una pesadilla. Despierta, despierta, despierta. Solo puede mover las manos y antebrazos. Intenta con las piernas. Puede mover el pie derecho. Siente que lo está moviendo, no es capaz de levantar el cuello y verificar que lo mueve. Definitivamente no puede mover el otro pie, no siente siquiera que se mueva en su imaginación. Mueve el pie derecho al ritmo de Strauss. El cielo muta entre azules distintos, infinitos. Recuerda haber vomitado. Tiene dudas. Se convence. Si, vomitó hace poco. Nunca logró observar el color de lo que arrojaron sus entrañas. Pero supuso que era oscuro, marrón. En realidad el olor lo indujo a ésa alternativa que acabó creyendo. El olor del ron con cola oscura está grabado en la zona VIP de su cerebro. Papá era alcohólico y acababa de morir. Es cierto, se dice. Trata de recordar más. No puede. El cielo es una palabra azul. Tiene que ser así. Hay pocas nubes. El rumor del río continúa infatigable. No acrecienta ni disminuye su marcha, es como alguien conduciendo sobre una autopista tan larga como aburrida. Aparecen dos pájaros, pasaron sobre su cabeza. Trató de seguirlos, los ojos son lentos. La mano es más rápida que la vista, dicen los timadores. &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;Eran tortolitas&lt;/i&gt;, se dice, &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;ellas siempre vuelan juntas. Tristes y juntas.&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;El hombre como de costumbre intenta respirar. Pero ésta vez es diferente. Los pulmones nunca habían sonado de tal manera. Hace algunos instantes sintió algo húmedo, viscoso, justo debajo de él. Se desmayó entonces y al despertar quiso creer que era chocolate. Le duele todo. No puede levantarse. Le encanta el chocolate. Respira dificultosamente. Quizás esté empapado en su propia sangre, que ahora es viscosa. Quizás. No tiene la certeza de que sea sangre, lo supone. Tampoco tiene la certeza de estar tirado sobre una calle de adoquines, lo supone. Tampoco tiene la certeza de estar muriendo, lo supone. &lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;De lo que sí está seguro: Hay un río más abajo, el cielo es azul y las nubes se mueven más rápido de lo que siempre imaginó. También está la posibilidad de haberse quedado sordo del oído derecho, si tuviera que apostar, apostaría que está lleno de vomito, de ron con cola oscura. &lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;El hombre como de costumbre recuerda que es un hombre malo. Recorre con la mano derecha el pecho. Descubre un agujerito que rebalsa chocolate. Mentira. El río acelera de pronto, es época de lluvias, es normal que ahora aumente una o dos marchas a su ritmo habitual. Un coche más pasa,&amp;nbsp; baja un cambio y desaparece. El oído izquierdo se ha fortalecido, como si hubiese atrapado tiranamente toda la energía que al otro oído le pertenece. Tararea el Danubio Azul, el vals de los valses. Recuerda la boda de su hermana. Recuerda a su padre aparecer borracho y echarlo a perder todo, justo cuando bailaban el Danubio Azul. Recuerda comprar el veneno, en una agropecuaria. Los ambulantes siempre estafan. Recuerda verterlo en la botella descartable de dos litros, llena de cañazo. Recuerda el entierro de papá y unos cuantos vecinos. &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;En los entierros también debería sonar Strauss&lt;/i&gt; se dice.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;Recuerda la noche anterior. El sol de pronto se apaga. No, son solo las seis de la mañana. Los postes niegan su luz siempre a esa hora. Recuerda el ron con cola oscura despachado en una bolsa negra, premonitoria. Una confesión que no tuvo que ser confesada. &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;Se me escapó&lt;/i&gt;, se dice. Aparece un hombre, ebrio y llorando dice. “Tu mataste a mi viejo”. &lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;La tregua acaba, las patadas se suceden una a una. &lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;Continúan. &lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;El cielo es una palabra azul, como el Danubio ése.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0px; margin-left: 106.2pt; margin-right: 0px; margin-top: 0px; text-align: justify;"&gt;&lt;b&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-weight: normal;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0px; margin-left: 106.2pt; margin-right: 0px; margin-top: 0px; text-align: justify;"&gt;&lt;b&gt;&lt;span lang="ES-PE"&gt;(*) Juan Carlos Pineda Rodríguez&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;span lang="ES-PE"&gt;. Ha culminado la carrera profesional de Agronomía, y tienta la posibilidad de estudiar Filosofía y Humanidades.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="right" class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px; text-align: right;"&gt;&lt;span lang="ES-PE"&gt;Para contactos con el autor:&amp;nbsp;&lt;b&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;&lt;span style="color: black; text-decoration: none;"&gt;&lt;a href="mailto:citus_orgius@hotmail.com"&gt;citus_orgius@hotmail.com&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="right" class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px; text-align: right;"&gt;&lt;b&gt;&lt;br /&gt;&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="right" class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px; text-align: right;"&gt;&lt;b&gt;&lt;br /&gt;&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3548118816540812343-8431492840565785181?l=labibliotecadeorem.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://labibliotecadeorem.blogspot.com/feeds/8431492840565785181/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://labibliotecadeorem.blogspot.com/2009/11/juan-carlos-pineda-rodriguez-el-cielo.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3548118816540812343/posts/default/8431492840565785181'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3548118816540812343/posts/default/8431492840565785181'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://labibliotecadeorem.blogspot.com/2009/11/juan-carlos-pineda-rodriguez-el-cielo.html' title='JUAN CARLOS PINEDA RODRÍGUEZ – EL CIELO ES UNA PALABRA AZUL (*)'/><author><name>Oscar Ramirez</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01639867369597054961</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://3.bp.blogspot.com/_pfR_MWacXOM/TK6SmX_JI5I/AAAAAAAAAnk/ZY_aPfF6Lp4/S220/Copia+de+IMG0481A.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3548118816540812343.post-271507337617700107</id><published>2009-11-05T16:56:00.000-08:00</published><updated>2009-11-05T16:56:00.223-08:00</updated><title type='text'>HOWARD VARAS ARTEAGA – LA AURORA (*)</title><content type='html'>&lt;div class="ecxmsonormal" style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;Desperté con un fuerte dolor de cabeza y con la extraña sensación de que mi cuerpo había perdido la gravedad y la fuerza que antes la tierra ejercía sobre mí. Por todos lados había resplandores agradables y fastuosos, y en el lugar donde me hallaba no se oía lamentaciones ni ruidos desesperantes. Aquella ciudad, estaba habitada por personas silenciosas; los hombres deambulaban enfrascados en sus propios pensamientos y todos los miedos que sus pobres corazones podrían albergar,&amp;nbsp; todos vestían con trajes únicos y unánimes, sus batas eran tan blancas como el algodón y yo me sentía aterrada porque todos me hacían caso omiso, como si no advirtieran mi presencia. Luego me percaté que ninguno se dejaba ver los pies, sus andares eran levitaciones. Mientras los contemplaba estupefacta,&amp;nbsp; sentada en la banca de un inmenso parque, que era dueño de grandes arboles, los cuales meneaban sus ramas al ritmo del viento, que por cierto soplaba cada vez&amp;nbsp; más, no podía dar crédito a la clarividencia que mis ojos atestiguaban. En un primer instante, creí que estaba siendo protagonista de uno de mis cotidianos y habituales&amp;nbsp; sueños. Era raro estar allí, me sentía sola, confundida, quería despertar de una buena vez, extrañaba a mis seres queridos, quienes vivían en Trujillo, mi ciudad natal, que tantas veces me vio crecer (y decrecer). Mientras avanzaba a paso lento, caminando hacia cualquier lugar, la piel se me escarapelaba por la humedad de la llovizna que empezaba a caer, me encogí de brazos y mis cabellos se revolvieron por el&amp;nbsp; ímpetu del silbido del viento. Mas allá, vi a dos niños jugar, persiguiéndose el uno con el otro, no tendrían más de 5 años y a juzgar por las facciones de sus rostros, parecían ser de algún pueblo de los andes del Perú. Les saludé con un ademán con la mano y al parecer me vieron físicamente porque se inmutaron y se detuvieron. Me les acerqué un poco, con un gesto amistoso, y cuando sentí que sus miradas no eran desconfiadas, les pregunté cómo se llama este pueblo. No sabría reproducir&amp;nbsp; lo que me dieron por respuesta, pues no los entendí, su lenguaje verbal era un idioma rarísimo, nunca antes en mi vida había escuchado aquel dialecto. Mientras les agradecía de todos modos y me disponía para marcharme, uno de ellos, el más pequeñín, se me acercó y me obsequió una manzana roja, increíblemente fulgurosa. Pensé unos segundos qué cosa decirle, pero caí en la cuenta de que, fuese lo que fuese lo que les haya dicho, ellos jamás&amp;nbsp; me habrían comprendido, así que me marché sin decir absolutamente nada.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="ecxmsonormal" style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;El cielo estaba teñido de azul y poblado por ciertas nubes viajeras.&amp;nbsp; Era ya tarde y el sol estaba ocultándose a lo lejos, en los brazos del horizonte, anunciando que pronto nos invadiría la noche. Y efectivamente, la noche nació, pero ésta noche era extraña, era más oscura que antes, como cuando me encontraba en Trujillo. No distinguía completamente nada,&amp;nbsp; y el pensar que me encontraba sola en aquella banca, temblando como una hoja, me inundó un pavor terrible hasta el punto de querer llorar, sin embargo me contuve, porque descubrí que tampoco podía concederle a mis ojos la dicha de derramar esos diminutos riachuelos de aguas saladas&amp;nbsp; que son las lágrimas. ¿Qué diablos me había ocurrido para haber llegado de pronto&amp;nbsp; a estas tierras lejanas y&amp;nbsp; haber olvidado el camino de regreso a casa? Por más que me profundice en mis cavilaciones no llegué a responderme a mi misma siquiera. Esta ciudad no tenía luz eléctrica y luego&amp;nbsp;&amp;nbsp; concluí de que por esta razón, quizás, la noche me parecía más negra. Tuve la ínfima esperanza de que mañana, al alborear, los rayos del sol impacten en mi cara y me despierten de esta pesadilla que estaba viviendo, así que intenté relajar mis músculos y sin más abrigo que mis propios brazos y sin más colchón que una dura banca de madera, apreté los ojos fuertemente y me puse a contar ovejas en mi mente hasta lograr conciliar el sueño.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="ecxmsonormal" style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;Desperté al día siguiente muy temprano y cuando abrí los ojos di un respingo virulento. Y no era para menos, me encontraba desnuda, y todo a mí alrededor era de color blanco, de un blanco incomparable, como si todo el lugar estuviese cubierto por una intensa neblina. Ahora si estaba aterrada, mi estado existencial no se trataba de alguna pesadilla impertinente, todo era real, todo lo que veía y sentía era mi maldita realidad. Tuve deseos de gritar, de expulsar toda la angustia que tenía empozada en el pecho, de salir de mí misma, de correr con todas mis fuerzas, no me gustaba nada esta situación y empezaba a preocuparme bastante por mi familia y mi novio que dejé en Trujillo. Me daba golpes con la mano en la cabeza para tratar de recordar sus rostros y sus nombres, pero era en vano. Todos los recuerdos que tenía de ellos, eran borrosos, como fotografías viejas cubiertas por humo, predispuestos como por una intuición natural e innata que me inducia a quererlos y a extrañarlos con toda el alma. Pero qué embrollada estaba, ni siquiera podía llorar para desahogarme. Me pregunté en una reflexión sombría qué será de mi vida de ahora en adelante si permanezco habitando&amp;nbsp; estas tierras donde misteriosamente no me siento una forastera, sino más bien como que ya esperaba residir en este nuevo mundo. Sensaciones enigmáticas me asaltaban, sentimientos nunca experimentados, sentimientos antiguos y nuevos se mezclaban y me recorrían el cuerpo y me producían una paz meliflua, pero efímera, pero gozosa al fin y al cabo. Durante el transcurso del día, que por cierto era más extenso que lo normal, me alimentaba de frutas frescas que encontraba en el camino; y al cabo del tercer día, me di cuenta inefablemente que ya no tenía necesidad de ir al baño a excretar. &lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="ecxmsonormal" style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;Al día siguiente, a la hora del crepúsculo, mientras las personas seguían ignorándome, no sé si a propósito o si porque realmente no me veían y yo era tan solo para ellos un espectro, luego de tanto andar, llegué al horizonte azul, que era como una&amp;nbsp; gigantesca línea que partía en dos mitades el planeta. Me asomé a mirar con curiosidad qué había más allá de esa raya inmensa y, cuando me detuve en la cornisa, observé con una horrenda excitación de espanto un universo de pueblos donde habitaban criaturas de todas las especies. Mis ojos casi se me salen de la cara al contemplar dicho espectáculo. Esto si&amp;nbsp; que era verdaderamente increíble: descubrí que yo habitaba el cielo, pero que encima de mí también había nuevos cielos, porque evidentemente bastaba alzar la mirada para cerciorarme de esto último. ¿Cuántos cielos existen entonces?, me inquirí y por más que lo intenté no me respondí racionalmente. Debajo de mi mirada se extendían múltiples civilizaciones, edificadas por monumentos arquitectónicos geniales. En un minuto viaje por Europa, EE.UU, África, y parte del Asia, recorrí los lugares más esplendidos que el hombre haya creado. Nuevamente todo me parecía como un (¿horrible o hermoso?) sueño. Aunque a decir verdad, ya no estaba segura de cómo calificar mi sueño, si esto fuera sueño, porque a mi me parecía&amp;nbsp; todo ficción pero real. Era como estar de pie sobre El Gran Cañón y observar el mundo bajo las plantas de los pies. Me puse a buscar como loca mi país, después mi ciudad norteña, esa que de pequeña me veía bailar la marinera y hacer tantas travesuras y barrabasadas. Me costó trabajo ubicar Trujillo, porque desde los cielos todo se ve diferente; los hombres parecen pequeñas hormigas; las grandes casonas coloniales, castillos de naipes; los aviones, los automóviles, las guerras; juegos de algún ser supremo. Entonces, busqué la localidad de mi casa, donde crecí en compañía de mis padres y hermanos. Era como recorrer por un gigantesco mapa de mi ex ciudad. Ahí estaban ellos, era de mañana en la tierra, y vi a mis hermanos menores y mi padre y mi madre vestidos de negro. Más allá, personas que no conocía, todos con el semblante compungido, una aglomeración de gentes, al parecer amigos de mi familia. Luego vi una caja colosal que parecía un féretro, con flores alrededor en la sala de la que alguna vez fue mi hogar. Mi madre lloraba desconsolada abrazando a mi hermana menor, y mi hermano en otro lado con la cara seria y con una expresión un tanto boba. Me pregunté de qué se trataba el asunto, qué estaría ocurriendo en mi ausencia, porqué no se preocupaban por mi desaparición. Luego de una profunda deliberación, llegué al convencimiento de que alguien se había muerto y por eso me habían obviado. Entonces centré mi atención en ese cajón donde seguramente yacía un cadáver, esperé a que alguien tuviera la osadía de abrirlo para poder mirarle el rostro y ver si se me hacia conocido. Pero nadie quería saludar al muerto de cerca, todos se ensimismaban en su tristeza y tenían la mirada perdida, es decir los más ecuánimes, porque también he de manifestar que hubo alguno que otro sujeto que estaba en&amp;nbsp; absoluto estado&amp;nbsp; de nervios y lloraba dando alaridos y sufría desmayos y sincopes constantes. Hasta que al fin, mi padre, haciendo acopio de todo su valor, destapó el cajón y le limpió&amp;nbsp; con un pañuelo blanco el rostro y las manos de la persona que había fenecido. Entonces vi de quien se trataba, nada más y nada menos que de mí misma, yo estaba tendida en medio de aquel cajón para muertos, y mi mirada estaba muy dormida y solemne, estaba pálida, qué fea me veía, qué lívida y delgada. Entonces empecé a comprender tantas cosas. Me dio tanta pena que es imposible narrarlo aquí, mi madre estaba abatida, decía: Clarita se murió, mi hija se murió, Dios mío, por qué permites esto. Yo le respondí vociferando que no estaba muerta, que sigo viva, que estoy muerta pero viva y que ya no llore. Pero nadie me oía. Entonces me lancé hacia ese abismo que era la vida terrenal para reingresar en mi cuerpo y esfumarles la depresión a todos los que me rodeaban abajo, pero automáticamente, mientras viajaba en el aire, mi cuerpo flotó, y ascendió con voluntad impropia hacia los cielos y entonces aprendí a levitar.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-left: 106.2pt; text-align: justify;"&gt;&lt;b style="mso-bidi-font-weight: normal;"&gt;(*) Howard Varas Arteaga &lt;/b&gt;(Trujillo, 1988). Actualmente estudia derecho en &lt;st1:personname productid="la Universidad Los" w:st="on"&gt;la  Universidad Los&lt;/st1:personname&gt; Ángeles de Chimbote. (ULADECH). En agosto del 2008, fue finalista de un concurso de micro-relatos en España. Ha publicado la novela &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;Necesito un abrazo o un balazo&lt;/i&gt; (Ediciones OREM, 2009). &lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-right: -18.0pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="right" class="MsoNormal" style="text-align: right;"&gt;Para contactos con el escritor: &lt;a href="http://www.blogger.com/goog_1257468733610"&gt;&lt;b&gt;http://&lt;/b&gt;&lt;/a&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: green; font-family: arial, sans-serif; font-size: small;"&gt;&lt;a href="http://memoriasdunmosquito.blogspot.com/"&gt;&lt;b&gt;memoriasdunmosquito.blogspot.co&lt;/b&gt;&lt;b&gt;m&lt;/b&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="right" class="MsoNormal" style="text-align: right;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="right" class="MsoNormal" style="text-align: right;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="right" class="MsoNormal" style="text-align: right;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3548118816540812343-271507337617700107?l=labibliotecadeorem.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://labibliotecadeorem.blogspot.com/feeds/271507337617700107/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://labibliotecadeorem.blogspot.com/2009/11/howard-varas-arteaga-la-aurora.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3548118816540812343/posts/default/271507337617700107'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3548118816540812343/posts/default/271507337617700107'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://labibliotecadeorem.blogspot.com/2009/11/howard-varas-arteaga-la-aurora.html' title='HOWARD VARAS ARTEAGA – LA AURORA (*)'/><author><name>Oscar Ramirez</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01639867369597054961</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://3.bp.blogspot.com/_pfR_MWacXOM/TK6SmX_JI5I/AAAAAAAAAnk/ZY_aPfF6Lp4/S220/Copia+de+IMG0481A.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3548118816540812343.post-138463279461262627</id><published>2009-11-04T12:24:00.000-08:00</published><updated>2009-11-04T12:24:21.990-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Catástasis 2009'/><title type='text'>TANIA ALVINO – POR UN BESO (*)</title><content type='html'>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_pfR_MWacXOM/SvHiwDa8S3I/AAAAAAAAASg/jXm92micKYE/s1600-h/08+por+un+beso+1.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" src="http://4.bp.blogspot.com/_pfR_MWacXOM/SvHiwDa8S3I/AAAAAAAAASg/jXm92micKYE/s320/08+por+un+beso+1.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Desde pequeña fue solitaria y callada, eran contadas las veces que se le vio durante jugar con niños de su edad. Siempre llevaba entre brazos una muñeca de ojos melancólicos, Diana, de cabello lacio y negro; llamaba mucho la atención, pues aquella muñeca tenía una expresión triste, parecía ser el propio reflejo de su pequeña dueña. &lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Con el paso de los años, Lilia, al igual que el resto de niños del pueblo, fue creciendo. En escasas ocasiones se le podía ver caminando, siempre cerca del muelle y justo en aquellos días en el que el frío cruel le helaba a uno hasta los nervios.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Pronto las calles de aquel pueblito costeño fueron inundadas por adolescentes alegres y risueños. Las carcajadas y el fuerte ruido de la música se hicieron costumbre en los fines de semana, como también las reuniones noctámbulas que se daban en el parque, frente de la iglesia: las conversaciones en voz alta, las bromas, los cánticos de las jovencitas, todo esto reflejaba vitalidad, pero Lilia nunca estaba presente. Aún en la escuela, a pesar de ser una alumna de un buen promedio, trataba de mantenerse escondida, le tenía miedo a la gente, miedo de estar entre todos ellos. &lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Una noche mientras hacía su habitual paseo por el muelle, divisó en la orilla del mar una extraña figura; se acercó más para poder observar, su corazón comenzó a latir fuertemente, no quería saber quién era el que estaba ahí o a qué pertenecía aquella sombra que comenzaba a flotar entre las aguas; sintió una mezcla de miedo y satisfacción, sus piernas se adormecieron y solo caminaban, caminaban en dirección al mar, ¿acaso encontraría alguna respuesta a sus dudas? Sus miedos se fueron convirtiendo en ansias, en deseo de descubrir lo que fuere. Una voz en el fondo le decía que la estaba esperando, que había venido por ella. Entró en las aguas detrás de esa sombra que flotaba, que parecía llamarla. Cada vez estaba más hondo, el agua era helada, sentía como si mil espadas de hielo atravesaran su cuerpo. Cuando abrió los ojos, un rostro estaba en frente de ella. Su corazón moribundo comenzó a resucitar y a bombear rápidamente; aquel rostro tenía los ojos grandes, los labios delgados, la nariz espigada, el cabello largo y enmarañado. Lilia no podía hablar, sólo observaba: nunca había estado tan cerca de un hombre. Él no dijo nada y la dejó ahí en la arena, luego se volvió, y se fue caminando lentamente hacia el pueblo. &lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;En lo que quedaba de aquella noche, Lilia no pudo dormir. Sólo trataba de recordar lo que había pasado, la sombra que vino por ella se fue sin esperarla. ¿Y quién era el muchacho que la sacó del mar? Al recordar su rostro, su piel se escarapeló. Aún dando vueltas en su cama recordó aquellos ojos grandes y el cabello enmarañado que caía sobre ellos. No tenía miedo, quería revivir una y otra vez aquel momento, volver a verlo desaparecer entre la niebla.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;En los siguientes días, tuvo sueños muy extraños, veía la sombra que flotaba sobre el mar esperando por ella, la cogía de las manos y se la llevaba hacia el fondo del mar; luego eran los ojos del muchacho los que la observaban, era él quién había venido por ella. Repentinamente todo desaparecía y, sentada en la arena, una voz la llamaba: Lilia, Lilia, mi querida Lilia… &lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Semanas después, cuando estaba caminando por el patio de la escuela, sintió que alguien la miraba. Lilia volteó e intentó encontrar los ojos grandes que la habían llevado al borde del delirio, durante el círculo vicioso de sueños que había tenido luego de ver la sombra en el mar, pero ya no estaba. &lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Cuando salió de clase y se dirigía a casa por aquel largo y desolado camino, sintió un extraño frío recorriéndole el cuerpo en un instante: otra vez esa mirada, la podía sentir. Detuvo su paso, alguien estaba detrás de ella, era el chico, aquel chico de los ojos grandes. Volteó tan lentamente que durante ese largo tiempo recordó lo de aquella noche en el mar y los sueños interminables. Cuando volvió en sí, ahí estaba, parado debajo de un gran árbol al lado del camino. Dio un paso y frente a él, volvió a mirar sus ojos grandes, negros, infinitos, su piel era blanca como la luna y estaba vestido de negro. Le sonrió. &lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-PE" style="mso-ansi-language: ES-PE;"&gt;—&lt;/span&gt;Lilia... &lt;span lang="ES-PE" style="mso-ansi-language: ES-PE;"&gt;—&lt;/span&gt;le dijo&lt;span lang="ES-PE" style="mso-ansi-language: ES-PE;"&gt;—. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-PE" style="mso-ansi-language: ES-PE;"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Era&lt;/span&gt; la misma voz que la llamaba en los sueños. Él la tomó de la mano, Lilia sentía quemarse, le gustaba, hasta ahora ella no había dicho ni una sola palabra, no podía hacerlo, sólo quería observar sus ojos y esa sonrisa que la hipnotizaban.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;De pronto el ruido de chicos que regresaban a sus casas, alborotando todo a su paso, hizo que Lilia se desconcentrara. Ellos sólo pasaron de largo murmurando cosas, seguro las mismas que se decían siempre de ella. Cuando volvió a buscar al chico de los ojos infinitos, ya no estaba, otra vez se había ido. Lilia sintió un vacío y las ganas locas de morir. Caminó y caminó sin destino, dibujó en su mente aquel rostro perfecto y escuchó una y otra vez aquella voz diciendo: Lilia, Lilia… Lilia.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Llegó a casa luego de un par de horas, sólo se preguntaba ¿cuándo volvería a verlo? Lo extrañaba, sí, lo necesitaba. &lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Sus deseos se vieron complacidos cuando entró en su habitación y al lado de su cama estaba él, más pálido, pero más bello que antes: la estaba esperando.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-PE" style="mso-ansi-language: ES-PE;"&gt;—&lt;/span&gt;Lilia… &lt;span lang="ES-PE" style="mso-ansi-language: ES-PE;"&gt;—&lt;/span&gt;le dijo, mirándola con esos ojos profundos&lt;span lang="ES-PE" style="mso-ansi-language: ES-PE;"&gt;—, &lt;/span&gt;tardaste en volver a mí, ¿has pensado en por qué he venido?&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-PE" style="mso-ansi-language: ES-PE;"&gt;—&lt;/span&gt;Uriel.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Su sorpresa fue grande porque hasta ese momento ella no sabía su nombre, y ahora, de pronto, lo sabía… al parecer, siempre lo supo.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Uriel volvió a sonreír.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-PE" style="mso-ansi-language: ES-PE;"&gt;—&lt;/span&gt;Pensé llevarte conmigo el día en que me conociste, luego te busqué en tus sueños y aún así tuviste dudas. He estado siempre a tu lado, aquellas noches en las que sólo querías morir, en esas noches en las que te aferrabas a la vida y llorabas buscando respuestas. Comprendí tus miedos, fui parte de tu soledad. Yo soy lo que tú has esperado, yo soy tu respuesta… ahora ven conmigo.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Lilia abrazó a Uriel, lo amaba, iría a donde sea, no lo dejaría ir. Sabía lo que tenía que hacer, Uriel merecía cualquier sacrificio, era su dueño y lo seguiría a su mundo.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Salió de su habitación y se dirigió hacia el balcón. Era de noche, la luz de la luna reflejaba la figura de Uriel que la esperaba afuera. Lilia desató las cortinas y utilizó un extremo de la cuerda para amarrarlo a una de las barras de madera, aquel balcón sería el portal para llevarla al lado de Uriel: el otro extremo de la cuerda estaba fuertemente anudado. &lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;No lo pensó dos veces, ya estaba subida en el borde del balcón con los brazos extendidos, deseando sólo estar con Uriel, deseando un beso. Por un beso dejaría aquella vida de miedos, decepciones y dolor. &lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Estaba cayendo, cayendo hondo, cada vez más hondo, ya no necesitaba respirar, no había dolor.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Uriel sonreía, estaría con él siempre. Tomó sus manos, por fin lo besaría; pero volvió a caer otra vez hondo y más vacío, ¿algo salió mal?, trató de alcanzarlo de nuevo, se aferró a sus manos, pero volvió a caer.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;No fue fácil como lo creyó Lilia, mil preguntas volvieron a surgir durante sus caídas mortales: ¿seguiría sufriendo? Por un beso, Lilia estaba condenada a caer eternamente y Uriel estaría esperando el momento en que acabara para llevársela lejos, tal vez, a su mundo.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-left: 106.2pt; text-align: justify;"&gt;&lt;b style="mso-bidi-font-weight: normal;"&gt;&lt;span style="mso-fareast-font-family: &amp;quot;Arial Unicode MS&amp;quot;;"&gt;(*) Tania Alvino &lt;/span&gt;&lt;/b&gt;[Lima, 1986]&lt;b style="mso-bidi-font-weight: normal;"&gt;&lt;span style="mso-fareast-font-family: &amp;quot;Arial Unicode MS&amp;quot;;"&gt;, &lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;span style="mso-fareast-font-family: &amp;quot;Arial Unicode MS&amp;quot;;"&gt;seudónimo de Tania del Rocío Alvino Córdova&lt;b style="mso-bidi-font-weight: normal;"&gt;. &lt;/b&gt;A la edad de 5 años viaja a la ciudad de Chiclayo, donde reside hasta la fecha. A los 14 años, comienza a escribir poemas, y a los 18 años, relatos cortos. &lt;/span&gt;En el 2006 se publicaron algunos de sus trabajos en el Fanzine: “Ceterni” de Lambayeque. En marzo de 2007, participó de un recital poético femenino: “Gota de Luna”, organizado por “Diantre, Arte y Cultura” en la ciudad de Chiclayo. En Octubre del 2007 es nuevamente invitada por “Diantre, Arte y Cultura” a participar en el recital “Giralunas” y del poemario del mismo nombre presentado en el INC de Chiclayo. &lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-right: 65.2pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-right: 47.2pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="right" class="MsoNormal" style="text-align: right;"&gt;Para contactos con la autora: &lt;b&gt;&lt;span style="color: windowtext; text-decoration: none; text-underline: none;"&gt;&lt;a href="mailto:tanyalvino@hotmail.com"&gt;tanyalvino@hotmail.com&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="right" class="MsoNormal" style="text-align: right;"&gt;&lt;b&gt;&lt;span style="color: windowtext; text-decoration: none; text-underline: none;"&gt;&lt;a href="http://llantosysonrisas.blogspot.com/"&gt;http://llantosysonrisas.blogspot.com&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="right" class="MsoNormal" style="text-align: right;"&gt;&lt;b&gt;&lt;br /&gt;&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="right" class="MsoNormal" style="text-align: right;"&gt;&lt;b&gt;&lt;br /&gt;&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="right" class="MsoNormal" style="text-align: right;"&gt;&lt;b&gt;&lt;br /&gt;&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3548118816540812343-138463279461262627?l=labibliotecadeorem.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://labibliotecadeorem.blogspot.com/feeds/138463279461262627/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://labibliotecadeorem.blogspot.com/2009/11/tania-alvino-por-un-beso.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3548118816540812343/posts/default/138463279461262627'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3548118816540812343/posts/default/138463279461262627'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://labibliotecadeorem.blogspot.com/2009/11/tania-alvino-por-un-beso.html' title='TANIA ALVINO – POR UN BESO (*)'/><author><name>Oscar Ramirez</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01639867369597054961</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://3.bp.blogspot.com/_pfR_MWacXOM/TK6SmX_JI5I/AAAAAAAAAnk/ZY_aPfF6Lp4/S220/Copia+de+IMG0481A.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_pfR_MWacXOM/SvHiwDa8S3I/AAAAAAAAASg/jXm92micKYE/s72-c/08+por+un+beso+1.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3548118816540812343.post-2585616406641339168</id><published>2009-11-04T12:23:00.000-08:00</published><updated>2009-11-04T12:23:03.774-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Catástasis 2009'/><title type='text'>JORGE TORRES SÁNCHEZ – INVENTADA (*)</title><content type='html'>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_pfR_MWacXOM/SvHieB3m38I/AAAAAAAAASY/RRAAoiw_YUY/s1600-h/07+inventada+1.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" src="http://2.bp.blogspot.com/_pfR_MWacXOM/SvHieB3m38I/AAAAAAAAASY/RRAAoiw_YUY/s320/07+inventada+1.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Por qué hueles a desmemoriada y a poesía líquida, a lugar espantoso de señales que se encogen, que se quiebran con un beso; el otrora lugar de mis deseos se ha despertado maquinalmente y te ha visto recorrer mi cuerpo indefenso con los dedos. Como quien mata un animal dormido con las manos desnudas. (Así debo empezar, pero nada).&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;NADA, eso ha sido un desenfreno, no estoy loca (tengo que repetirme eso), para escribirte tonterías, o quizá sí. Quizá sea sólo eso una nueva forma de lucidez.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;La mujer salió a las 6 de tarde de la casa, lo hacía sin tomarse la molestia de pensar en los actos, sin hacer uso de un teléfono para preguntar si estaría, no le importaba nada, avanzó hasta la mitad de la calle y se detuvo para mirar un auto pasar, en ese momento la noche empezaba, el ruido de los autos le llegaban hasta los ojos, unos ojos llorosos y grandes, el color era imperceptible. La mujer siguió caminando hasta la esquina próxima y otra vez se detuvo. Imaginó si lo que se vendría sería de su agrado, si algún reflejo podría devolverla, pero nada, dos autos pasaron demasiado rápido, ahora está ahí, clavada, como un poste de luz o de teléfono, en plena esquina, algunas personas que cruzaban la vieron, luego dejaron de pasar.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Lo he dejado para siempre, es lo que me repito: siempre… pero vuelvo, caigo, reincido, me desespero agitada y tomo el teléfono para llamar. Otra vez ahí, parada y esperando, de la izquierda a la derecha, es de noche, me da la &lt;i&gt;noica&lt;/i&gt; y simplemente: caigo, otra vez.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Entonces decido dejarla una, dos, treinta y tres veces, sí, son más, claro que son más, por supuesto que son más.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Hola, hola, hola, cien holas de todos lados, todos me caen mal, un día acabaré con éstos estúpidos; mira que decirme loca, eso no se lo permito a nadie. &lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Avanzó lenta pero decisiva, sus ojos seguían siendo los mismos, la mano derecha buscó algo en el bolsillo del pantalón; un papel, un número, un nombre. Una mujer o un hombre?, eso era inexacto, en su rostro parecía asomar las fauces un recuerdo triste, un recuerdo negro, pero no se detuvo, afuera de ella un mundo seguía revolucionando. La noche era una adolescente, y ni una estrella, ni la luna se maquillaba en su infinito rostro de ébano.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Locos son ellos, y quiénes son ellos, quiénes multiplicados por... entonces estoy con ganas, me voy al baño, una porquería. Cuándo cambiará esto, siempre deja regalitos; es ella otra vez. Lo sé por la manera que ha ocurrido todo, por ese recuerdo nauseabundo, ese sonido pasado de zapatillas viejas. Por qué lo hace, la odio cuando hace eso, un día de estos también voy a desaparecerla. &lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Caminó hasta donde se encuentran la avenida Larco y &lt;st1:personname productid="la Espa￱a. Se" w:st="on"&gt;la  España. Se&lt;/st1:personname&gt; detuvo. Las luces eran ahora autos, la mujer empezó a llorar. Una lágrima que huía de su rostro fue a dar al asfalto, se vio libre y también fue luz. El número del papel y el nombre se le fueron como el sonido del último beso recibido. &lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Julia, han gritado desde el fondo, Julia un millón de veces, ese es mi nombre, he repetido yo tantas veces, tengo que salir para no escuchar la voz, no puedo llamar, porque es el final; es de día. Todo va a terminar, otra vez la &lt;i&gt;noica&lt;/i&gt;, es ella entonces, es ella la que grita, quizá sea en el baño, ¿dejará otra vez? No, debe estar en otro lado.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Avanzó por toda &lt;st1:personname productid="la Espa￱a" w:st="on"&gt;la España&lt;/st1:personname&gt;, la recorrió maquinalmente, la noche ya era vieja, era intensa. Se detuvo en Pizarro, buscó el papel, como quien busca la felicidad. No los halló, su mano perdida en su bolsillo trasero no quiso salir, recordó un número, el nombre pasó casi rozándola, las miradas se aparearon terminando en una sonrisa oculta, en aquella sonrisa fría que la venía siguiendo desde que salió. Su mano al fin pudo liberarse del bolsillo, al buscar el nombre, nacía el rosicler.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;No había tiempo más, era hora de volver a &lt;st1:personname productid="la H￺sares" w:st="on"&gt;la Húsares&lt;/st1:personname&gt;, regresar.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Se sintió en medio de una orfandad, pocas luces gritaban, los párpados cayeron hasta que los ojos se hicieron alegres. Está ahí, afuera de la casa, el número en la pared, el nombre en la ciudad. Se ha vuelto loca dijo alguien que pasaba. Ella lo escuchó y entró.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;La nostalgia me ha martillado el corazón, y sólo quiero esperar la noche para volver, para recaer, para reincidir.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;La primera vez que la vi, me pareció extraña, no tuve miedo, se parece mucho a mí, ya me habían advertido de esto, inventar-llamar y se acabó, la secuela es dolorosa-pérdida, pero me-nos gusta, el único problema es que no sé si soy yo-ella la inventada o es ella-yo, es de muy fácil confusión. Es de noche, debemos estar llamando-caminando. Me ha-he puesto a escribir.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-left: 106.2pt; text-align: justify;"&gt;&lt;b style="mso-bidi-font-weight: normal;"&gt;(*) Jorge Torres Sánchez &lt;/b&gt;[Pisco, 1984]&lt;b style="mso-bidi-font-weight: normal;"&gt;.&lt;/b&gt; Negro Literario. Colabora con los guiones de &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;Huáscar Producciones&lt;/i&gt;. Actualmente estudia Ingeniería Electrónica en la universidad privada Antenor Orrego. Ha publicado &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;"&lt;st1:metricconverter productid="533”" w:st="on"&gt;533”&lt;/st1:metricconverter&gt;&lt;/i&gt; (Narrativa Breve. Editorial Alternativa OREM. 2008), y participado en el “híbrido” &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;TV-OUT&lt;/i&gt; (Editorial Alternativa OREM. 2009).&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-right: 47.2pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-right: 47.2pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="right" class="MsoNormal" style="text-align: right;"&gt;Para contactos con el autor:&amp;nbsp;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-weight: bold;"&gt;&lt;a href="http://otrallegada.blogspot.com/"&gt;http://otrallegada.blogspot.com&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="right" class="MsoNormal" style="text-align: right;"&gt;&lt;b&gt;&lt;br /&gt;&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="right" class="MsoNormal" style="text-align: right;"&gt;&lt;b&gt;&lt;br /&gt;&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="right" class="MsoNormal" style="text-align: right;"&gt;&lt;b&gt;&lt;br /&gt;&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3548118816540812343-2585616406641339168?l=labibliotecadeorem.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://labibliotecadeorem.blogspot.com/feeds/2585616406641339168/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://labibliotecadeorem.blogspot.com/2009/11/jorge-torres-sanchez-inventada.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3548118816540812343/posts/default/2585616406641339168'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3548118816540812343/posts/default/2585616406641339168'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://labibliotecadeorem.blogspot.com/2009/11/jorge-torres-sanchez-inventada.html' title='JORGE TORRES SÁNCHEZ – INVENTADA (*)'/><author><name>Oscar Ramirez</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01639867369597054961</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://3.bp.blogspot.com/_pfR_MWacXOM/TK6SmX_JI5I/AAAAAAAAAnk/ZY_aPfF6Lp4/S220/Copia+de+IMG0481A.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_pfR_MWacXOM/SvHieB3m38I/AAAAAAAAASY/RRAAoiw_YUY/s72-c/07+inventada+1.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3548118816540812343.post-8123539674307767284</id><published>2009-11-04T12:21:00.000-08:00</published><updated>2009-11-04T12:21:53.280-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Catástasis 2009'/><title type='text'>PERCY LUBER IPANAQUÉ NAVARRO – LA COMPETENCIA (*)</title><content type='html'>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_pfR_MWacXOM/SvHiKp3uu-I/AAAAAAAAASQ/TeG8PfhTujg/s1600-h/06+competencia.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" src="http://4.bp.blogspot.com/_pfR_MWacXOM/SvHiKp3uu-I/AAAAAAAAASQ/TeG8PfhTujg/s320/06+competencia.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Estás jodido Moquito, te has jodido. Todo por tenerle ganas a esa morena piel de seda. Así es como ahora le dices al oído, “¡Piel de seda, piel de seda, piel de seda!”. El río corre tranquilo en tu delante. Los árboles te esconden de la mirada de cualquier curioso. Sólo son testigos “Los Tigres”. Piel de seda y mua mua mua le das de besos, Moquito.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;“Cachorro”, te dice el negro Palomino enseñándote sus muelas blancas que se notan en su cara de gorila. Ahora ya no eres más Moquito el palomilla de la clase, el goleador del fulbito, el pendejerete que a la hora del recreo se escondía en el baño de mujeres para ver orinar a las profes del colegio.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Así la conociste, cuerpo de muñeca, sí, piel de seda, morena, nalgas redonditas y cara de caballo y mua mua mua… pero qué importaba su carita de caballo, te habías dicho con ternura, ya templado, colgado en la ventana del baño, hasta que debías entrar a tu primera clase de Historia del Perú, curso aburridísimo. Hasta llegaste a creer que el destino los había unido cuando la viste entrar al aula meneando sus caderas y te enteraste que ella estaría a cargo del curso. Pues qué te importaban las clases de matemática con la profe “Repollito”, vieja nalgas feas, ¿acaso&lt;span style="mso-spacerun: yes;"&gt;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;también no la habías visto orinando?, y mua mua mua sientes sus labios de tu profe Elena en tus labios nuevamente, Moquito.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Ese mismo día, a la hora del recreo había fulbito, tú&lt;span style="mso-spacerun: yes;"&gt;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;jugabas en el equipo de “Los Tigres”, junto al chato Coqui, el negro Palomino, &lt;st1:personname productid="La M￳nica Yarlequ￩" w:st="on"&gt;&lt;st1:personname productid="La M￳nica" w:st="on"&gt;La Mónica&lt;/st1:personname&gt; Yarlequé&lt;/st1:personname&gt;, el torcido Prieto y el borrao Rubio. Todo el partido pensaste en Elena, tu profe de Historia, hasta que después de golear a “Los Cachorros”, grupo de maricas, sonó la campana y regresaron a la clase de química con tu profe el loco Eloy Gonzáles, “aborto de cuy borracho”, le decían.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Ese mismo día a la salida del colegio quedaron en encontrarse una hora más tarde el grupo de “Los Tigres”. Tú que eras el jefe habías decidido que era hora de probar cada uno su hombría. Y el que perdía, es decir el que la daba más lejos de la línea de meta, tenía que aceptar las órdenes del tigre que ganaba y que sería el nuevo líder del grupo. Y esta vez tú competías con el negro Palomino.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Se reunieron en la casa del borrao Rubio. Primero llegó el negro Palomino, recontra segurísimo de sí mismo y que tenía fama de tenerla bien grandaza. Minutos después llegaste tú un poco nervioso, dispuesto a mantener tu título de jefe, por algo pues no eras “Moquito, el paja brava”. No demoró en llegar el chato Coqui junto con el torcido Prieto, que tenía un lunar negro en la pichula, pues ellos serían los jurados.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Caminaron, tú ibas en medio, a tu derecha el negro Palomino con el chato Coqui; a tu izquierda el borrao Rubio con el torcido Prieto, no demoró en darles alcance &lt;st1:personname productid="La M￳nica Yarlequ￩" w:st="on"&gt;&lt;st1:personname productid="La M￳nica" w:st="on"&gt;La Mónica&lt;/st1:personname&gt; Yarlequé&lt;/st1:personname&gt; cuando ya casi llegaban al río.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;“Moquito, te toca”, dijo el negro Palomino cerrándose la bragueta con cuidado, pues él había dado inicio al evento por decisión de los jurados.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Estabas ahí, parado en la arena. El río pasaba lento a metro y medio de tus pies. Estabas nervioso. Tomaste aire con fuerza pero tratando de que no se dieran cuenta los tigres. A tu alrededor los tigres te miraban. Los ojos del negro Palomino &lt;span lang="ES-PE" style="mso-ansi-language: ES-PE;"&gt;—&lt;/span&gt;“ojos de búho maldito”, dijiste en tu mente&lt;span lang="ES-PE" style="mso-ansi-language: ES-PE;"&gt;—&lt;/span&gt;, te observaban muy desafiantes casi burlándose. Los ojos del borrao Rubio parecían mirarte como dándote aliento.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Ahí seguías y en tu delante el sol empezaba a ocultarse. La brisa del río movía tus cabellos. Te sentías desierto. Un halo de melancolía invadía tu rostro. Pero trataste una vez más de serenarte. Sí, sólo te hacía falta un minuto para que tu pichula se arme. Trataste de olvidarte de los tigres, que te estaban mirando, cerrando los ojos. El río seguía su curso, lento, y también parecía compadecerte. Abriste tu bragueta después de desabotonarte el pantalón. Tus manos temblaban. Antes habías medido la distancia en la que había caído el pajazo de tu rival el negro Palomino. Habías memorizado la distancia que estaba muy cerca de la línea que había trazado &lt;st1:personname productid="La M￳nica Yarlequ￩" w:st="on"&gt;&lt;st1:personname productid="La M￳nica" w:st="on"&gt;La Mónica&lt;/st1:personname&gt; Yarlequé&lt;/st1:personname&gt; y que servía de meta para decidir el ganador. Agarraste tu pichula, por el cuello, como ahorcándolo al pobre. Empezaste a frotarlo despacito. El río seguía calmado. Pensaste en Elena, tu profe de Historia.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Otra vez estás ahí colgado en la ventana. Ella entra al baño del colegio, distraída, tú ves que se levanta la falda, calzoncito blanco, ves sus nalgas redonditas y las imaginas suaves, tersas, duritas. El río empieza a crecer. Tu pichula está armada. Esta vez lo frotas más rápido al pobrecito que se va calentado y se pone rojito. Hasta parece un cíclope pintado de rojo. Elena, tu profe, te descubre en la ventana, tú quieres huir pero ella te llama y el río corre con más fuerza, tú bajas por la ventana y el río sigue corriendo a correntadas cada vez más violentas y ya estás a su lado, abrazándola, el río se desborda, crece y crece y crece y mua mua mua… la llenas de besos.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Abres los ojos y dices “¡Piel de seda, piel de seda, piel de seda!” apenas logras ver el pajazo del negro Palomino y justo cuando vas a eyacular otra vez cierras los ojos para no mirar donde cae tu semen y así, al fin, el río destruye el mundo, inunda casas y terminas. Caes exhausto en la arena. Te quedas quieto. Abres los ojos y miras al cielo, el río sigue corriendo, pero despacio, lento, como dándote pena.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;“Cachorro, marica”, te dice orgulloso el negro Palomino y oyes las risas burlonas de los tigres. Pues ya sabes, estás jodido Moquito, has perdido. Ahora eres un “cachorro marica”, ya nunca más serás el jefe de “Los Tigres” ni pertenecerás a ellos. Los miras, sonríes, levantas los hombros después de pararte como aceptando tu derrota.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;El sol ya casi termina de ocultarse entre los árboles. Otra vez sonríes, después de todo valía la pena el pajazo por tu profe Elena Sandoval, mamá del negro Palomino Sandoval. Miras el río, el sol ya no está, el cielo se ha puesto rojizo y oyes lejanas las risas de “Los Tigres” que celebran el triunfo. Los miras y caminas tratando de alcanzarlos. “Mañana volverá a salir el sol en el colegio”, te dices.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-left: 106.2pt; text-align: justify;"&gt;&lt;b style="mso-bidi-font-weight: normal;"&gt;(*) Percy Luber Ipanaqué Navarro &lt;/b&gt;[Pucallpa, 1985]&lt;b style="mso-bidi-font-weight: normal;"&gt;.&lt;/b&gt; Es estudiante de Derecho y Ciencias Políticas en &lt;st1:personname productid="la Universidad Nacional" w:st="on"&gt;la Universidad Nacional&lt;/st1:personname&gt; de Piura. Ha publicado las siguientes plaquetas: "Transmutación", "Epístola a los transeúntes", "Suicidas Aedos" y los libros &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;Hostia Sideral&lt;/i&gt; (2005), &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;Los Apóstoles de &lt;st1:personname productid="la Muerte" w:st="on"&gt;la Muerte&lt;/st1:personname&gt;&lt;/i&gt; (2007) y &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;Paraíso en llamas&lt;/i&gt; (2008). Ha colaborado en las revistas literarias "Sietevientos", "Plazuela Merino" y "Pensamiento Profano".&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: .0001pt; margin-bottom: 0cm; margin-left: 106.2pt; margin-right: 65.2pt; margin-top: 0cm; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: .0001pt; margin-bottom: 0cm; margin-left: 106.2pt; margin-right: 47.2pt; margin-top: 0cm; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="right" class="MsoNormal" style="text-align: right;"&gt;Para contactos con el autor: &lt;b&gt;&lt;span style="color: windowtext; text-decoration: none; text-underline: none;"&gt;&lt;a href="mailto:ginmarx_03@hotmail.com"&gt;ginmarx_03@hotmail.com&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="right" class="MsoNormal" style="text-align: right;"&gt;&lt;b&gt;&lt;span style="color: windowtext; text-decoration: none; text-underline: none;"&gt;&lt;a href="http://pajarodealtovuelo-luber.blogspot.com/"&gt;http://pajarodealtovuelo-luber.blogspot.com&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="right" class="MsoNormal" style="text-align: right;"&gt;&lt;b&gt;&lt;br /&gt;&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="right" class="MsoNormal" style="text-align: right;"&gt;&lt;b&gt;&lt;br /&gt;&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="right" class="MsoNormal" style="text-align: right;"&gt;&lt;b&gt;&lt;br /&gt;&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3548118816540812343-8123539674307767284?l=labibliotecadeorem.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://labibliotecadeorem.blogspot.com/feeds/8123539674307767284/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://labibliotecadeorem.blogspot.com/2009/11/percy-luber-ipanaque-navarro-la.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3548118816540812343/posts/default/8123539674307767284'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3548118816540812343/posts/default/8123539674307767284'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://labibliotecadeorem.blogspot.com/2009/11/percy-luber-ipanaque-navarro-la.html' title='PERCY LUBER IPANAQUÉ NAVARRO – LA COMPETENCIA (*)'/><author><name>Oscar Ramirez</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01639867369597054961</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://3.bp.blogspot.com/_pfR_MWacXOM/TK6SmX_JI5I/AAAAAAAAAnk/ZY_aPfF6Lp4/S220/Copia+de+IMG0481A.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_pfR_MWacXOM/SvHiKp3uu-I/AAAAAAAAASQ/TeG8PfhTujg/s72-c/06+competencia.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3548118816540812343.post-4569666630318983756</id><published>2009-11-04T12:20:00.000-08:00</published><updated>2009-11-04T12:20:25.921-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Catástasis 2009'/><title type='text'>MILAGROS LIZETTE MAJINO GONZÁLES – EN EL FONDO INMORTAL (*)</title><content type='html'>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_pfR_MWacXOM/SvHh0X69CiI/AAAAAAAAASI/EHwbPeWkkQI/s1600-h/05+en+el+fondo+1.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" src="http://2.bp.blogspot.com/_pfR_MWacXOM/SvHh0X69CiI/AAAAAAAAASI/EHwbPeWkkQI/s320/05+en+el+fondo+1.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="right" class="MsoNormal" style="text-align: right;"&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;Después de mi paso firme,&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="right" class="MsoNormal" style="text-align: right;"&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;me ha encontrado&lt;span style="mso-spacerun: yes;"&gt;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;la agonizante luz…&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Mientras su nitidez humana se manifestaba, alguien sobrevivía al borde del tiempo, el tiempo hecho ausencia absoluta. Desde entonces, los eslabones que sujetaban el punto débil del espacio ocupado por ellos y el origen, dejaron caer sus fuerzas, flaquearon… a causa del inédito caso sobre dos seres indefinidos, de interiores inexplorados, de físicos evanescentes y de almas intactas; todavía demasiados distantes al nombre…&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Y todo hubiese quedado ahí, empapado de magia infinita cuya sazón se debe a la fuerza de un espíritu inconcluso; en verdad, tuvo que haber sido &lt;st1:personname productid="la Voluntad Suprema" w:st="on"&gt;&lt;st1:personname productid="la Voluntad" w:st="on"&gt;la Voluntad&lt;/st1:personname&gt; Suprema&lt;/st1:personname&gt;, porque ni siquiera entendíanse al percibirse cerca o lejos, mantenían una conducta relativa a su razón, que finalmente terminaba por dejarlos perdidos entre la realidad y la ficción. En ese intenso encuentro todo había nacido: la voz, el silencio, el deseo del tacto; también despertaron otros sentidos misteriosos que entre ellos lidiaban para pasar por la puerta de la verdad y es que sabían que ahí dentro, descubrirían ensimismados, el calor intenso, la paz, en todas sus formas, entera…&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;El tiempo demora en dar sus pasos por aquí ¿En qué se ocupa y olvida su deber? Es ya de noche. No he vuelto a ver el día, la claridad. No sé si el tiempo pasa invisible, mudo. Sólo sé que no disipa mi incertidumbre desde hace mucho, no sé exactamente desde cuando. Duele el pensar. Y es que si no lo hiciera no recordaría aquella vez… ¡Huir!… No quiero recordarlo. El olvido me queda como único refugio. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Ahora siento el aire frío que pasa por mi reducido espacio, me inquieta&lt;span style="mso-spacerun: yes;"&gt;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;y con ese sentido mi memoria abre paso a mi desasosiego, de lo que un día&lt;span style="mso-spacerun: yes;"&gt;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;fue. La extrañeza de mi naturaleza frente a todos y a todo, y no es que no acepte al exterior, vivo, lo, admiro lo que es; sin embargo, ante mí no hay nada que lo saque de su escondite, de su reserva. Tampoco sé de ustedes, de mis casi semejantes. Jamás me atreví a hacerles caso o por lo menos a concebirlos. Les era indiferente. En fin, es irreconocible para mí toda faz terrenal y todo lo que se origina o deriva de ella, me resisto a creer en ella…&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Ahora, su presente, está secuestrado adentro, en su inconciencia. Es su ficción, la energía deseada que altera su razón, su juicio. Su más apasionada mentira, acerca de lo que en sus ojos ya no se reproduce…&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Arranca desde sus raíces el origen que no cabe en un abierto final de fantasía que quiso manifestar la vida de su absoluto imposible…&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Para su salvación tiene que perseguir aquella mirada profunda, digna y verdadera; las ganas de&lt;span style="mso-spacerun: yes;"&gt;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;poseer su nombre; poseer su frío que lo culpa; y su enajenación, que no alcanza a descubrir. Durante ese proceso intenta calmar a aquella que la reclama. Atormentado se pregunta, en qué consiste todo lo que ahora le quiere volver humano…&lt;span style="mso-spacerun: yes;"&gt;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;El sentido y la importancia; sobre todo, la voluntad de realizarme fue la esencia humana invencible de la que hay una dueña, la he hallado y con ella queda conquistada la armonía. Puedo asegurar que por su causa Dios ha entristecido mucho. Ahora lo creo. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Seguramente, tú, mi razón de ser, mi mayor invención, sientes de mí, el error que se me impone: mi insignificancia. No percibes el enigma que construyo en tu lecho, en tu mente. Esto no ha llegado lejos, más allá de ese algo que evitas, que me es imposible como yo mismo, como lo que quiero crear en tu infinito espacio, que no permite mi sola presencia…&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Debieron ser los únicos seres que Dios no ha creado. Hay un dolor que lo desconocido ama. Hay un efecto que no tuvo causa permanente, que no entiende la llegada de una desesperación pura y siente la cruel obligación de obtener lo que se desea fuertemente, al punto de que llegue el día en el que se encuentren viva e inmediatamente muerta su aclamada y desnuda realidad, cosa que por esperada en su aspecto más supremo y&lt;span style="mso-spacerun: yes;"&gt;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;totalizador arrastre la felicidad y la perfección. &lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;He corregido mis defectos para que no se expongan ante ti. No sé si todos. Siento que sólo así mereceré hallar tu verdad y mi imposible. Empiezo a decaer en la aflicción, es que no reconozco el cielo inmenso, la faz de la tierra tan cálida; tampoco respiro paz ni fragancias. Me ahogo, estoy cautivo de mi rareza y alentado por esta pasión que me domina, incansable, caprichosa. Hoy no conozco nada, en absoluto, y ¿cuál sería el sentido&lt;span style="mso-spacerun: yes;"&gt;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;de esta consecuencia?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Estoy bien aquí. Para qué contemplar el mal aire del mundo real, su clima congestionado, radical, que se desarrolla vertiginosamente y destruye la realidad, la divide. Aún desde esta distancia en la que me encuentro es evidente. Quiero adelantar mi decisión y me detengo ¿Por qué existirá esa fuerza que me impide? Es la encarnación de la duda… Además no lo hago, porque la puerta de la vida ya está sellada por completo, pero no dudo que esconda algo importante. No estoy completo, ahora lo sé, no puedo elegir, decidir ¡Miedo! ¡Mi gran miedo! Ese miedo me consume, es que no puedo viajar con seguridad a través de esta ruta hacia mi destino. Me aseguro del lugar que piso para evitar pasar por el mismo camino que me trasladó hasta la esencia del abismo, camino culpable de que yo sea ajeno, culpable de mis pesares. Por eso no tengo a la seguridad como compañera mía…&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Que no le revelen la verdad de sus ojos. Que sigua creyendo que si no levanta sus párpados es porque no quiere, cuando en realidad sus ojos están abiertos,&lt;span style="mso-spacerun: yes;"&gt;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;su rebeldía le explica que quiere y verse dominado por la locura hecho energía máxima, expandida en todos sus espacios. Que no se de cuenta lleva mucho intentando realizar sus propósitos y que justo cuando tuvo valor y coraje se echó a andar, exactamente desde el instante que quiso entregarse al sentimiento poderoso y exhibirse preciso hasta mezclarse con el vehemente afecto. Ya&lt;span style="mso-spacerun: yes;"&gt;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;no pudo realizarlo después del golpe que le dio la muerte y que casi arrebata su ser completo. Así fue como todo se arruinó, eso es lo que no quiere recordar. Pero por suerte, despertó en breve, no aceptó la huida de su visión, la mirada que alguna vez entregó intensa al amor. Se volvió a hundir, desciende cada vez más en el abismo. Vas degradándose. Es sombra.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;Sé muy bien lo que me pasa, pero qué puedo hacer si estoy desconcertado, ¿quién es responsable de lo que siento? Me gana la confusión. Cada vez el desorden ocupa mi mente. Aún mis ojos están obnubilados en mi ficción. No darán para más. No acepto mi castigo. Cada vez la poderosa confusión intenta aproximarse a mí hasta aplastarme…&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;¿Hasta cuándo vagará entre el principio y el fin?&lt;span style="mso-spacerun: yes;"&gt;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;En el mundo verdadero está quieto, los médicos aseguraron su estado de coma. No parece estar luchando por la existencia sino para su vida. Su rostro no expresa nada. Sus ideas van haciéndose polvo, su cerebro complicado sufre alteraciones, algunas veces se activan algunas partes, y después de un corto tiempo dejan de mandar una señal. A pesar de toda su memoria, quiere mantenerse en orden, pero la velocidad de reproducción de las imágenes de su historia, es imparable. Comienza a recordar… Ya sabe que en sus ojos se hizo de noche para siempre. No hay manera de enmendar el hecho.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;Una mentira&lt;span style="mso-spacerun: yes;"&gt;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;nació en mis ojos.&lt;span style="mso-spacerun: yes;"&gt;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Soy un mal ciego… ¿Dónde está mi voluntad de sobrevivir hecho afecto infalible? No logro verlo ¿Cómo pretendo hacerlo? ¡Ven como milagro! ¡Reaccióname como si fueras magia suprema! Asciende mi yo etéreo, tú misma, mi&lt;span style="mso-spacerun: yes;"&gt;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;pieza irreal…&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Nadie despierta, no reaccionan. Todo tiempo no les responde…&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-left: 106.2pt; text-align: justify;"&gt;&lt;b style="mso-bidi-font-weight: normal;"&gt;(*) Milagros Lizette Majino Gonzales &lt;/b&gt;[Huánuco, 1990]&lt;b style="mso-bidi-font-weight: normal;"&gt;.&lt;/b&gt; Actualmente es estudiante de Ciencias de &lt;st1:personname productid="la Comunicaci￳n" w:st="on"&gt;la  Comunicación&lt;/st1:personname&gt; en &lt;st1:personname productid="la Universidad Nacional" w:st="on"&gt;&lt;st1:personname productid="la Universidad" w:st="on"&gt;la Universidad&lt;/st1:personname&gt; Nacional&lt;/st1:personname&gt; Hermilio Valdizán de Huánuco.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-right: 47.2pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-right: 47.2pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="right" class="MsoNormal" style="text-align: right;"&gt;Para contactos con la autora: &lt;b&gt;&lt;span style="color: windowtext; text-decoration: none; text-underline: none;"&gt;&lt;a href="mailto:milagros_lmg@hotmail.com"&gt;milagros_lmg@hotmail.com&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="right" class="MsoNormal" style="text-align: right;"&gt;&lt;b&gt;&lt;br /&gt;&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="right" class="MsoNormal" style="text-align: right;"&gt;&lt;b&gt;&lt;br /&gt;&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="right" class="MsoNormal" style="text-align: right;"&gt;&lt;b&gt;&lt;br /&gt;&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3548118816540812343-4569666630318983756?l=labibliotecadeorem.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://labibliotecadeorem.blogspot.com/feeds/4569666630318983756/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://labibliotecadeorem.blogspot.com/2009/11/milagros-lizette-majino-gonzales-en-el.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3548118816540812343/posts/default/4569666630318983756'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3548118816540812343/posts/default/4569666630318983756'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://labibliotecadeorem.blogspot.com/2009/11/milagros-lizette-majino-gonzales-en-el.html' title='MILAGROS LIZETTE MAJINO GONZÁLES – EN EL FONDO INMORTAL (*)'/><author><name>Oscar Ramirez</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01639867369597054961</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://3.bp.blogspot.com/_pfR_MWacXOM/TK6SmX_JI5I/AAAAAAAAAnk/ZY_aPfF6Lp4/S220/Copia+de+IMG0481A.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_pfR_MWacXOM/SvHh0X69CiI/AAAAAAAAASI/EHwbPeWkkQI/s72-c/05+en+el+fondo+1.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3548118816540812343.post-8828611922645538235</id><published>2009-11-04T12:18:00.000-08:00</published><updated>2009-11-04T12:18:47.954-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Catástasis 2009'/><title type='text'>JUAN CARLOS DÍAZ ESPINOZA – UN VIEJO RECUERDO (*)</title><content type='html'>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_pfR_MWacXOM/SvHhfIszWgI/AAAAAAAAASA/L4qlPNzsqrQ/s1600-h/04+un+recuerdo+viejo.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" src="http://3.bp.blogspot.com/_pfR_MWacXOM/SvHhfIszWgI/AAAAAAAAASA/L4qlPNzsqrQ/s320/04+un+recuerdo+viejo.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;¿Quién dice que no?... pero claro, él lo tiene bien resguardado en la memoria desde que lo sintió. Y sigue intacto después de tantos años. A veces viene a visitarlo de noche, cuando nada puede hacerle cerrar los ojos en esa su guarida nocturna, en ese atormentarse con todos los dolores y la ansiedad ascendente. &lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Sí, la soledad tóxica de su habitación es propicia. La procesión de ridiculeces transcurre uniforme. Como en un mostrador se colocan, toman posición, y él elige sólo uno para torturarse más. Busca y rebusca las causas, fabrica las nuevas opciones del cómo debería haber actuado… y le carcomen las ganas de vivir todo aquello. Pero sigue puliendo algo que quedará olvidado y perdido en su inacción. Incluso piensa en la forma en que los otros interpretarían su papel. Sin embargo lo sabe muy bien: todo es falso, una invención suya para seguir molestándose, para arremeter contra su falta de expresión, para sacar todo lo que tiene atragantado adentro… &lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Recorren por su cuerpo torrentes de enturbiada tristeza, de compasión hacia si mismo. Todo en ese momento es lúgubre, hasta el aire se vuelve pesado y cómplice de aquella pesadilla, tornándose casi imposible saciar los pulmones. Pero es él quien persiste en respirar, es él quién prefiere seguir enlodándose en ese barro introspectivo que infecta su alma. De pronto se hace presente la idea de la muerte. ¡Sí! ¿Qué hay del otro lado? Nada… Definitivamente nada... repasa todos los caminos que lo podrían conducir hacia ella… un balazo en la boca, una cena de somníferos, cortarse las venas o la yugular, tirarse de un edificio, dejarse atropellar. En fin, en la elección del método no radica el problema, hay tantas formas… es su cobardía, resguardada en un montón de respetables escritos lo que se lo impide, y extingue cualquier intento de autoeliminación… Y es en esos momentos de suplicios frescos que lo dirigen hacia un túnel próximo &lt;span lang="ES-PE" style="mso-ansi-language: ES-PE;"&gt;—&lt;/span&gt;para tragárselo&lt;span lang="ES-PE" style="mso-ansi-language: ES-PE;"&gt;—&lt;/span&gt; cuando aparece su primer gran recuerdo. Al menos así lo considera… &lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Evoca una de las tantas veces que lo contó a su familia. Estaban presentes, sentados, apáticos, su madre, sus tíos regalándole miradas burlonas, y sus hermanos menores asombrados, embriagados de ingenuidad. &lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;¿Cómo es posible?, decía la tía en su mente: es medio loco, o tal vez peca de mentiroso, aunque lo afirma con una seriedad… &lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;La madre escuchaba sin decir nada, con pena por su hijo… ¡Quizás sea eso!... Recuerda la época de la gestación. Fue posible perderlo, y para que no sucediera, se inyectaba incontables fármacos, todo con tal de salvarlo… Tal vez eso ha causado algún desequilibrio en mi Manuelito, pobre mi hijo, medio rayadito me ha salido, tiene cada ocurrencia…&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;¿Es imposible?, ¿realmente imposible? ¿Y por qué? ¿Nadie sale con esos disparates? Oh, claro que sí: los locos, los desequilibrados mentales, los insanos; y no un gran &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;no.&lt;/i&gt;&lt;span style="mso-spacerun: yes;"&gt;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Él no es nada de eso. No será un tipo normal, es algo raro de hecho. Pero de ahí a ser un demente, no; y lo más importante, es su primer recuerdo, de cuando todo empezó para él. Es autentico, más autentico que las innumerables caretas que usa frente a los demás con tal de dejar bien oculta su verdadera y genuina personalidad.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;¡Qué imaginativo este niño, inventarse algo así! Comentaba su tío siempre que escuchaba el singular relato, y cuando sacaba una buena calificación en la escuela y se la mostraba, miraba la nota y alimentaba su pueril ego con un &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;y cómo no va a ser, acaso no se jacta de aquella memoria inverosímil…&lt;/i&gt; &lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Aquel recuerdo lo hizo sentirse grande en la infancia. Y hasta no muy entrada la pubertad, no se topó con el completo significado de su verdad. Fue entonces cuando comenzó a comprender que no le creyeran. No tenía ninguna reminiscencia de algo más cercano. Acaso recordaba cuando se accidentó jugando con una instalación eléctrica, o cuando sin apenas saber caminar casi se ahoga con la papilla, ni de la vez en que un terremoto sacudía la tierra y él en vez de correr como todos, se echó en su cama como esperando que el techo le cayera encima. &lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;El olvido se llevó todo indicio de aquellos percances, pero no arrebató de su memoria esa sensación de la vida corriendo por su aún no conformado cuerpecito, ¿o quizás ya había salido del vientre de su madre? No lo sabe. En cambio sí puede asegurar haberse bañado en esa sensación suprema, eso sí que sí, aunque no lo pueda probar, es el único testigo…&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Y en esos instantes del demonio, cuando su alma cae al abismo de las frustraciones, aparece él con sus manitas nadando en una ciénaga incolora, nada tenebrosa para un ser que ignora todo, un banco sin archivos, un mundo interior vacío, recién aperturado… Tampoco podría afirmar que fueran sus manos las que revoloteaban en ese sentir. No había miedo ni tristeza ni dolor… Era sólo ese ser saboreando lo inexplicable del soplo que trae tus pasos por esta tierra de caníbales hambrientos de sangre y sudor.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Sí, eso apacigua su desmoronado presente, saber que tiene conciencia de algo único, algo que le es ajeno a la gente corriente. Muchas veces se pregunta si en realidad es cierto, si su memoria no se puso a jugar con su inconsciente; quizás es el sueño que tuvo una y otra vez, y otra vez… o es una visión del todo real que arribó después de un tiempo, para quedarse por siempre en él. ¿Por qué no puede ser verdad?, además, no es lo único extraño en su existencia. Acaso no lloró cuando nació sino hasta la décima palmada que le propinó el médico… y me diste un gran susto, cholito, de ahí te llevaron a la incubadora para tu recuperación. Ya en casa seguías enfermito, te teníamos que poner en una tina con agua fría para refrescarte, pues tenías mucho calorcito. Ahí en la habitación te dejábamos tranquilito y tú te quedabas mirando el cielo raso fijamente, con esos ojitos tristísimos y medio llorosos que se ocultaban de rato en rato con tus pacienciosos parpadeos. No te movías ni un tantito, dabas la sensación de estar petrificado, y no sabes cómo me asustaba eso, me ponía llorar todo el tiempo; y es que no te curabas con nada. Es más, tu situación empeoraba cada día; entonces decidimos llevarte donde un curandero que nos dio unas yerbas para hacer una infusión. Con eso mejoraste en algo, pero de todas maneras nos regresamos a la costa para salvarte la vida, pues según el doctor era la selva y su clima lo que estaba matándote. ¡Vendimos hasta los catres! Ay, mucho nos has hecho sufrir, hijo!...&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Nadie le puede quitar de la cabeza que es singular. Ahora ya no es un chiquillo. Sin embargo, a veces parece serlo e irónicamente se vuelve muy lúcido… ya no le cuenta a nadie ese pasado que probablemente nació con él, incluso niega a sus hermanos haberles narrado esa ridícula historia. Es su secreto más profundamente indescifrable, al que vuelve a repasar como quién lee un cuento tantas veces leído, y ni bien empieza, ¡plop!, ya no esta en ninguna parte, sino en aquel instante glorioso e infinito. Pasado el momento se pone a meditar que de haber sabido lo que acontecería después, y con la plena posibilidad de evitarlo, hubiera acabado con todo antes… &lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Tal vez nunca deseó venir.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-left: 106.2pt; text-align: justify;"&gt;&lt;b style="mso-bidi-font-weight: normal;"&gt;&lt;span lang="ES-MX" style="mso-ansi-language: ES-MX;"&gt;(*) Juan Carlos Díaz Espinoza &lt;/span&gt;&lt;/b&gt;[Moyobamba, 1984]&lt;b style="mso-bidi-font-weight: normal;"&gt;&lt;span lang="ES-MX" style="mso-ansi-language: ES-MX;"&gt;.&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;span lang="ES-MX" style="mso-ansi-language: ES-MX;"&gt; Desde&lt;/span&gt; 1994&lt;span style="mso-spacerun: yes;"&gt;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;vive en la ciudad de Trujillo. Ha culminado la carrera profesional de Ciencias de &lt;st1:personname productid="la Comunicaci￳n" w:st="on"&gt;la Comunicación&lt;/st1:personname&gt; en &lt;st1:personname productid="la Universidad Nacional" w:st="on"&gt;&lt;st1:personname productid="la Universidad" w:st="on"&gt;la Universidad&lt;/st1:personname&gt; Nacional&lt;/st1:personname&gt; de Trujillo. En el 2007 participó con la historia “Pisadas y silbidos en la noche”, en el Concurso Nacional Juvenil de Cuento en memoria de “Germán Patrón Candela”, quedando en el tercer lugar. Ha realizado prácticas en los diarios &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;Correo&lt;/i&gt; y &lt;st1:personname productid="la Primera" w:st="on"&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;La  Primera&lt;/i&gt;&lt;/st1:personname&gt;; en este último, publicó breves escritos en una columna especial denominada “Historia Urbana”. &lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-right: 47.2pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-right: 47.2pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="right" class="MsoNormal" style="text-align: right;"&gt;Para contactos con el autor: &lt;b&gt;&lt;a href="mailto:marsinme@hotmail.com"&gt;marsinme@hotmail.com&lt;/a&gt;&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="right" class="MsoNormal" style="text-align: right;"&gt;&lt;b&gt;&lt;br /&gt;&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="right" class="MsoNormal" style="text-align: right;"&gt;&lt;b&gt;&lt;br /&gt;&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="right" class="MsoNormal" style="text-align: right;"&gt;&lt;b&gt;&lt;br /&gt;&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3548118816540812343-8828611922645538235?l=labibliotecadeorem.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://labibliotecadeorem.blogspot.com/feeds/8828611922645538235/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://labibliotecadeorem.blogspot.com/2009/11/juan-carlos-diaz-espinoza-un-viejo.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3548118816540812343/posts/default/8828611922645538235'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3548118816540812343/posts/default/8828611922645538235'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://labibliotecadeorem.blogspot.com/2009/11/juan-carlos-diaz-espinoza-un-viejo.html' title='JUAN CARLOS DÍAZ ESPINOZA – UN VIEJO RECUERDO (*)'/><author><name>Oscar Ramirez</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01639867369597054961</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://3.bp.blogspot.com/_pfR_MWacXOM/TK6SmX_JI5I/AAAAAAAAAnk/ZY_aPfF6Lp4/S220/Copia+de+IMG0481A.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_pfR_MWacXOM/SvHhfIszWgI/AAAAAAAAASA/L4qlPNzsqrQ/s72-c/04+un+recuerdo+viejo.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3548118816540812343.post-3200176439833688955</id><published>2009-11-04T12:15:00.000-08:00</published><updated>2009-11-04T12:15:08.587-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Catástasis 2009'/><title type='text'>JESSICA DEL PILAR TORRES SÁNCHEZ – ELLA (*)</title><content type='html'>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_pfR_MWacXOM/SvHgqOzQFsI/AAAAAAAAAR4/7sKE9So8feo/s1600-h/03+ella.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" src="http://4.bp.blogspot.com/_pfR_MWacXOM/SvHgqOzQFsI/AAAAAAAAAR4/7sKE9So8feo/s320/03+ella.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;No puedo creerlo: dos mundos, dos realidades tan diferentes en una sola cuidad. Bastaba echar un vistazo a través del cristal del ómnibus para ver la pobreza, la inmundicia. Llevábamos ya cuarenta minutos de viaje y fue suficiente para descubrir el entorno en que vive. Se avergüenza de su familia, de sus amigos, es muy diferente a nosotros, siempre con su sonrisa entúpida, hablando de cosas que nunca había visto y nunca vería.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;La última vez que la vi fue hace un mes en la esquina de Bartolomé, conversando con ese Profesor.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Qué deprimente es este lugar… ¿tendrán agua? Alejandra tiene razón, mientras la gente rica tiene de todo, estos pobres se van muriendo de a poco.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Caminamos por más de una hora, parece otro mundo. Dos, tres cerros con un par de casas, niños y perros cagando en un mismo lugar… acá, el más rico es el que tiene velas ¿acaso sería?&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Dicen que es… ya sabes, pero tiene su gracia. Tienes razón, vivir acá y estudia en &lt;st1:personname productid="la USU" w:st="on"&gt;la USU&lt;/st1:personname&gt;, ¿cómo lo haría?&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Fue difícil conseguir su verdadera dirección, sólo la señora de los santuchitos la sabía. Bueno, por fin llegamos, esta es la casa, ¿se puede llamar casa a esto? Tocamos y nos abrió la puerta una señora, le preguntamos si vive acá.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-PE" style="mso-ansi-language: ES-PE;"&gt;—&lt;/span&gt;No, acá no vive esa.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Vieja horrible si supieras todo lo que hemos tenido que pasar y nos dices eso.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Faltaba media hora para que empezara la clase, estábamos fumando los tres, hablando sobre literatura francesa y la repentina renuncia del Profesor Humberto. Aún tengo en la memoria la expresión de Clara cuando nos dijo que habían encontrado el cuerpo de ella desnudo, envuelto con un saco, con el único saco del Profesor Humberto.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-left: 106.2pt; text-align: justify;"&gt;&lt;b style="mso-bidi-font-weight: normal;"&gt;(*) Jessica del Pilar Torres Sánchez &lt;/b&gt;[Pisco, 1988]&lt;b style="mso-bidi-font-weight: normal;"&gt;. &lt;/b&gt;Actualmente estudia Administración Bancaria en el ITN, de la ciudad de Trujillo. &lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-right: 47.2pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-right: 47.2pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="right" class="MsoNormal" style="text-align: right;"&gt;Para contactos con la autora: &lt;b&gt;&lt;span style="color: windowtext; text-decoration: none; text-underline: none;"&gt;&lt;a href="mailto:jessi621_@hotmail.com"&gt;jessi621_@hotmail.com&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="right" class="MsoNormal" style="text-align: right;"&gt;&lt;b&gt;&lt;br /&gt;&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="right" class="MsoNormal" style="text-align: right;"&gt;&lt;b&gt;&lt;br /&gt;&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="right" class="MsoNormal" style="text-align: right;"&gt;&lt;b&gt;&lt;br /&gt;&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3548118816540812343-3200176439833688955?l=labibliotecadeorem.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://labibliotecadeorem.blogspot.com/feeds/3200176439833688955/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://labibliotecadeorem.blogspot.com/2009/11/jessica-del-pilar-torres-sanchez-ella.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3548118816540812343/posts/default/3200176439833688955'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3548118816540812343/posts/default/3200176439833688955'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://labibliotecadeorem.blogspot.com/2009/11/jessica-del-pilar-torres-sanchez-ella.html' title='JESSICA DEL PILAR TORRES SÁNCHEZ – ELLA (*)'/><author><name>Oscar Ramirez</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01639867369597054961</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://3.bp.blogspot.com/_pfR_MWacXOM/TK6SmX_JI5I/AAAAAAAAAnk/ZY_aPfF6Lp4/S220/Copia+de+IMG0481A.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_pfR_MWacXOM/SvHgqOzQFsI/AAAAAAAAAR4/7sKE9So8feo/s72-c/03+ella.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3548118816540812343.post-5376547194867730272</id><published>2009-11-04T12:14:00.000-08:00</published><updated>2009-11-04T12:16:34.953-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Catástasis 2009'/><title type='text'>ESTEBAN COUTO – CAJA DE PANDORA (*)</title><content type='html'>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_pfR_MWacXOM/SvHgXNU399I/AAAAAAAAARw/NZo35rsCLzI/s1600-h/02+caja+de+pandora+1.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" src="http://3.bp.blogspot.com/_pfR_MWacXOM/SvHgXNU399I/AAAAAAAAARw/NZo35rsCLzI/s320/02+caja+de+pandora+1.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;No podíamos decir nada. Lo que pasó debía quedar entre nosotras dos: nadie más debía saberlo. Todo estaría bien, siempre y cuando mantuviéramos la boca cerrada. Aquel montículo de tierra sólo habla con palabras de viento y rojo-sangre en los labios. Y todo se reduce a la celda impenetrable que sella los nuestros. Nunca estuvimos en el río: nunca hemos paseado en bote a través de sus aguas: Carlos nunca nos acompañó. No sabemos nada, ni del tiempo ni de su sombra, por más que éstos nos torturen con los malos recuerdos. Debemos hacer lo posible por guardar en un baúl aquel episodio, y jamás dejarlo salir. A partir de aquel instante hemos tratado de fabricar una nueva vida. Atrás dejamos a Carlos y sus palabras cargadas de un tono persuasivo; atrás los paseos en el río y su afán por ocultar el bote entre la vegetación; atrás su manía por desnudarse frente a nosotras y llevar a cabo sus oscuros juegos. Todo lo vivido hasta entonces debía desaparecer. Ésa fue la promesa, de esa manera giraríamos las manijas del reloj a favor nuestro. No teníamos idea de cómo reaccionarían los adultos si se llegasen a enterar de lo ocurrido. Si queríamos comenzar de cero, era necesario guardar este secreto: aquél día viernes quedaría extirpado para siempre de nuestra memoria, así como el montículo de tierra que cubría el dolor y el deseo. Estaba decidido: lo descubrieran o no, jamás diríamos nada; al menos hasta dentro de seis o siete años, cuando cumpliéramos la mayoría de edad y tengamos las fuerzas suficientes para superarlo por completo. &lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Hoy, ningún recuerdo afín es real. Nuestra mente parece ser una cinta en blanco. Ahora sólo podemos evocar cómo respirábamos hondo, cómo nos tomábamos de la mano, cómo contemplábamos en silencio con qué esfuerzo los policías buscaban infructuosamente el cadáver. &lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-left: 106.2pt; text-align: justify;"&gt;&lt;b style="mso-bidi-font-weight: normal;"&gt;(*) Esteban Couto &lt;/b&gt;[Chimbote, 1987], seudónimo de Christian Ahumada Heredia. Es/forzado estudiante de &lt;st1:personname productid="la Facultad" w:st="on"&gt;la Facultad&lt;/st1:personname&gt; de Educación y Humanidades de &lt;st1:personname productid="la Universidad San" w:st="on"&gt;&lt;st1:personname productid="la Universidad" w:st="on"&gt;la Universidad&lt;/st1:personname&gt; San&lt;/st1:personname&gt; Pedro (Chimbote), en la especialidad de Lenguaje, Literatura y Comunicación. Integrante activo y fiel del Grupo de Arte y Literatura “Isla Blanca”. Fue uno de los ganadores del IV Concurso de Poesía &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;Prima Fermata Literaria 2008&lt;/i&gt;, convocado por &lt;st1:personname productid="la Facultad" w:st="on"&gt;la Facultad&lt;/st1:personname&gt; de Letras de &lt;st1:personname productid="la UNMSM. Ha" w:st="on"&gt;la UNMSM. Ha&lt;/st1:personname&gt; publicado algunos trabajos rescatables con su nombre “original” en diversas revistas del país (&lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;Marea&lt;/i&gt;, &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;Casa de Asterión&lt;/i&gt;,&lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt; Granizolunar&lt;/i&gt;, &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;Mítica&lt;/i&gt;) y páginas web&lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt; &lt;/i&gt;(&lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;Remolinos, Autoscopia&lt;/i&gt;, &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;Urbanotopía, etc.&lt;/i&gt;). Fue incluido en &lt;st1:personname productid="la II Antolog￭a" w:st="on"&gt;la  II Antología&lt;/st1:personname&gt; Digital de Poesía “Una voz en el abismo” (Revista Literaria Remolinos, 2007), en &lt;st1:personname productid="la Antolog￭a Regional" w:st="on"&gt;la Antología Regional&lt;/st1:personname&gt; de Poesía Joven “&lt;st1:personname productid="La Org￭a Inm￳vil" w:st="on"&gt;&lt;st1:personname productid="La Org￭a" w:st="on"&gt;La Orgía&lt;/st1:personname&gt; Inmóvil&lt;/st1:personname&gt;” (Ornitorrinco Editores – Huaraz, 2008), y en “&lt;st1:personname productid="La Santa Cede" w:st="on"&gt;La Santa Cede&lt;/st1:personname&gt; – Narrativa Erótica de Chimbote”. Entre sus publicaciones personales están la plaqueta de poesía &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;Lunar lluvia para una noche desierta&lt;/i&gt; y el híbrido &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;Paisajes Humanos&lt;/i&gt;; además de la plaqueta de narrativa: &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;Desde todos los umbrales&lt;/i&gt;, todos ellos publicados el 2008, vía el &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;Sello Editorial Pluma Náutica&lt;/i&gt;. Prepara actualmente su primer libro de cuentos y dos poemarios.&lt;b style="mso-bidi-font-weight: normal;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-right: 47.2pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-right: 47.2pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="right" class="MsoNormal" style="text-align: right;"&gt;Para contactos con el autor: &lt;b&gt;&lt;span style="color: windowtext; text-decoration: none; text-underline: none;"&gt;&lt;a href="mailto:diabolico_777_4ever@hotmail.com"&gt;diabolico_777_4ever@hotmail.com&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="right" class="MsoNormal" style="text-align: right;"&gt;&lt;b&gt;&lt;a href="http://elrincondeldiablo.blogia.com/"&gt;http://elrincondeldiablo.blogia.com&lt;/a&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="right" class="MsoNormal" style="text-align: right;"&gt;&lt;b&gt;&lt;br /&gt;&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="right" class="MsoNormal" style="text-align: right;"&gt;&lt;b&gt;&lt;br /&gt;&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="right" class="MsoNormal" style="text-align: right;"&gt;&lt;b&gt;&lt;br /&gt;&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3548118816540812343-5376547194867730272?l=labibliotecadeorem.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://labibliotecadeorem.blogspot.com/feeds/5376547194867730272/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://labibliotecadeorem.blogspot.com/2009/11/esteban-couto-caja-de-pandora.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3548118816540812343/posts/default/5376547194867730272'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3548118816540812343/posts/default/5376547194867730272'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://labibliotecadeorem.blogspot.com/2009/11/esteban-couto-caja-de-pandora.html' title='ESTEBAN COUTO – CAJA DE PANDORA (*)'/><author><name>Oscar Ramirez</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01639867369597054961</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://3.bp.blogspot.com/_pfR_MWacXOM/TK6SmX_JI5I/AAAAAAAAAnk/ZY_aPfF6Lp4/S220/Copia+de+IMG0481A.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_pfR_MWacXOM/SvHgXNU399I/AAAAAAAAARw/NZo35rsCLzI/s72-c/02+caja+de+pandora+1.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3548118816540812343.post-616582461211469107</id><published>2009-11-04T12:12:00.000-08:00</published><updated>2009-11-04T12:17:07.626-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Catástasis 2009'/><title type='text'>JUAN CARLOS ROMERO GIRÓN - BARQUITO DE PAPEL (*)</title><content type='html'>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_pfR_MWacXOM/SvHf1O-PnAI/AAAAAAAAARo/ViOFslplU8A/s1600-h/01+barquito+de+papel.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" src="http://3.bp.blogspot.com/_pfR_MWacXOM/SvHf1O-PnAI/AAAAAAAAARo/ViOFslplU8A/s320/01+barquito+de+papel.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Para: Lupita Ferrer. Soy tú.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Te acuerdas. Aquel lugar. Sólo un momento. Quiero verte. Nada más que unas cuantas palabras. Mañana, a la hora de siempre. Besitos. No faltes.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="right" class="MsoNormal" style="text-align: right;"&gt;Atte. Alguien. Soy yo. &lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Paseo Colon. Interior B. Unas manos delicadas se confunden entre hacer un barquito o un avioncito con un papel A4. Un tiempo. Un suspiro. Un leve viento, levanta ligeramente la proa ya lista de un barquito a medio terminar, entre los dobleces se lee: &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;Besitos… Soy yo… Mañana.&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Una habitación, cuatro paredes vacías: sin póster ni almanaques ni cuadros. Con lo indispensable para una estudiante universitaria: una cama, una mesa y una cocina. La puerta se abre, triste, lúgubre. Unos charolitos rojos en la acera. Un viento considerable, remolca consigo el barquito de papel por las calles que hace su paso los charolitos rojos. Halo de mar con olor a anchoveta. Charolitos rojos, inocentes, se hunden en la arena. El litoral de la playa, tranquila, solitaria. Los rayos de sol, con su tono rojizo, poco a poco van diluyéndose en la lejanía. &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;Nada más que… palabras&lt;/i&gt; ¿Qué? ¿Quién? &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;Alguien.&lt;/i&gt; Una sensación de frío invade los charolitos rojos. Se detienen. Un rojo incandescente frente a unos ojitos color miel. La vista se cansa, arde. Es el sol en su último deslumbre contra el azul cristalino del mar, allá, a lo lejos. Su cabello castaño, por efecto del viento, impaciente, revolotea despeinándola, mejillas coloradas, labios rosados, sin rojo carmesí. Todas ellas entregadas a la brisa marina, al atardecer triste y serena. &lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; No tienes la culpa. Los dos: él y tú. Pero él. Se fue, lejos. La tierra la guardo para si. Agua salada: de mar. Lágrima salada, agridulce: de ojitos color miel.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;Mañana… unas palabras&lt;/i&gt;. Se arreglara todo. ¿Quién&lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;? Alguien. Yo. Tú.&lt;/i&gt; Se sienta sobre las ondulaciones arenosas bañadas con agua de mar. Más lágrimas, emergen en un manantial color miel. Se empozan. Resbalan, lentas, gota a gota, fulgurando con los últimos rayos de sol. Atardecer triste y serena. Remordimientos. Recuerdos: Las muñecas, la cocinita, el barrio y los amigos. Otros días, otros tiempos. Días felices. Coronando el atardecer con un juego: el columpio o un salta soga, en el barrio y con los amigos. Con ningún&amp;nbsp; problema, al lado de Papi y de Mami. Hija única. Engreída. &lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; El incandescente rojo amarillo va opacándose. Hace Frío. Brisa marina. Brisa del crepúsculo. Se reincorpora para volver sobre sus pasos. &lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Camino hacia el cuarto. Otra vez, sin aviso. Remordimientos y recuerdos vienen a lacerar su alma, a posarse en ella: Hola, que ojos tan lindos tienes. Primer amor. Sí. Tal vez. Déjame pensarlo. El amor no se piensa: se siente o no se siente. Que dices. Sí… eres un chico lindo. Mi primer amor. Mi primera vez… &lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Paseo Colon. Interior B. Como para hacerla recordar. &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;Mañana…quiero verte…besitos.&lt;/i&gt; Una mano: blanca, delicada, de niña, la recoge. En la habitación sin póster ni almanaques ni cuadros. La cama se hunde. Un barquito de papel se desdobla. Recuerdos felices: doblas la punta posterior a la derecha hasta chocar con la punta inferior, tomas una regla para que fijes los bordes… se llama origami. Tinta roja, un lapicero en mano de una niña, gotas y más gotas de lágrimas. Nuevas letras, manchadas de rojo. Otra vez: forjando los dobleces. Barquito de papel, sobre el piso, en tinta roja. &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;Cuídate&lt;/i&gt;….&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Es de noche. Tarde. Tardísimo. Sobre la cama, un cuerpo: esbelto, largo, descansa con tranquilidad. Afuera la noche bulliciosa: carros, sirenas, gritos. La habitación, tranquila y apacible, las cuatro paredes sin póster ni almanaques ni cuadros amortiguan la bulla, resguardan los sueños, la pesadilla, el delirio: ¿por qué?, a mí, y mis padres ¿qué dirán? Tenemos la culpa tú y yo. No te alejes… &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;Mañana… Besitos&lt;/i&gt;. La cama tiembla, rechina. La habitación, del paseo Colon. Interior B., despierta junto a un largo quejido. Sudorosa, con el cuerpo tiritándola, roja, con el cabello revuelto, rizos entrelazados. Son las ocho de la mañana. &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;La hora de siempre, te acuerdas…&lt;/i&gt; Frente a ella, sobre una mesa, la mochila, los cuadernos sin revisar desde hace una semana. Hoy Viernes, fin de semana, exámenes finales. Mañana sábado llegan tus padres, tus papitos. Un poco de agua humedece su cara. Un peine desenreda los entrelazos del cabello. Charolitos rojos, más rojos con los primeros rayos del día, ganan la acera.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &amp;nbsp;&lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;¿Quién? tú&lt;/i&gt;, hasta que por fin… que alegría, o que tristeza volver a verte... se arreglaran las cosas… seremos felices… te lo aseguro. Atrás: carros presurosos, calles tupidas de gente apurada, tiendas perfumadas con ruda. Calle tras calle, los charolitos rojos se detienen. Un parque con pinos y cipreses en su contorno. El lugar de siempre. Casas con jardines de tulipanes y geranios. Unos ojitos color miel se detienen. Fijos. Cerca, una silueta, una sombra. Pero… si eres tú. Eres yo: cabello castaño, con rizos, ojitos color miel y ese vestido… Dime ¿Por qué yo? Sola, sin él. ¿Quién eres? Una niña, entre 16 y 17 años. Cabello castaño. Padres, del Norte chico. Una pequeña hacienda. Ojitos color miel. Con charolitos, color rojo púrpura.&amp;nbsp; &lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; En el piso, un barquito de papel con tinta roja. La silueta, la sombra ha desparecido. De ella solo queda, un barquito de papel, letra roja, manchas, surcos rojos. Unas manos de niña, desdoblan el barquito de papel a hoja A4. &lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Sobre sus pasos, corre. Atrás: carros vertiginosos, calles tupidas de gente apurada, tiendas, todavía, con algo de olor a ruda. Lágrimas a torrentes. Remordimientos y recuerdos. Tinta roja&lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;. “Cuídate&lt;/i&gt;… Lágrimas sobre el barquito de papel desplegado. Mancha roja… &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;besa a tú hija por mí&lt;/i&gt;… La puerta del Paseo Colon. Interior B. se abre. Manos manchadas de pena, untadas de dolor,&amp;nbsp; una frase en tinta roja… &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;Quizá en alguna parte&lt;/i&gt;… Recuerdos que llegan… &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;algún día&lt;/i&gt;… los amigos, la cocinita, el salta soga. Tus padres, mañana sábado, después de tanto tiempo te verán… &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;en momentos menos tristes&lt;/i&gt;… La cabeza va explotar, el alma ha entrado en otra fase. Charolitos rojo púrpura sobre la cama, charolitos rojos sobre una silla… &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;volvamos a vernos”. Besitos. Soy yo. Tú.&lt;/i&gt; Un cordel. Centro medico. Prueba de embarazo. Lupita Ferrer, 17 años. Seis semanas de gestación. ¡Felicidades!. Un cuerpo suspendido. Todavía tibio. Respira a gárgaras. Un tiempo. Segundos. &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;Besitos. &lt;/i&gt;Charolitos rojos. Charolitos color púrpura, más rojos que nunca descansan sobre el pavimento de una habitación del Paseo Colon. Interior B. Al lado un papel A4, antes barquito de papel, en tinta roja, custodiando un eterno descanso. &lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-left: 106.2pt; text-align: justify;"&gt;&lt;b style="mso-bidi-font-weight: normal;"&gt;(*) Juan Carlos Romero Girón &lt;/b&gt;[Huancavelica, 1984]&lt;b style="mso-bidi-font-weight: normal;"&gt;.&lt;/b&gt; Estudió Sociología en &lt;st1:personname productid="la Universidad Nacional" w:st="on"&gt;la Universidad Nacional&lt;/st1:personname&gt; del Centro del Perú, donde ocupó el segundo puesto en cuento en los “IX Juegos Florales Félix Huamán Cabrera UNCP, &lt;st1:metricconverter productid="2006”" w:st="on"&gt;2006”&lt;/st1:metricconverter&gt;. Tercer premio compartido en el “V Concurso Nacional de Cuento organizado por &lt;st1:personname productid="la Asociaci￳n Cristiana" w:st="on"&gt;la Asociación Cristiana&lt;/st1:personname&gt; de Jóvenes (GUAY), 2007. Segundo premio en el “V Concurso de Cuento organizado por el Comité de Damas del Poder Judicial de Junín, &lt;st1:metricconverter productid="2008”" w:st="on"&gt;2008”&lt;/st1:metricconverter&gt;. Actualmente estudia en &lt;st1:personname productid="la Escuela" w:st="on"&gt;la Escuela&lt;/st1:personname&gt; de Escritura Creativa del Centro Cultural de &lt;st1:personname productid="la PUCP." w:st="on"&gt;la PUCP.&lt;/st1:personname&gt; &lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: .0001pt; margin-bottom: 0cm; margin-left: 106.2pt; margin-right: 65.2pt; margin-top: 0cm; tab-stops: 0cm; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: .0001pt; margin-bottom: 0cm; margin-left: 106.2pt; margin-right: 65.2pt; margin-top: 0cm; tab-stops: 0cm; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;&lt;div style="text-align: right;"&gt;Para contactos con el autor: &lt;b&gt;&lt;a href="mailto:karloscarlin@hotmail.com"&gt;karloscarlin@hotmail.com&lt;/a&gt;&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;&lt;br /&gt;&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;&lt;br /&gt;&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;&lt;br /&gt;&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3548118816540812343-616582461211469107?l=labibliotecadeorem.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://labibliotecadeorem.blogspot.com/feeds/616582461211469107/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://labibliotecadeorem.blogspot.com/2009/11/juan-carlos-romero-giron-barquito-de.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3548118816540812343/posts/default/616582461211469107'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3548118816540812343/posts/default/616582461211469107'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://labibliotecadeorem.blogspot.com/2009/11/juan-carlos-romero-giron-barquito-de.html' title='JUAN CARLOS ROMERO GIRÓN - BARQUITO DE PAPEL (*)'/><author><name>Oscar Ramirez</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01639867369597054961</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://3.bp.blogspot.com/_pfR_MWacXOM/TK6SmX_JI5I/AAAAAAAAAnk/ZY_aPfF6Lp4/S220/Copia+de+IMG0481A.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_pfR_MWacXOM/SvHf1O-PnAI/AAAAAAAAARo/ViOFslplU8A/s72-c/01+barquito+de+papel.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3548118816540812343.post-165227181582278476</id><published>2009-11-04T06:54:00.003-08:00</published><updated>2009-11-04T12:33:19.157-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='José María Arguedas'/><title type='text'>JOSÉ MARÍA ARGUEDAS – EL BARRANCO</title><content type='html'>&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;En el barranco de K'ello-k'ello se encontraron, la tropa de caballos de don Garayar y los becerros de la señora Grimalda. Nicacha y Pablucha gritaron desde la entrada del barranco:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;—¡Sujetaychis! ¡Sujetaychis! (¡Sujetad!)&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;Pero la piara atropelló. En el camino que cruza el barranco, se revolvieron los becerros, llorando.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;—¡Sujetaychis!—Los mak'tillos Nicacha y Pablucha subieron, camino arriba, arañando la tierra.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;Las mulas se animaron en el camino, sacudiendo sus cabezas; resoplando las narices, entraron a carrera en la quebrada, las madrineras atropellaron por delante. Atorándose con el polvo, los becerritos se arrimaron al cerroé algunos pudieron volverse y corrieron entre la piara. La mula nazqueña de don Garayar levantó sus dos patas y clavó sus cascos en la frente del «Pringo». El «Pringo» cayó al barranco, rebotó varias veces entre los peñascos y llegó hasta el fondo del abismo. Boqueando sangre murió a la orilla del riachuelo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;La piara siguió, quebrada adentro, levantando polvo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;—¡Antes, uno nomás ha muerto! ¡Hubiera gritado, pues, más fuerte!—Hablando, el mulero de don Garayar se agachó en el canto del camino para mirar el barranco.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;—¡Ay señorcito! ¡La señora nos latigueará; seguro nos colgará en el trojal!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;—¡Pringuchallaya! ¡Pringucha!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;Mirando el barranco, los mak'tillos llamaron a gritos al becerrito muerto.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;st1:personname productid="La Ene" w:st="on"&gt;La Ene&lt;/st1:personname&gt;, madre del «Pringo», era la vaca más lechera de la señora Grimalda. Un balde lleno le ordeñaban todos los días La llamaba Ene, porque sobre el lomo negro tenía dibujada una letra N, en piel blanca. &lt;st1:personname productid="La Ene" w:st="on"&gt;La Ene&lt;/st1:personname&gt; era alta y robusta, ya había dado a la patrona varios novillos grandes y varias lecheras. La patrona la miraba todos los días, contenta:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;—¡Es mi vaca! ¡Mi mamacha! (¡Mi madrecital).&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;Le hacían cariño, palmeándole en el cuello.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;Esta vez, su cría era el «Pringo». La vaquera lo bautizó con ese nombre desde el primer día. «El Pringo», porque era blanco entero. El Mayordomo quería llamarlo «Misti», porque era el más fino y el más grande de todas las crías de su edad.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;—Parece extranjero—decía.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;Pero todos los concertados de la señora, los becerreros y la gente del pueblo lo llamaron «Pringo». Es un nombre más cariñoso, más de indios, por eso quedó.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;Los becerreros entraron llorando a la casa de la señora. Doña Grimalda salió al corredor para saber. Entonces los becerreros subieron las gradas, atropellándose; se arrodillaron en el suelo del corredor; y sin decir nada todavía, besaron el traje de la patrona; se taparon la cara con la falda de su dueña, y gimieron, atorándose con su saliva y con sus lágrimas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;—¡Mamitay!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;—¡No pues! ¡Mamitay!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;Doña Grimalda gritó, empujando con los pies a los muchachos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;—¡Caray! ¿Qué pasa?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;—«Pringo» pues, mamitay. En K'ello-k'ello, empujando mulas de don Garayar&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;—¡«Pringo» pues! ¡Muriendo ya, mamitay!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;Ganándose, ganándose, los becerreros abrazaron los pies de doña Grimalda, uno más que otro; querían besar los pies de la patrona.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;—¡Ay Dios mío! ¡Mi becerritol ¡Santusa, Federico, Antonio...!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;Bajó las gradas y llamó a sus concertados desde el patio.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;—iCorran a K'ello-k'ello! ¡Se ha desbarrancado el «Pringo»! ¿Qué hacen esos, amontonados allí? ¡Vayan, por delante!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&amp;nbsp;Los becerreros saltaron las gradas y pasaron al zaguán, arrastrando sus ponchos. Toda la gente de la señora salió tras de ellos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;Trajeron cargado al «Pringo». Lo tendieron sobre un poncho, en el corredor. Doña Grimalda, lloró, largo rato, de cuclillas junto al becerrito muerto. Pero la vaquera y los mak'tillos, lloraron todo el día, hasta que entró el sol.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;—¡Mi papacito! ¡Pringuchallaya!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;—¡Ay niñito, súmak'wawacha! (¡Criatura hermosa!).&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;—¡Súmak' wawacha!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;Mientras el Mayordomo le abría el cuerpo con su cuchillo grande; mientras le sacaba el cuerito; mientras hundía sus puños en la carne, para separar el cuero, la vaquera y los mak'tillos, seguían llamando:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;—¡Niñucha! ¡Por qué pues!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;—¡Por qué pues, súmak'wawacha!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;Al día siguiente, temprano, &lt;st1:personname productid="La Ene" w:st="on"&gt;la Ene&lt;/st1:personname&gt; bajaría el cerro bramando en el camino. Guiando a las lecheras vendría como siempre. Llamaría primero desde el zaguán. A esa hora, ya goteaba leche de sus pezones hinchados.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;Pero el Mayordomo le dio un consejo a la señora.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;—Así he hecho yo también, mamita, en mi chacra de las punas—le dijo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;Y la señora aceptó.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;Rayando la aurora, don Fermín clavó dos estacas en el patio de ordeñar, y sobre las estacas un palo de lambras. Después trajo al patio el cuero del «Pringo», lo tendió sobre el palo, estirándolo y ajustando las puntas con clavos, sobre la tierra.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;A la salida del sol, las vacas lecheras estaban ya en el callejón llamando a sus crías. &lt;st1:personname productid="La Ene" w:st="on"&gt;La  Ene&lt;/st1:personname&gt; se paraba frente al zaguán; y desde allí bramaba sin descanso, hasta que le abrían la puerta. Gritando todavía pasaba el patio y entraba al corral de ordeñar.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;Esa mañana, &lt;st1:personname productid="La Ene" w:st="on"&gt;la  Ene&lt;/st1:personname&gt; llegó apurada; rozando su hocico en el zaguán, llamó a su «Pringo». El mismo don Fermín le abrió la puerta. La vaca pasó corriendo el patio. La señora se había levantado ya, y estaba sentada en las gradas del corredor.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;st1:personname productid="La Ene" w:st="on"&gt;La Ene&lt;/st1:personname&gt; entró al corral. Estirando el cuello, bramando despacito, se acercó donde su «Pringo»; empezó a lamerle, como todas las mañanas. Grande le lamía, su lengua áspera señalaba el cuero del becerrito. La vaquera le maniató bien; ordeñándole un poquito humedeció los pezones, para empezar. La leche hacía ruido sobre el balde.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;—¡Mamaya! ¡Y'astá mamaya! —llamando a gritos pasó del corral al patio, el Pablucha.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;La señora entró al corral, y vió a su vaca. Estaba lamiendo el cuerito del «Pringo», mirándolo tranquila, con sus ojos dulces.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;Así fue, todas las mañanas; hasta que la vaquera y el Mayordomo, se cansaron de clavar y desclavar el cuero del «Pringo». Cuando la leche de &lt;st1:personname productid="La Ene" w:st="on"&gt;la Ene&lt;/st1:personname&gt; empezó a secarse, tiraban nomás el cuerito sobre un montón de piedras que había en el corral, al pie del muro. La vaca corría hasta el extremo del corral, buscando a su hijo; se paraba junto al cerco, mirando el cuero del becerrito. Todas las mañanas lavaba con su lengua el cuero del «Pringo». Y la vaquera la ordeñaba, hasta la última gota.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;Como todas las vacas, &lt;st1:personname productid="La Ene" w:st="on"&gt;la Ene&lt;/st1:personname&gt; también, acabado el ordeño, empezaba a rumiar, después se echaba en el suelo, junto al cuerito seco del «Pringo», y seguía, con los ojos medio cerrados. Mientras, el sol alto despejaba las nubes, alumbraba fuerte y caldeaba la gran quebrada.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3548118816540812343-165227181582278476?l=labibliotecadeorem.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://labibliotecadeorem.blogspot.com/feeds/165227181582278476/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://labibliotecadeorem.blogspot.com/2009/11/jose-maria-arguedas-el-barranco.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3548118816540812343/posts/default/165227181582278476'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3548118816540812343/posts/default/165227181582278476'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://labibliotecadeorem.blogspot.com/2009/11/jose-maria-arguedas-el-barranco.html' title='JOSÉ MARÍA ARGUEDAS – EL BARRANCO'/><author><name>Oscar Ramirez</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01639867369597054961</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://3.bp.blogspot.com/_pfR_MWacXOM/TK6SmX_JI5I/AAAAAAAAAnk/ZY_aPfF6Lp4/S220/Copia+de+IMG0481A.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3548118816540812343.post-5607852093471121061</id><published>2009-11-04T06:54:00.001-08:00</published><updated>2009-11-04T12:34:23.580-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Oscar Wilde'/><title type='text'>OSCAR WILDE – EL ENANO Y LA PRINCESA</title><content type='html'>&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;Había una vez una princesa que vivía en un palacio muy grande. El día en que cumplía trece años hubo una gran fiesta, con trapecistas, magos, payasos. Pero la princesa se aburría. Entonces, apareció un enano, un enano muy feo que daba brincos y hacía piruetas en el aire. El enano fue todo un acontecimiento.&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;&amp;nbsp;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;Bravo, Bravo, decía la princesa aplaudiendo y sin dejar de reír, y el enano, contagiado de su alegría, saltaba y saltaba, hasta que cayó al suelo rendido. "Sigue saltando, por favor" dijo la princesa. Pero el enano ya no podía más. La princesa se puso triste y se retiró a sus aposentos.&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;Al rato, el enano, orgulloso de haber agradado a la princesa, decidió ir a buscarla, convencido de que ella se iría a vivir con él al bosque. "Ella no es feliz aquí" pensaba el enano. "Yo la cuidaré y la haré reír siempre". El enano recorrió el palacio, buscando la habitación de la princesa, pero al llegar a uno de los salones vio algo horrible. Ante él había un monstruo que lo miraba con ojos torcidos y sanguinolentos, con unas manos peludas y unos pies enormes. El enano quiso morirse cuando se dio cuenta de que aquel monstruo era él mismo, reflejado en un espejo. En ese momento entró la princesa con su séquito.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;"Ah estas aquí, qué bien, baila otra vez para mí, por favor". Pero el enano estaba tirado en el suelo y no se movía. El médico de la corte se acercó a él y le tomó el pulso. "Ya no bailará más para vos, princesa" le dijo. "¿Por qué?" preguntó la princesa. "Porque se le ha roto el corazón". Y la princesa contestó: "De ahora en adelante, que todos los que vengan a palacio no tengan corazón".&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3548118816540812343-5607852093471121061?l=labibliotecadeorem.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://labibliotecadeorem.blogspot.com/feeds/5607852093471121061/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://labibliotecadeorem.blogspot.com/2009/11/oscar-wilde-el-enano-y-la-princesa.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3548118816540812343/posts/default/5607852093471121061'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3548118816540812343/posts/default/5607852093471121061'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://labibliotecadeorem.blogspot.com/2009/11/oscar-wilde-el-enano-y-la-princesa.html' title='OSCAR WILDE – EL ENANO Y LA PRINCESA'/><author><name>Oscar Ramirez</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01639867369597054961</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://3.bp.blogspot.com/_pfR_MWacXOM/TK6SmX_JI5I/AAAAAAAAAnk/ZY_aPfF6Lp4/S220/Copia+de+IMG0481A.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3548118816540812343.post-8920760760484498904</id><published>2009-11-04T06:51:00.001-08:00</published><updated>2009-11-05T08:16:14.644-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Mario Benedetti'/><title type='text'>MARIO BENEDETTI – ASALTO EN LA NOCHE</title><content type='html'>&lt;div style="line-height: 12.0pt; margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;Doña Valentina Palma de Abreu, 49 años, viuda desde sus 41, se despertó bruscamente a las 2 de a madrugada. Le pareció que el ruido venía del living. Sin encender la luz, y así como estaba, en camisón, dejó la cama y caminó con pasos afelpados hacia el ambiente mayor del confortable piso. Entonces sí encendió la luz. Tres metros más allá, de pie y con expresión de desconcierto, estaba un hombre joven, de vaqueros azules y gabardina desabrochada.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="line-height: 12.0pt; margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;- Hola! -dijo ella. Debido tal vez a la brevedad del saludo, logró no tartamudear.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="line-height: 12.0pt; margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;- Usted perdone -dijo el intruso- Me habían informado que usted estaba de viaje. Pensé que no había nadie.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="line-height: 12.0pt; margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;- Ah. Y a qué se debe la visita?&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="line-height: 12.0pt; margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;- Tenía la intención de llevarme algunas cositas.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="line-height: 12.0pt; margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;- Cómo pudo entrar?&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="line-height: 12.0pt; margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;- Por la cocina. No tuve que forzar la cerradura. En estas lides soy bastante habilidoso.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="line-height: 12.0pt; margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;- Puedo saber si está armado?&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="line-height: 12.0pt; margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;- No me ofenda. Siempre averiguo antes de llevar a cabo una operación. Esta vez no me informé bien, lo reconozco. Pero solo decido operar cuando estoy seguro de que no voy a encontrar a nadie. Y si es así, para qué necesito armas?&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="line-height: 12.0pt; margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;- Y qué cositas le habrían interesado? Me imagino que sabrá que a esta hora intempestiva no es fácil largarse con un televisor de 22"" o un horno microondas, o una porcelana de Lladró.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="line-height: 12.0pt; margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;- Tiene todo eso? Enhorabuena. Pero en estas excursiones de medianoche no me dedico a mercaderías de difícil transporte. Prefiero joyas, dinero en efectivo (si es posible, dólares, o en todo caso marcos), alguna antigüedad mas bien chiquita, que quepa en un bolsillo de la gabardina. Cosas así, rendidoras, de buen gusto, de escaso riesgo o fáciles de convertir en vil metal.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="line-height: 12.0pt; margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;- Desde cuándo se dedica a una profesión tan lucrativa y con tanto futuro?&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="line-height: 12.0pt; margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;- Dos años y cuatro meses.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="line-height: 12.0pt; margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;- Que precisión&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="line-height: 12.0pt; margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;- Lo que pasa es que mi primer procedimiento lo efectué al día siguiente de mi cumpleaños número treinta y cuatro.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="line-height: 12.0pt; margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;- Y qué lo impulsó a tomar este rumbo?&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="line-height: 12.0pt; margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;- Mire, señora, yo soy casi arquitecto. en realidad, me faltan tres materias y la carpeta final. Pero me estaba muriendo de hambre. Tal vez usted no sepa que aquí el trabajo escasea. Por otra parte, no tengo padres ni tíos que me financien la vida. Ni siquiera padrino. Como dicen en España, estoy más solo que la una. Y ya lo ve, desde que emprendí mis excursiones nocturnas, al menos sobrevivo. Y hasta ahorro. Cuando tenga lo suficiente, creo que me compraré un taxi. Sé de otros dos casi arquitectos y un casi ingeniero que se decidieron por el taxi y les va bien.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="line-height: 12.0pt; margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;- Y en ese caso abandonaría estas gangas clandestinas?&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="line-height: 12.0pt; margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;- No lo creo. El taxi sería sólo un complemento.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="line-height: 12.0pt; margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;Doña Valentina, viuda de Abreu, entendió que era el momento de sonreír. Y sonrió.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="line-height: 12.0pt; margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;- Qué le parece si dejamos para más tarde la elección de las cositas que compondrán su amable pillaje de esta noche, y ahora nos tomamos un trago?&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="line-height: 12.0pt; margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;Al hombre le llevó unos minutos acostumbrarse a esta nueva sorpresa, pero al final asintió.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="line-height: 12.0pt; margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;- Está bien. Veo que usted asume con serenidad las situaciones inesperadas.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="line-height: 12.0pt; margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;- Qué quería? Que me pusiera a temblar?&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="line-height: 12.0pt; margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;- De ninguna manera. Es mucho mejor así.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="line-height: 12.0pt; margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;La dueña de casa se dirigió al barcito de caoba y extrajo dos vasos.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="line-height: 12.0pt; margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;- Qué whisky prefiere? Escocés, irlandés o americano?&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="line-height: 12.0pt; margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;- Irlandés, por supuesto.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="line-height: 12.0pt; margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;- Yo también. Con o sin hielo?&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="line-height: 12.0pt; margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;Una vez servidas las exactas medidas en los largos vasos de cristal azulado, posiblemente de Bohemia, el intruso levantó el suyo.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="line-height: 12.0pt; margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;- Brindemos, señora.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="line-height: 12.0pt; margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;- Por qué o por quién?&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="line-height: 12.0pt; margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;- Por la comprensión de la alta burguesía nacional.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="line-height: 12.0pt; margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;- Salud! Y también por la frustración arquitectónica.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="line-height: 12.0pt; margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;Cuando iban por la segunda copa, doña Valentina midió al hombre con una mirada que tenía un poco de cálculo y otro poco de seducción. Pensó además que era el momento de recuperar su sonrisa. Y la recuperó.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="line-height: 12.0pt; margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;- Ahora dígame una cosa. En su botín de esta noche, no le interesaría mi camisón?&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="line-height: 12.0pt; margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;- Su camisón?&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="line-height: 12.0pt; margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;- si. Le advierto que bajo el camisón no tengo nada abajo. Tiene autorización para quitármelo.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="line-height: 12.0pt; margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;- Pero.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="line-height: 12.0pt; margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;- Acaso éste es un cuerpo demasiado viejo para usted?&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="line-height: 12.0pt; margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;- No, señora, le confieso que usted luce muy bien.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="line-height: 12.0pt; margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;- Quiere decir: muy bien para mis años?&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="line-height: 12.0pt; margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;- Muy bien, sencillamente.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="line-height: 12.0pt; margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;- Hace ocho años que quedé viuda y desde entonces no me he acostado con nadie. Qué opina de esa abstinencia mi asaltante particular?&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="line-height: 12.0pt; margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;- Señora, no necesito decirle que estoy a sus órdenes.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="line-height: 12.0pt; margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;- Por favor, no me digas señora. Y tutéame.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="line-height: 12.0pt; margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;- Te quito el camisón?&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="line-height: 12.0pt; margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;Ante el gesto de aprobación de la mujer, y antes de dedicarse al camisón de marras, el buen hombre se quitó la gabardina, los vaqueros, y el resto de su ropa, modesta pero limpia. A esa altura, ella había decidido no aguardar la iniciativa del otro y lo esperaba desnuda.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="line-height: 12.0pt; margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;En la cama doble, el asaltante probó que no sólo era experto en rapiñas nocturnas, sino también en otros quehaceres de la noche. Por su parte, doña Valentina, a pesar de su prolongado ayuno de viuda, demostró a su vez que no había perdido su memoria erótica.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="line-height: 12.0pt; margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;Igual que con el whisky, también con el sexo repitieron el brindis. Al final, ella lo besó con franca delectación, pero a continuación vino el anuncio.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="line-height: 12.0pt; margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;- Ahora vamos a lo concreto, no te parece? Tenés que irte antes de que amanezca. Por razones obvias, que se llaman portero, proveedores, etcétera. Vamos, vestite. Y después veremos qué cositas podés llevarte.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="line-height: 12.0pt; margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;Mientras él se vestía, y a pesar de su oferta anterior, ella volvió a ponerse el camisón.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="line-height: 12.0pt; margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;Luego abrió las puertas de un placard, que en el fondo tenía un cofre. De éste fue extrayendo paquetitos de dólares y otras menudencias&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="line-height: 12.0pt; margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;- Qué tal? Hay algo que quisieras llevarte?&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="line-height: 12.0pt; margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;Sobre una mesita de roble fue depositando joyas de oro, brillantes, esmeraldas. También un reloj suizo ("era de mi marido, es un Rolex legítimo"), una petaca de marfil y otras chucherías de lujo.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="line-height: 12.0pt; margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;- También está este revólver de colección. Dicen que perteneció a un coronel nazi. Te interesa?&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="line-height: 12.0pt; margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;Cuando el hombre, que había estado examinando las joyas, levantó la vista, ella oprimió el gatillo. El disparo alcanzó al tipo en la cabeza. Se derrumbó junto a la cama doble. Ella recogió todo el material en exhibición y lo volvió a guardar en el cofre. Todo, menos el revólver.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="line-height: 12.0pt; margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;Luego de comprobar que el hombre estaba muerto, pasó cuidadosamente sobre el cadáver. Por un momento le puso el arma en la mano derecha, sólo para dejar constancia de sus huellas. Luego la recuperó y la dejó sobre la cama. Después fué al baño, se lavó varias veces la cara y las manos. También usó el bidet.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="line-height: 12.0pt; margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;Entonces fue al living, reintegró la botella a su sitio, llevó los largos vasos de cristal azul a la cocina y allí los lavó, los secó y volvió al living para guardarlos. Luego levantó el tubo del teléfono y discó un número.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="line-height: 12.0pt; margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;- Policía? Habla Doña Valentina Palma, viuda de Abreu, domiciliada en la avenida Tal, número tal y cual, apartamento 8-B. Les pido por favor que vengan aquí, urgentemente. Un asaltante entró, no sé cómo ni por dónde, en mi casa para robar. Por si eso fuera poco, intentó violarme. Constantemente me amenazaba con un revólver, pero se confió demasiado y de pronto no sé de dónde saqué fuerzas para arrebatarle el arma y sin vacilar le disparé. Tengo la impresión de que acabé con él. En defensa propia, claro. Vengan enseguida, porque la impresión y el susto han sido tremendos y les confieso que estoy a punto de desmayarme.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3548118816540812343-8920760760484498904?l=labibliotecadeorem.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://labibliotecadeorem.blogspot.com/feeds/8920760760484498904/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://labibliotecadeorem.blogspot.com/2009/11/mario-benedetti-asalto-en-la-noche.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3548118816540812343/posts/default/8920760760484498904'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3548118816540812343/posts/default/8920760760484498904'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://labibliotecadeorem.blogspot.com/2009/11/mario-benedetti-asalto-en-la-noche.html' title='MARIO BENEDETTI – ASALTO EN LA NOCHE'/><author><name>Oscar Ramirez</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01639867369597054961</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://3.bp.blogspot.com/_pfR_MWacXOM/TK6SmX_JI5I/AAAAAAAAAnk/ZY_aPfF6Lp4/S220/Copia+de+IMG0481A.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3548118816540812343.post-8064552437682533141</id><published>2009-11-04T06:50:00.002-08:00</published><updated>2009-11-05T08:17:14.207-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Gao Xingjian'/><title type='text'>GAO XINGJIAN – EL ACCIDENTE</title><content type='html'>&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;Así fue como ocurrió.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;&amp;nbsp;Eran las cinco de la tarde; en un taller de reparación de aparatos de radio de la calle Desheng acababan de sonar, tu tu tu tu, tu, las señales horarias de una emisora; fuera, una ráfaga de viento barría la arena gris amontonada al otro costado de la calle, a las puertas de la librería Xinhua, que se hallaba en obras; la arena giraba en semicírculo sobre el pavimento de asfalto, volvía a depositarse sobre el suelo y la polvareda terminaba por disiparse. Aún no era la época de los vientos cargados de arena que ocultan el cielo; apenas empezaba a hacer calor; había ciclistas que seguían llevando el abrigo corto de paño gris, y muchachas en las aceras que vestían conjuntos de primavera de color azul claro; el tráfago de ciclistas y peatones era incesante, pero aún no se habían producido las aglomeraciones de tráfico propias de las horas punta, de la salida del trabajo. Siempre hay quien sale del trabajo antes de hora y quien se halla disfrutando de permiso, y los ocupados compartían la calle con los ociosos. La escena era la misma de todos los días a esa hora; los autobuses no iban ni llenos ni vacíos, todos los asientos estaban ocupados y unos pocos viajeros permanecían de pie de cara a las ventanillas, aferrados a la barra.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;&amp;nbsp;Una bicicleta que llevaba adosado, a modo de sidecar, un cochecito de niño recubierto de un toldo de cuadros rojos y azules atravesaba en diagonal la calle desde el otro extremo. Lo conducía un hombre. Un autobús articulado venía de frente a bastante velocidad, aunque no tanta como la del coche verdoso que estaba a punto de adelantar a la bicicleta; ninguno de ellos superaba, en todo caso, la velocidad máxima autorizada en el casco urbano. El hombre pedaleaba con fuerza inclinado hacia adelante y el coche verde pasó a su costado. El autobús venía de frente por el carril de este lado. El hombre dudó un instante, pero no apretó el freno; la bicicleta con el cochecito seguía su marcha oblicua, ni lenta ni rápida, hacia este extremo de la calle. El autobús tocó el claxon sin disminuir la marcha. La bicicleta cruzó en ese instante la línea blanca central; la polvareda, recién disipada, no podía impedir la visión al ciclista, y de hecho no llevaba entornados los ojos. Levantó ligeramente la cabeza; era un hombre de unos cuarenta años, y la gorra algo caída hacia atrás dejaba al descubierto una incipiente calvicie. Tuvo que ver el autobús que venía derecho y tuvo que oír el claxon. Volvió a dudar un instante y pareció como que apretaba los frenos, pero no debió de apretarlos con fuerza, pues las ruedas apenas se bloquearon y la bicicleta continuó atravesando la calzada en esta dirección. El autobús se hallaba ya delante mismo y el claxon sonaba incesantemente. La bicicleta siguió avanzando por inercia. Sentado bajo el toldo iba un niño de dos o tres años de carrillos colorados. El ruido estridente del frenazo se mezcló con el del claxon; el estruendo aumentaba a medida que el autobús recortaba distancias. La rueda delantera de la bicicleta seguía avanzando en ángulo oblicuo, gradualmente, y el ruido del claxon y los frenos era cada vez más fuerte, más estridente. El autobús había reducido la marcha, pero su parte frontal, chata como un muro, avanzaba irremediablemente. Los dos vehículos estaban a punto de encontrarse, y una mujer lanzó un grito penetrante desde la acera de esta parte; peatones y ciclistas observaban paralizados la escena. Cuando la rueda delantera de la bicicleta rebasó la línea frontal del autobús, el ciclista pedaleó con todas sus fuerzas, creyendo quizá que aún tenía tiempo, pero llevó la mano que había dejado libre hacia el cochecito con toldo de cuadros rojos y azules, como queriendo apartarlo, y del empujón el carrito voló a un costado y su rueda salió rebotando. El hombre alzó las manos y cayó boca arriba, las piernas trabadas; y en medio del fragor del claxon y los frenos, los chillidos de la mujer y los gritos mudos de horror que los testigos no tuvieron tiempo de dar, fue aplastado por las ruedas del autobús. La bicicleta retorcida fue lanzada a más de diez metros de distancia sobre la superficie de asfalto.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;&amp;nbsp;Los peatones de ambas aceras enmudecieron y los ciclistas echaron pie a tierra. Todo quedó en el más absoluto silencio. El único sonido era el de la canción tierna y suave procedente del taller de reparación de aparatos de radio:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;i&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;&amp;nbsp;Recuerda cuando nos encontramos&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;i&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;&amp;nbsp;bajo el puente en ruinas en mitad de la bruma&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;&amp;nbsp;El casete de alguna cantante de Hong Kong del estilo de Deng Lijun, posiblemente.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;&amp;nbsp;La rueda delantera del autobús estaba parada sobre un charco oscuro; la sangre salpicaba la parte frontal y resbalaba gota a gota sobre el cuerpo del hombre muerto. El conductor bajó de un salto y fue el primero en acercarse al cadáver. Luego llegaron corriendo los peatones de ambas aceras y algunos formaron corro alrededor del cochecito, volcado sobre una boca de alcantarilla después de dar varias vueltas y de resbalar un trecho. Una mujer de mediana edad sacó al niño del cochecito y lo examinó acunándolo en sus brazos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;&amp;nbsp;—¿Está muerto?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;&amp;nbsp;—¡Está muerto!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;&amp;nbsp;—¿Está muerto?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;&amp;nbsp;Todo eran murmullos y exclamaciones. El niño tenía los ojos cerrados y su piel tierna y blanca transparentaba las finas, venas azules. No tenía sangre, ni ninguna herida aparente.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;&amp;nbsp;—¡Que no huya!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;&amp;nbsp;—¡Llamen enseguida a la policía!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;&amp;nbsp;—¡Que nadie toque nada! ¡No se acerquen, dejen todo como está!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;&amp;nbsp;Un grupo de personas rodeó estrechamente la parte delantera del autobús. Sólo uno de los que estaban fuera del corrillo se inclinó con curiosidad sobre la bicicleta retorcida; la alzó un instante, y el timbre sonó cuando volvió a dejarla como estaba.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;&amp;nbsp;—¡Claro que he tocado el claxon y he frenado! Todo el mundo lo ha visto: tenía que estar loco para lanzarse así contra el autobús. ¿Qué culpa tengo yo?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;&amp;nbsp;Era la voz ronca del conductor, que se defendía.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;&amp;nbsp;—¡Son todos testigos, todos lo han visto!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;&amp;nbsp;—¡Dejen paso, dejen paso! ¡Dejen todos paso!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;&amp;nbsp;La gorra de un policía apareció en medio de la multitud.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;&amp;nbsp;—¡Lo más importante es salvar al niño! ¿Puede alguien detener un coche para llevarlo al hospital? —era una voz masculina.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;&amp;nbsp;Un joven de chaqueta de cuero color café levantó el brazo y corrió hasta la línea central de la calzada. Un Toyota se abrió paso a bocinazos entre la muchedumbre que abarrotaba la calzada; detrás venía una camioneta Beijing 130, que sí paró. Los pasajeros del autobús protagonista del siniestro discutían con las cobradoras al otro lado de las ventanillas. Por detrás llegaba un trolebús: las puertas del autobús se abrieron, y los pasajeros salieron en tropel y le cortaron el paso. El alboroto era mayúsculo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;i&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;&amp;nbsp;Nunca, nunca lo olvidaré...&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;&amp;nbsp;El barullo ahogaba el sonido del radiocasete; la sangre seguía goteando en medio de un fuerte olor.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;&amp;nbsp;—Bua...&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;&amp;nbsp;Sonó un llanto, el golpe de llanto de un niño restablecido del sofoco que lo paralizaba.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;&amp;nbsp;—¡Está bien!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;&amp;nbsp;—¡Está vivo!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;&amp;nbsp;Por todas partes surgieron exclamaciones de admiración y júbilo. Los sollozos eran cada vez más fuertes. La gente se animó, como liberada. Luego, los que estaban a este lado se incorporaron en masa al corrillo que rodeaba el cadáver de la víctima.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;&amp;nbsp;—Uia, uia, uia.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;&amp;nbsp;Entre destellos de sirena azul llegó un coche de la policía. La gente abrió paso, y cuatro policías salieron del vehículo. Dos de ellos hicieron recular a la multitud con su porra de dirigir el tráfico.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;&amp;nbsp;La circulación había quedado interrumpida y una larga caravana de vehículos de toda clase y condición colmaba los dos carriles de la calzada. El tumulto de las voces había sido reemplazado por el estruendo de las bocinas. Un policía se puso a dirigir el tráfico en medio de la calle gesticulando con las manos, cubiertas de guantes blancos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;&amp;nbsp;Una de las cobradoras bajó del autobús a requerimiento de la policía. Porfiaba, como muy poco dispuesta a hacer lo que le pedían, pero al final cogió al niño que la mujer de mediana edad sostenía en sus brazos y subió a la 130. La camioneta se puso en marcha dirigida por los guantes blancos y cargada con los lloriqueos espasmódicos del niño.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;&amp;nbsp;Conminados por las voces de los policías que blandían sus porras, los curiosos se echaron atrás y formaron un cerco rectangular en torno de la bicicleta retorcida.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;&amp;nbsp;Con ello quedó a la vista, en este lado de la calle, la figura del conductor que se limpiaba el sudor con la gorra de tela. Un policía lo interrogaba. Sacó su permiso de conducir con tapas de plástico rojo y el policía se lo incautó. Hablaba al policía con precipitación, narrándole lo sucedido.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;&amp;nbsp;—¿Qué tiene que explicar? ¡Lo ha atropellado, y eso es todo! —dijo en voz alta un joven que empujaba su bicicleta.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;&amp;nbsp;—¡Él mismo se lo ha buscado! Tantos bocinazos y frenazos, pero no ha consentido en ceder el paso y se ha metido derecho debajo del autobús —respondió al joven una mujer con manguitos, la cobradora de otro autobús, que acababa de descender de su vehículo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;&amp;nbsp;—¿Cómo no ha podido ver en pleno día a un hombre con un niño en medio de la calle? —dijo, indignado, alguien de la multitud.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;&amp;nbsp;—Para estos conductores, atropellar a cualquiera es bien poca cosa, como luego no les pasa nada —dijo una voz cáustica.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;&amp;nbsp;—¡Pobre! Si no hubiese llevado al niño, le habría dado tiempo a pasar.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;&amp;nbsp;—¿Tiene salvación?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;&amp;nbsp;—¿Y se le han salido los sesos?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;&amp;nbsp;—He oído como un «puf».&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;&amp;nbsp;—¿Ha oído un ruido?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;&amp;nbsp;—Sí, como un «puf».&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;&amp;nbsp;—¡Cállense de una vez!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;&amp;nbsp;—Ah, así es la vida. Cuando uno menos lo piensa, le llega la hora...&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;&amp;nbsp;—Está llorando.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;&amp;nbsp;—¿Quién?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;&amp;nbsp;—El conductor.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;&amp;nbsp;En cuclillas, la cabeza gacha, el conductor se tapaba los ojos con la gorra.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;&amp;nbsp;—Bueno, nadie lo ha hecho a propósito...&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;&amp;nbsp;—Cuando a uno le cae algo así encima, uno...&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;&amp;nbsp;—¿Y llevaba a un niño? ¿Y el niño? ¿Y el niño? —preguntaban los recién llegados.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;&amp;nbsp;—Ni una sola herida; es un milagro.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;&amp;nbsp;—Por suerte uno se ha salvado.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;&amp;nbsp;—¡El hombre ha muerto!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;&amp;nbsp;—¿Eran padre e hijo?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;&amp;nbsp;—¿A quién se le ocurre llevar un carrito enganchado a la bicicleta? Con este tráfico nadie se libra de un accidente, aun yendo sólo con la bicicleta.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;&amp;nbsp;—Seguramente acababa de recoger al hijo de la guardería.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;&amp;nbsp;—¡Mira que también las guarderías, que no aceptan internos!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;&amp;nbsp;—Ya podemos darnos por contentos de que los admitan.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;&amp;nbsp;—¿Qué tienes tú que mirar ahí? Para que luego cruces la calle corriendo a lo loco. —Un hombre arrastraba de la mano a un niño que se había deslizado entre la multitud.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;&amp;nbsp;La estrella de la canción de Hong Kong ya no cantaba. Las escaleras del taller de reparación de aparatos de radio se habían llenado de gente.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;&amp;nbsp;Entre destellos de sirena roja llegó una ambulancia. Los enfermeros de bata blanca transportaron el cadáver al interior del coche. Los que estaban en las escaleras del taller se pusieron de puntillas. Del figón que había al lado salió un cocinero gordo, el delantal a la cintura, para ver lo que pasaba.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;&amp;nbsp;—¿Qué pasa? ¿Un accidente? ¿Han atropellado a alguien?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;&amp;nbsp;—A un hombre y a su hijo; uno ha muerto.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;&amp;nbsp;—¿Quién ha muerto?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;&amp;nbsp;—El viejo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;&amp;nbsp;—¿Y el hijo?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;&amp;nbsp;—No le ha pasado nada.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;&amp;nbsp;—¡Es el colmo! ¿ Y no le echó una mano al viejo?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;&amp;nbsp;—Fue el padre el que lo empujó a un lado.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;&amp;nbsp;—Cada vez salen peores. ¡Criar hijos para esto!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;&amp;nbsp;—-Es mejor no decir tonterías, si no se sabe bien lo que ha pasado.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;&amp;nbsp;—¿Quién dice tonterías?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;&amp;nbsp;—Yo con usted no discuto.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;&amp;nbsp;—¡Se han llevado al niño!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;&amp;nbsp;—¿También había un niño?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;&amp;nbsp;Llegaba más gente.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;&amp;nbsp;—¡No empujen!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;&amp;nbsp;—¿Le he empujado yo?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;&amp;nbsp;—Aquí no hay nada que ver. ¡Vamos, circulen!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;&amp;nbsp;Desde fuera del corro, unos tiraban del brazo a los que estaban en él. El brazalete rojo los identificaba como miembros del equipo de propaganda de seguridad vial, y eran aún más agresivos que los guardias.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;&amp;nbsp;El conductor fue empujado al interior del coche de la policía. Se resistía, mirando atrás, pero al final la puerta se cerró tras él. Unos se alejaron a pie y otros se fueron en sus bicicletas. El grupo de curiosos comenzaba a disminuir, pero aún había alguno que paraba su bicicleta o se acercaba desde la acera para informarse de lo ocurrido. La larga caravana de turismos, minibuses, jeeps y autocares que, encabezada por el trolebús, se había formado a este lado de la calzada pasó lentamente junto al cochecito volcado sobre la boca de alcantarilla cubierto con un toldo de cuadros rojos y azules hecho pedazos. La mayoría de los que estaban de pie en las escaleras del taller habían entrado en él o se habían marchado. Cuando hubo pasado la caravana, un policía que se hallaba en medio del grupo menguante de curiosos midió las distancias con una cinta métrica mientras otro hacía anotaciones en su cuadernillo. El charco de sangre que había bajo la rueda comenzaba a coagularse y a tornarse oscuro. Las puertas del autobús seguían abiertas; sentada junto a una de las ventanillas, la otra cobradora miraba con expresión ausente hacia el carril de este lado. Las caras en las ventanillas de los trolebuses que venían de frente por el carril opuesto miraban hacia fuera, y algunos pasajeros sacaban medio cuerpo para ver mejor. El número de peatones y ciclistas aumentó con la llegada de la hora de la salida del trabajo, la de mayor afluencia de tráfico, pero los gritos disuasorios de los policías y los miembros del equipo de propaganda de seguridad vial impedían toda aglomeración en mitad de la calzada.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;&amp;nbsp;—¿Ha habido un choque?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;&amp;nbsp;—¿Ha habido muertos?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;&amp;nbsp;—Seguro que sí, con toda esa sangre.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;&amp;nbsp;—Anteayer hubo otro accidente en la calle Jiankang; un muchacho de apenas dieciséis años. Lo llevaron al hospital, pero no pudieron salvarlo; era, decían, hijo único.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;&amp;nbsp;—¿Hay, en estos tiempos, familias que no sean de hijo único?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;&amp;nbsp;—¿Y cómo vivirán los padres después de esto?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;&amp;nbsp;—Si no solucionan el problema del tráfico, seguirá habiendo accidentes.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;&amp;nbsp;—Demasiados hay.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;&amp;nbsp;—La angustia que paso todos los días a la salida de clase, cuando mi Zhiming aún no ha vuelto a casa...&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;&amp;nbsp;—Y eso que el suyo es varón, pues las hijas dan aún más preocupaciones a los padres.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;&amp;nbsp;—Mira, mira; saquemos una foto.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;&amp;nbsp;—Ya es demasiado tarde.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;&amp;nbsp;—¿Lo ha atropellado adrede?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;&amp;nbsp;—Quién sabe.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;&amp;nbsp;No parece haberse enganchado, pues lo ha pillado de lleno.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;&amp;nbsp;—Yo acabo de llegar.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;&amp;nbsp;Algunos conductores son muy agresivos y si no te apartas, les da igual.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;&amp;nbsp;—Y otros se desahogan matando por ahí a la gente; si te topas con ellos, desgracia segura.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;&amp;nbsp;—No se puede hacer nada, es el destino. En mi pueblo había un carpintero muy bueno, pero muy dado a la bebida, y una noche que volvía borracho como una cuba de una casa donde estaba haciendo unos arreglos, tropezó y tuvo la mala suerte de caer de cabeza sobre el filo de una piedra...&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;&amp;nbsp;—Pues a mí estos días, no sé por qué, me tiemblan los párpados.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;&amp;nbsp;—¿De qué ojo?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;&amp;nbsp;—Uno no puede andar por la calle absorto en sus cosas; ya te he visto varias veces...&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;&amp;nbsp;—No pasa nada.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;&amp;nbsp;—Cuando ocurre el accidente, ya no hay nada que hacer. Yo no soportaría...&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;&amp;nbsp;—¡Cuidado, que la gente nos mira!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;&amp;nbsp;Los dos enamorados se miraron y siguieron camino cogidos aún más estrechamente de la mano.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;&amp;nbsp;Habían terminado de fotografiar el lugar del siniestro. El policía que había hecho las mediciones esparció arena con una pala sobre la mancha de sangre. El viento había cesado por completo. Oscurecía. La cobradora que estaba sentada junto a la ventanilla contaba la recaudación con las luces encendidas. Un policía cargó los restos de la bicicleta en un coche. Dos de los de brazalete rojo cargaron también el cochecito volcado sobre la boca de alcantarilla y luego se fueron con los policías.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;&amp;nbsp;Debía de ser la hora de la cena. De pie al lado de la puerta, la cobradora, la única persona que quedaba en el lugar, miraba con impaciencia en todas direcciones a la espera del conductor enviado desde la terminal para hacerse cargo del vehículo. Sólo algún que otro transeúnte echaba una mirada al autobús vacío que, quién sabe por qué razón, permanecía estacionado en medio de la calzada. Era de noche, y ya nadie prestaba atención a la mancha de sangre invisible bajo la arenal gris que había delante del autobús.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;&amp;nbsp;Más tarde se encendieron las farolas de la calle, y en algún momento el autobús vacío se fue del lugar. Los coches siguieron circulando sin cesar en una u otra dirección como si nada hubiera pasado. Sin embargo, al filo de la medianoche, cuando en la calle apenas quedaban transeúntes, desde el cruce lejano flanqueado de semáforos refulgentes y el cartel en caracteres blancos sobre fondo azul fijado a una valla metálica que decía «Por su felicidad y por la de los demás, respete las normas de tráfico», se acercó con lentitud una camioneta de riego; el vehículo disminuyó la marcha al llegar al lugar del accidente y, aumentando la presión del chorro de agua, borró la mancha que quedaba sobre la calzada.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;&amp;nbsp;El trabajador de la limpieza ignoraba, probablemente, que en ese mismo lugar había ocurrido pocas horas antes un accidente en que un desdichado había perdido la vida.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;&amp;nbsp;Pero ¿quién era ese hombre? En esta ciudad de varios millones de habitantes, sólo los familiares y algunos conocidos debían de saberlo, y si no llevaba encima ningún documento que lo identificase, es probable que en ese instante ni siquiera tuvieran noticia de lo ocurrido. Su hijo —pues debía de ser su hijo— quizá pronunciase el nombre del padre al volver en sí. Y también tendría esposa. En el momento del suceso el hombre cumplía los deberes propios de una madre hacia su hijo, y por ello era buen padre y, posiblemente, buen marido; y, puesto que quería a su hijo, también debía de querer a su mujer. Mas ¿ella lo quería a él? Si lo quería, ¿por qué no cumplía con todos sus deberes de esposa? Quizá no era feliz; si no, ¿habría obrado tan atolondradamente? ¿Era quizá la indecisión uno de los puntos flacos de su carácter? ¿Estaba quizá dándole vueltas a algún conflicto irresoluble? En tal caso, estaba condenado sin remisión a tan gran infortunio. Pero si hubiese salido de casa un poco más tarde o se hubiese puesto en camino un poco antes, o si hubiese conducido algo más deprisa o algo más despacio después de recoger al hijo; o si la señora de la guardería le hubiese dicho un par de palabras más sobre su hijo, o si en el camino se hubiese encontrado con algún conocido y se hubiese parado a saludarlo, no le habría ocurrido ninguna desgracia. Ésta no habría sido, en modo alguno, inevitable, y si no padecía alguna enfermedad incurable, podría haber esperado tranquilo la muerte. Nadie puede sustraerse a la muerte, pero sí evitar una muerte prematura. Mas, de no haber muerto en el accidente, ¿dónde habría muerto? En esta ciudad son inevitables los accidentes; en realidad, no hay ciudad que haya logrado eliminarlos. La muerte por accidente de tráfico es una posibilidad presente en todas las ciudades, y aunque esta posibilidad sea de un uno por millón, en una gran ciudad como esta todos los días hay algún desdichado que la padece. Él era uno de esos desdichados. ¿Habría presentido la desgracia? ¿Qué pensó en el momento justo en que le sobrevino? Quizá no tuvo tiempo de pensar en nada, ni de comprender la inmensa desgracia que se abatía sobre su cabeza, la peor de las desgracias que podían acontecerle. Aunque sólo fuese ese uno de entre un millón, un minúsculo grano de arena. Sin embargo, es evidente que al filo de la muerte pensó en su hijo —demos por hecho que era su hijo—; ¿no había demostrado gran nobleza con su propio sacrificio? ¿O quizá no fue sólo cuestión de nobleza y también había intervenido en cierta medida el instinto? El instinto paterno. Siempre se habla del instinto materno, pero también hay madres que abandonan a sus hijos. Inmolarse por un hijo es, ciertamente, prueba de nobleza. Pero podría haber evitado su propia inmolación: si hubiese salido de casa un poco antes o se hubiese puesto en camino un poco más tarde, si no hubiese estado tan aturdido en ese momento, si hubiese sido un hombre libre de preocupaciones, si no hubiese sido una persona indecisa, o incluso si hubiese sido más ágil. La suma de todos estos factores lo había conducido a la muerte, y su desgracia ha sido inevitable. Ya volvemos a hablar de filosofía; pero la vida no es filosofía, aunque la filosofía provenga del conocimiento de la vida. Tampoco habría que incluir en las estadísticas los accidentes de coche que ocurren en la vida, pues son incumbencia de los departamentos que gestionan el tráfico o de la policía. Pueden, claro es, convertirse en noticia en un periódico modesto. O ser utilizados como material literario, un material que, pasado por el tamiz de la imaginación y retocado aquí y allá, acabe conformando una historia conmovedora. En tal caso pertenecerían al ámbito de la creación. Pero lo que aquí aparece descrito es el proceso real de un accidente, un accidente cualquiera ocurrido a las cinco de la tarde enfrente de un taller de reparación de aparatos de radio de la calle Desheng&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="color: windowtext; font-size: 12.0pt;"&gt;.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3548118816540812343-8064552437682533141?l=labibliotecadeorem.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://labibliotecadeorem.blogspot.com/feeds/8064552437682533141/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://labibliotecadeorem.blogspot.com/2009/11/gao-xingjian-el-accidente.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3548118816540812343/posts/default/8064552437682533141'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3548118816540812343/posts/default/8064552437682533141'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://labibliotecadeorem.blogspot.com/2009/11/gao-xingjian-el-accidente.html' title='GAO XINGJIAN – EL ACCIDENTE'/><author><name>Oscar Ramirez</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01639867369597054961</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://3.bp.blogspot.com/_pfR_MWacXOM/TK6SmX_JI5I/AAAAAAAAAnk/ZY_aPfF6Lp4/S220/Copia+de+IMG0481A.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3548118816540812343.post-6295151083612588890</id><published>2009-11-04T06:50:00.000-08:00</published><updated>2009-11-04T06:57:31.108-08:00</updated><title type='text'>SALVADOR SALAZAR ARRUE – LA BOTIJA</title><content type='html'>&lt;div class="MsoNormal" style="background: white; text-align: justify; text-indent: 36.0pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-indent: 0px;"&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size: 12.0pt; mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;José Pashaca era un cuerpo tirado en un cuero; el cuero era un cuero tirado en un rancho; el rancho era un rancho tirado en una ladera.&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12.0pt;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size: 12.0pt; mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;Petrona Pulunto era la &lt;i&gt;nana &lt;/i&gt;de aquella boca:&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12.0pt;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size: 12.0pt; mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;—¡Hijo: abrí los ojos; ya hasta la color de que los tenés se me olvidó!&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12.0pt;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size: 12.0pt; mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;José Pashaca pujaba, y a lo mucho encogía la pata.&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12.0pt;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size: 12.0pt; mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;—¿Qué quiere, mama?&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12.0pt;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size: 12.0pt; mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;—¡Qués nicesario que tioficiés en algo, ya tas indio entero!&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12.0pt;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size: 12.0pt; mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;—¡Agüén!...&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12.0pt;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size: 12.0pt; mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;Algo se regeneró el holgazán: de dormir pasó a estar triste, boste­zando.&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12.0pt;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size: 12.0pt; mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;Un día entró Ulogío Isho con un &lt;i&gt;cuenterete. &lt;/i&gt;Era un como sapo de pie­dra, que se había hallado arando. Tenía el sapo un collar de pelotitas y tres hoyos: uno en la boca y dos en los ojos.&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12.0pt;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size: 12.0pt; mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;—¡Qué feyo este baboso! —llegó diciendo. Se carcajeaba—; ¡mera­mente el tuerto Cande!...&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12.0pt;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size: 12.0pt; mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;Y lo dejó, para que jugaran los cipotes de &lt;st1:personname productid="la Mar￭a Elena." w:st="on"&gt;la  María Elena.&lt;/st1:personname&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12.0pt;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size: 12.0pt; mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;Pero a los dos días llegó el anciano Bashuto, y en viendo el sapo dijo:&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12.0pt;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size: 12.0pt; mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;—Estas cositas son obra denantes, de los agüelos de nosotros. En las aradas se incuentran catizumbadas. También se hallan botijas llenas dioro.&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12.0pt;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size: 12.0pt; mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;José Pashaca se dignó arrugar el pellejo que tenía entre los ojos, allí donde los demás llevan la frente.&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12.0pt;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size: 12.0pt; mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;—¿Cómo es eso, ño Bashuto?&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12.0pt;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size: 12.0pt; mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;Bashuto se desprendió del puro, y tiró por un lado una escupida gran­de como un &lt;i&gt;caite, &lt;/i&gt;y así sonora.&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12.0pt;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size: 12.0pt; mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;—Cuestiones de la suerte, hombre. Vos vas arando y ¡plosh!, derrepente pegás en la &lt;i&gt;huaca, &lt;/i&gt;y yastuvo; tihacés de plata.&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12.0pt;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size: 12.0pt; mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;—¡Achís!, ¿en veras, ño Bashuto?&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12.0pt;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size: 12.0pt; mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;—¡Comolóis!&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12.0pt;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size: 12.0pt; mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;Bashuto se prendió al puro con toda la fuerza de sus arrugas, y se fue en humo. &lt;i&gt;Enseguiditas &lt;/i&gt;contó mil hallazgos de &lt;i&gt;botijas, &lt;/i&gt;todos los cuales "él bía prisenciado con estos ojos". Cuando se fue, se fue sin darse cuenta de que, de lo dicho, dejaba las cáscaras.&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12.0pt;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size: 12.0pt; mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;Como en esos días se murió &lt;st1:personname productid="la Petrona Pulunto" w:st="on"&gt;la  Petrona Pulunto&lt;/st1:personname&gt;, José levantó la boca y la llevó caminando por la vecindad, sin resultados nutritivos. Comió majonchos robados, y se decidió a buscar botijas. Para ello, se puso a la cola de un arado y empujó. Tras la reja iban arando sus ojos. Y así fue como José Pashaca llegó a ser el indio más holgazán y a la vez el más laborioso de todos los del lugar. Trabajaba sin trabajar —por lo menos sin darse cuenta— y trabajaba tanto, que las horas coloradas le hallaban siempre sudoroso, con la mano en la mancera y los ojos en el surco.&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12.0pt;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size: 12.0pt; mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;Piojo de las lomas, caspeaba ávido la tierra negra, siempre mirando al suelo con tanta atención, que parecía como si entre los borbollos de tierra hubiera ido dejando sembrada el alma. Pa que nacieran perezas; porque eso sí, Pashaca se sabía el indio más sin oficio del valle. Él no trabajaba. Él buscaba las botijas llenas de bambas doradas, que hacen "¡plocosh!" cuando la reja las topa, y vomitan plata y oro, como el agua del charco cuando el sol comienza a &lt;i&gt;ispiar &lt;/i&gt;detrás de lo &lt;i&gt;del ductor Martínez, &lt;/i&gt;que son los llanos que topan al cielo.&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12.0pt;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size: 12.0pt; mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;Tan grande como él se hacía, así se hacía de grande su obsesión. La ambición más que el hambre, le había parado del cuero y lo había empu­jado a las laderas de los cerros; donde aró, aró, desde la gritería de los gallos que se tragan las estrellas, hasta la hora en que el güas ronco y lúgubre, parado en los ganchos de la ceiba, &lt;i&gt;puya &lt;/i&gt;el silencio con sus gri­tos destemplados.&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12.0pt;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size: 12.0pt; mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;Pashaca se peleaba las lomas. El patrón, que se asombraba del mila­gro que hiciera de José el más laborioso colono, dábale con gusto y sin medida luengas tierras, que el indio soñador de tesoros rascaba con el ojo presto a dar aviso en el corazón, para que éste cayera sobre la botija como un trapo de amor y ocultamiento. Y Pashaca sembraba, por fuerza, por­que el patrón exigía los censos. Por fuerza también tenía Pashaca que cosechar, y por fuerza que cobrar el grano abundante de su cosecha, cuyo producto iba guardando despreocupadamente en un hoyo del rancho, &lt;i&gt;por siacaso.&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12.0pt;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size: 12.0pt; mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;Ninguno de los colonos se sentía con hígado suficiente para llevar a cabo una labor como la de José. "Es el hombre de jierro", decían; "ende que le entró asaber qué, se propuso hacer pisto. Ya tendrá una buena huaca..."&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12.0pt;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size: 12.0pt; mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;Pero José Pashaca no se daba cuenta de que, en realidad, tenía &lt;i&gt;huaca. &lt;/i&gt;Lo que él buscaba sin desmayo era una &lt;i&gt;botija, &lt;/i&gt;y siendo como se decía que las enterraban en las aradas, allí por fuerza la &lt;i&gt;incontraría &lt;/i&gt;tarde o temprano.&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12.0pt;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size: 12.0pt; mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;Se había hecho no sólo trabajador, al ver de los vecinos, sino hasta generoso. En cuanto tenía un día de no poder arar, por no tener tierra cedi­da, les ayudaba a los otros, les mandaba descansar y se quedaba arando por ellos. Y lo hacía bien: los surcos de su reja iban siempre pegaditos, &lt;i&gt;chachados y projundos, &lt;/i&gt;que daban gusto.&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12.0pt;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size: 12.0pt; mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;—¡Onde te metés, babosada! —pensaba el indio sin darse por venci­do—: Y tei de topar, aunque no querrás, así mihaya de tronchar en los sur­cos.&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12.0pt;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size: 12.0pt; mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;Y así fue; no lo del encuentro, sino lo de la tronchada.&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12.0pt;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size: 12.0pt; mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;Un día, a la hora en que se &lt;i&gt;verdeya &lt;/i&gt;el cielo y en que los ríos se hacen rayas blancas en los llanos, José Pashaca se dio cuenta de que ya no había &lt;i&gt;botijas. &lt;/i&gt;Se lo avisó un desmayo con calentura; se dobló en la mancera; los bueyes se fueron parando, como si la reja se hubiera enredado en el rai­zal de la sombra. Los hallaron negros, contra el cielo claro, &lt;i&gt;"voltiando a ver al indio embruecado, y resollando el viento oscuro".&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12.0pt;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size: 12.0pt; mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;José Pashaca se puso malo. No quiso que naide lo cuidara. &lt;i&gt;"Dende que bía finado &lt;st1:personname productid="la Petrona" w:st="on"&gt;la Petrona&lt;/st1:personname&gt;, vivía ingrimo en su rancho ".&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12.0pt;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size: 12.0pt; mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;Una noche, haciendo &lt;i&gt;fuerzas de tripas, &lt;/i&gt;salió sigiloso llevando, en un cántaro viejo, su &lt;i&gt;huaca. &lt;/i&gt;Se agachaba detrás de los &lt;i&gt;matochos &lt;/i&gt;cuando &lt;i&gt;óiba &lt;/i&gt;ruidos, y así se estuvo haciendo un hoyo con la &lt;i&gt;cuma. &lt;/i&gt;Se quejaba a ratos, rendido, pero luego seguía con brío su tarea. Metió en el hoyo el cántaro, lo tapó bien tapado, borró todo rastro de tierra removida; y alzando sus brazos de bejuco hacia las estrellas, dejó ir liadas en un suspiro estas pala­bras:&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12.0pt;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size: 12.0pt; mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;—¡Vaya: pa que no se diga que ya nuai botijas en las aradas!...&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12.0pt;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3548118816540812343-6295151083612588890?l=labibliotecadeorem.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://labibliotecadeorem.blogspot.com/feeds/6295151083612588890/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://labibliotecadeorem.blogspot.com/2009/11/salvador-salazar-arrue-la-botija.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3548118816540812343/posts/default/6295151083612588890'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3548118816540812343/posts/default/6295151083612588890'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://labibliotecadeorem.blogspot.com/2009/11/salvador-salazar-arrue-la-botija.html' title='SALVADOR SALAZAR ARRUE – LA BOTIJA'/><author><name>Oscar Ramirez</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01639867369597054961</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://3.bp.blogspot.com/_pfR_MWacXOM/TK6SmX_JI5I/AAAAAAAAAnk/ZY_aPfF6Lp4/S220/Copia+de+IMG0481A.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3548118816540812343.post-3460574874640248641</id><published>2009-11-04T06:49:00.000-08:00</published><updated>2009-11-05T08:17:48.806-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Saki'/><title type='text'>SAKI – EL HUEVO DE PASCUA</title><content type='html'>&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size: 12pt;"&gt;Era evidente que a lady Barbara, mujer de buena cepa luchadora y una de las más aguerridas de su generación, le resultaba un trago amargo la cobardía sin recato de su hijo. No importa qué otras virtudes haya poseído Lester Slaggby —y en algunos aspectos era encantador—, nadie jamás lo habría tildado de valiente. Cuando niño, había sufrido de timidez infantil; cuando muchacho, de temores no muy varoniles; y ya hecho todo un hombre, había cambiado los miedos irracionales por otros todavía más tremendos, ya que sus fundamentos eran meticulosamente razonados. Les tenía un sincero pavor a los animales, las armas de fuego lo ponían nervioso y nunca atravesaba el canal de &lt;st1:personname productid="La Mancha" w:st="on"&gt;La Mancha&lt;/st1:personname&gt; sin calcular la relación numérica entre los salvavidas y los pasajeros. Cuando iba a caballo parecía necesitar tantos brazos como un dios hindú: por lo menos cuatro para agarrarse de las riendas y otros dos para tranquilizar al caballo con palmaditas en el cuello. Lady Barbara había dejado de fingir que no veía la principal flaqueza de su hijo; con su habitual valor hacía frente a esta verdad y, como toda madre, no lo quería menos por eso.&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size: 12pt;"&gt;Los viajes por el continente, con tal que fuera lejos de las grandes rutas turísticas, eran una de las aficiones predilectas de lady Barbara; y Lester la acompañaba todas las veces que podía. Ella solía pasar las Pascuas en Knobaltheim, un pueblo alto de uno de los diminutos principados que manchan con pecas insignificantes el mapa de &lt;st1:personname productid="la Europa Central." w:st="on"&gt;la Europa Central.&lt;/st1:personname&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size: 12pt;"&gt;El largo trato con la familia reinante la convertía en un personaje de merecida importancia ante los ojos de su viejo amigo el burgomaestre; de modo que fue consultada por el ansioso dignatario con motivo de la magna ocasión en que el príncipe dejó saber sus intenciones de acudir en persona a inaugurar un sanatorio en las afueras de la villa. Se habían dispuesto todos los detalles de costumbre para un programa de recepción, algunos fatuos y trillados, otros pintorescos y llenos de encanto, pero el burgomaestre tenía la esperanza de que la ingeniosa dama inglesa resultara con un aporte novedoso y de buen tono en lo tocante a un saludo que diera prueba de lealtad. El mundo exterior, si acaso se tomaba la molestia, consideraba al príncipe un reaccionario de la vieja guardia que combatía el progreso moderno, por así decirlo, con una espada de madera. Para su pueblo era un viejo y bondadoso caballero, dueño de cierta majestad cautivadora en la que no había ni pizca de altivez. Knobaltheim deseaba lucirse. Lady Barbara discutió el asunto con Lester y uno o dos conocidos en el pequeño hostal donde se habían alojado, pero no se les ocurría nada en particular.&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size: 12pt;"&gt;—¿Puedo sugerir algo a la &lt;i&gt;gnädige Frau&lt;/i&gt;?&lt;i&gt; &lt;/i&gt;—preguntó una dama de tez cetrina y pómulos altos a quien la inglesa le había dirigido una o dos veces la palabra y a la que había clasificado como eslava del sur.&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size: 12pt;"&gt;—¿Puedo sugerir algo para la fiesta de recepción? —prosiguió, con una especie de tímida vehemencia—. A nuestro hijito, mírelo, nuestro bebito, le ponemos un vestidito blanco, con alitas, como un ángel pascual, y que lleve un gran huevo blanco de Pascua, y adentro va a estar lleno de huevos de chorlito, que le gustan tanto al príncipe, y se lo entrega a su alteza como ofrenda pascual. ¡Es una idea tan bonita! Lo vimos hacer en Estiria.&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size: 12pt;"&gt;Lady Barbara miró dudosa al candidato a angelito pascual, un niño blanco, de cara inexpresiva y de unos cuatro años. Lo había visto el día anterior en el hostal y le había intrigado bastante el hecho de que una criatura tan pelirrubia fuera hija de dos personas tan morenas como aquella mujer y su marido. Pensó que a lo mejor era adoptado, teniendo en cuenta que además no eran jóvenes.&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size: 12pt;"&gt;—Claro que &lt;i&gt;gnädige Frau &lt;/i&gt;escoltaría al niño en presencia del príncipe —prosiguió la mujer—; pero él se sabría comportar y hacer todo lo que se le diga.&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size: 12pt;"&gt;—Vamos haceg qui nos manden de Viena huevos frescos de choglito— dijo el marido.&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size: 12pt;"&gt;Tanto el pequeño como lady Barbara parecían igualmente apáticos ante la primorosa idea. Lester se opuso abiertamente, pero el burgomaestre se mostró encantado cuando lo enteraron al respecto. La mezcla de sentimentalismo y huevos de chorlito ejercía un poderoso atractivo sobre su mente teutónica.&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size: 12pt;"&gt;En aquella fecha memorable el ángel pascual, en un traje realmente bonito y pintoresco, fue centro del afable interés de la engalanada compañía que esperaba en orden a su alteza. La madre estuvo muy discreta y menos cargante de lo que la mayoría de las madres habrían estado en similares circunstancias, limitándose a estipular que ella misma debía colocar el huevo de Pascua en los bracitos que con tanto cuidado habían sido adiestrados para llevar la preciosa carga. Hecho esto, lady Barbara avanzó, con el niño marchando impasible y con torva decisión al lado suyo. Le habían prometido montones de tortas y confites si entregaba el huevo con toda corrección y reverencia al viejo y bondadoso caballero que lo aguardaba para recibirlo. Lester había tratado de comunicarle en privado que lo esperaban horribles bofetones si fallaba en lo que le tocaba de aquel acto, pero es dudoso que su alemán hubiese producido algo más que una pasajera desazón. Lady Barbara había tomado la precaución de llevar consigo una reserva de emergencia de bombones de chocolate: los niños pueden ser oportunistas, pero no son amigos de los pagos a largo plazo. Cerca del regio estrado lady Barbara se apartó con discreción y el infante de rostro imperturbable avanzó solo, con paso tambaleante pero decidido, alentado por el murmullo de aprobación de los adultos. Lester, que se encontraba en la primera fila de espectadores, se dio vuelta para buscar entre la multitud las caras radiantes de los felices padres. En un camino lateral que conducía a la estación divisó un coche; y entrando en él, con claras señas de clandestina prisa, vio a la pareja de rostros morenos que se habían mostrado tan verosímilmente entusiasmados con la "idea primorosa". El aguzado instinto de la cobardía le iluminó la situación en un relámpago. Sintió el rugido de la sangre que le bullía en la cabeza, como si en sus venas y arterias se hubieran abierto miles de compuertas y su cerebro fuera el canal en donde desaguaban todos los torrentes. Todo a su alrededor se puso borroso. Luego la sangre empezó a bajar en rápidas oleadas, hasta que el propio corazón le pareció escurrido y hueco, y se quedó plantado allí, mirando apabullada, desesperada y estúpidamente al niño que llevaba la maldita carga con pasos lentos e implacables, cada vez más cerca del grupo de personas que como borregos se aprestaban para recibirlo. Una curiosidad hipnótica obligó a Lester a volver otra vez la cabeza hacia los fugitivos: el coche había arrancado a toda marcha con rumbo a la estación.&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size: 12pt;"&gt;Un momento después Lester corrió, corrió más rápido de lo que ninguno de los allí presentes había visto correr a una persona... y no lo hizo para huir. En ese único instante de su vida se vio movido por un impulso desacostumbrado, algún eco de su estirpe, y se precipitó sin vacilar hacia el peligro. Se arrojó sobre el huevo de Pascua y lo agarró como quien arrebata una pelota en el juego de rugby. No había pensado qué hacer con él; la cosa era echarle mano. Pero al niño le habían prometido tortas y confites si lo entregaba intacto en manos del viejo y bondadoso caballero. No emitió un solo grito, pero se prendió de su encargo como una lapa. Lester cayó de rodillas, tirando ferozmente de la carga que el chico apretaba sin ceder, al tiempo que los escandalizados espectadores dejaban escapar exclamaciones airadas. Un corro inquisitivo y amenazador los rodeó, pero echó para atrás cuando él gritó la palabra pavorosa. Lady Barbara escuchó esta palabra y vio a la multitud salir en desbandada como ovejas; vio al príncipe, a quien los escoltas alejaban a la fuerza; y vio también a su hijo, postrado en la agonía de un terror aplastante, su amago de valor frustrado por la inesperada resistencia del niño, todavía agarrado desesperadamente, como si en ello fuera su salvación, de aquella chuchería satinada, incapaz siquiera de arrastrarse lejos, sólo capaz de gritar y gritar y gritar. Tuvo la vaga conciencia de que a la abyecta vergüenza que humillaba a su hijo contraponía mentalmente, o trataba de hacerlo, el acto único de urgente valentía que lo había lanzado grandiosa y descabelladamente al foco del peligro. Pero sólo por un segundo estuvo contemplando las dos figuras entrelazadas: el niño con su cara terca e impasible y el cuerpo tenso por la obstinada resistencia, y el joven desmadejado y casi muerto ya de un pavor que ahogaba sus gritos; y sobre ellos las largas banderolas de gala que flameaban alegremente bajo la luz del sol. Nunca pudo olvidar aquella escena. Claro que fue la última que vio.&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size: 12pt;"&gt;Lady Barbara exhibe las muchas cicatrices y los ojos ciegos de su rostro con el coraje de toda la vida, pero en determinadas fechas sus amigos tienen cuidado de no mencionar en su presencia el infantil símbolo de &lt;st1:personname productid="la Pascua." w:st="on"&gt;la Pascua.&lt;/st1:personname&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3548118816540812343-3460574874640248641?l=labibliotecadeorem.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://labibliotecadeorem.blogspot.com/feeds/3460574874640248641/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://labibliotecadeorem.blogspot.com/2009/11/saki-el-huevo-de-pascua.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3548118816540812343/posts/default/3460574874640248641'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3548118816540812343/posts/default/3460574874640248641'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://labibliotecadeorem.blogspot.com/2009/11/saki-el-huevo-de-pascua.html' title='SAKI – EL HUEVO DE PASCUA'/><author><name>Oscar Ramirez</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01639867369597054961</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://3.bp.blogspot.com/_pfR_MWacXOM/TK6SmX_JI5I/AAAAAAAAAnk/ZY_aPfF6Lp4/S220/Copia+de+IMG0481A.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3548118816540812343.post-5000436152108877190</id><published>2009-11-04T06:48:00.002-08:00</published><updated>2009-11-05T08:19:10.200-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Saki'/><title type='text'>SAKI – SREDNI VASHTAR</title><content type='html'>&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size: 12pt;"&gt;Conradin tenía diez años de edad, y la opinión profesional del médico era la de que el niño no viviría otros cinco. El médico era zalamero e inepto, y no valía mayor cosa, pero su opinión recibía el respaldo de la señora De Ropp, quien valía por casi todo. La señora De Ropp era prima y tutora de Conradin, y representaba para él esas tres quintas partes del mundo que son necesarias, desagradables y reales; las otras dos quintas partes, en perpetuo antagonismo con las anteriores, se resumían en él y en su imaginación. Conradin suponía que un día de estos acabaría sucumbiendo al yugo de las pesadas cosas necesarias, tales como las enfermedades, los mimos restrictivos y el prolongado aburrimiento. Sin su imaginación, desbocada bajo el acicate de la soledad, habría sucumbido tiempo atrás. Ni siquiera en sus ratos de mayor honestidad la señora De Ropp se habría confesado que le tenía aversión a Conradin, aunque acaso columbrara que el deber de frustrarlo "por su bien" no le resultaba particularmente molesto. Conradin la odiaba con una sinceridad desesperada que sabía disimular a la perfección. Los escasos placeres que se ingeniaba para procurarse ganaban un gustillo adicional por el hecho de que probablemente habrían desagradado a su tutora; y la tenía expulsada del reino de su imaginación, a esa cosa impura que allí jamás encontraría cabida.&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size: 12pt;"&gt;En el sombrío e inhóspito jardín, vigilado por tantas ventanas siempre prontas a abrirse y soltar la advertencia de no hacer esto o aquello, o el aviso de que era hora de tomar la medicina, hallaba él escasos atractivos. Los pocos árboles frutales que encerraba estaban celosamente vedados a sus manos, como si fueran raros especimenes que florecieran en un yermo; si bien quizás habría costado encontrar un verdulero dispuesto a ofrecer diez chelines por la cosecha de todo el año. Sin embargo, en un rincón perdido y casi oculto tras unos setos desmayados, había un cobertizo en desuso de considerables dimensiones; y bajo su techo Conradin encontraba refugio, algo que asumía los diversos visos de un cuarto de juegos y de una catedral. Lo había poblado con una legión de fantasmas familiares, sacados en parte de episodios históricos y en parte de su propia mente, pero el lugar también hacía gala de dos inquilinos de carne y hueso. En un rincón vivía una gallina de Houdan de plumaje alborotado, a la que el niño prodigaba un afecto que a duras penas encontraba más salidas. Más al fondo, en la penumbra, había una amplia jaula dividida en dos compartimientos, uno de los cuales tenía al frente unas barras de hierro muy cerradas. Ésta era la morada de un gran hurón que su amigo el recadero de la carnicería había entrado de contrabando, con jaula y todo, a cambio de una reserva de monedas de plata atesoradas durante largo tiempo. Conradin le tenía pavor a la elástica fiera de colmillos agudos, aun cuando era su más preciada posesión. Su sola presencia en el cobertizo era motivo de una terrible y secreta alegría, que debía ocultar con sumo cuidado a &lt;st1:personname productid="La Mujer" w:st="on"&gt;La  Mujer&lt;/st1:personname&gt;, como en secreto apodaba a la prima. Y un día, sabrá el cielo a partir de qué materia, hiló para la bestia un nombre fabuloso, y desde ese momento ésta adquirió la talla de un dios y una religión. &lt;st1:personname productid="La Mujer" w:st="on"&gt;La Mujer&lt;/st1:personname&gt; se entregaba a las prácticas religiosas una vez por semana en una iglesia de la vecindad, y llevaba con ella a Conradin, aunque el oficio litúrgico a él le parecía un rito ajeno en el templo de una divinidad asiria. Todos los jueves, en el mustio silencio del cobertizo, rendía un místico y complicado culto frente a la jaula de madera que habitaba Sredni Vashtar, el gran hurón. Ofrecía ante este santuario flores rojas cuando era la estación y bayas escarlatas en invierno, pues este dios ponía especial énfasis en la cara feroz e intolerante de las cosas; al contrario de la religión de &lt;st1:personname productid="La Mujer" w:st="on"&gt;La Mujer&lt;/st1:personname&gt;, que, hasta donde observaba Conradin, llegaba a extremos en la dirección opuesta. Y en las grandes festividades esparcía polvo de nuez moscada frente a su jaula, siendo parte importante de la ofrenda el hecho de que la nuez moscada tenía que ser robada. Estas festividades ocurrían con irregularidad y eran decretadas principalmente para celebrar algún suceso transitorio. En cierta ocasión, cuando la señora De Ropp padeció un agudo dolor de muelas por tres días seguidos, Conradin guardó las fiestas durante el mismo tiempo, llegando casi a convencerse de que Sredni Vashtar era en persona responsable del dolor de muelas. De haber durado el mal un día más, las existencias de nuez moscada se habrían agotado.&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size: 12pt;"&gt;La gallina de Houdan nunca fue involucrada en el culto de Sredni Vashtar. Conradin había decidido hacía mucho que ella era anabaptista. No pretendía tener la más remota idea de lo que era un anabaptista, pero abrigaba la esperanza de que fuera una cosa flamante y no muy respetable. La señora De Ropp era el cimiento sobre el cual él basaba su odio por toda respetabilidad.&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size: 12pt;"&gt;Pasado cierto tiempo, la tutora comenzó a notar la obsesión de Conradin por el cobertizo. "No le conviene andar perdiendo el tiempo por allí a todas horas", decidió prontamente; y una mañana mientras desayunaban le anunció que la gallina de Houdan había sido vendida y que se la habían llevado por la noche. Atisbo a Conradin con sus ojos miopes, a la espera de una explosión de rabia y de dolor que estaba lista a sofocar con una descarga de excelentes preceptos y razones. Pero Conradin no dijo nada: no había nada qué decir. Quizás algo en su rostro empedernido y pálido le produjo un remordimiento pasajero, pues esa tarde a la hora del té hubo tostadas en la mesa, manjares prohibidos por regla general, sobre el supuesto de que le hacían daño; y también porque hacerlas "daba trabajo", mortal ofensa para una mujer de clase media.&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size: 12pt;"&gt;—Creía que te gustaban las tostadas —exclamó, con expresión herida, al notar que no las tocaba.&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size: 12pt;"&gt;—A veces —dijo Conradin.&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size: 12pt;"&gt;Esa tarde hubo en el cobertizo una innovación en el culto del dios enjaulado. Conradin solía cantarle alabanzas; esta noche le pidió una merced.&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size: 12pt;"&gt;—Te pido una cosa, Sredni Vashtar.&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size: 12pt;"&gt;No especificó qué cosa. Puesto que Sredni Vashtar era un dios, le correspondía saberlo. Y ahogando un sollozo cuando miró al otro rincón vacío, Conradin regresó al mundo que tanto detestaba.&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size: 12pt;"&gt;Y cada noche, en la acogedora oscuridad de su alcoba, y todas las tardes, en la penumbra del cobertizo, se elevaba la amarga letanía de Conradin: "Te pido una cosa, Sredni Vashtar".&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size: 12pt;"&gt;La señora De Ropp notó que las visitas al cobertizo no habían cesado, y un día realizó otro viaje de inspección.&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size: 12pt;"&gt;—¿Qué cosa guardas en esa jaula con candado? —preguntó—. Creo que son conejillos de Indias. Voy a hacer que se los lleven a todos.&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size: 12pt;"&gt;Conradin apretó los labios, pero &lt;st1:personname productid="La Mujer" w:st="on"&gt;La Mujer&lt;/st1:personname&gt; registró su cuarto hasta encontrar la llave que éste había escondido con cuidado, y de inmediato bajó al cobertizo, con el fin de completar el descubrimiento. Era una tarde fría y Conradin había sido conminado a mantenerse dentro de la casa. Desde la última ventana del comedor se alcanzaba a ver la puerta del cobertizo tras la esquina del seto, y allí se apostó Conradin. Vio entrar a &lt;st1:personname productid="La Mujer" w:st="on"&gt;La Mujer&lt;/st1:personname&gt;, y luego la imaginó abriendo la puerta de la jaula sagrada y escudriñando con sus ojos miopes el fondo con el tupido lecho de paja donde se agazapaba su deidad. Tal vez, en su torpe impaciencia, se le iba a ocurrir hurgar la paja. Entonces Conradin murmuró por última vez su ferviente oración. Pero al rezar sabía que le faltaba convicción. Sabía que &lt;st1:personname productid="La Mujer" w:st="on"&gt;La Mujer&lt;/st1:personname&gt; iba a salir dentro de poco con la sonrisa fruncida que él tanto odiaba pintada en el rostro, y que en una hora o dos el jardinero se llevaría a su maravilloso dios, no ya un dios, sino un simple hurón pardo en una jaula. Y sabía que &lt;st1:personname productid="La Mujer" w:st="on"&gt;La Mujer&lt;/st1:personname&gt; triunfaría siempre como triunfaba ahora, y que él se iría haciendo cada vez más enfermizo por culpa de su acoso, tiranía y sabihondez, hasta que un día ya nada le importara mayor cosa y la opinión del médico resultara ser cierta. Y en el tormento y miseria de su derrota comenzó a cantar en voz alta y desafiante el himno de su ídolo en peligro:&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-left: 97.5pt; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;i&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size: 12pt;"&gt;Sredni Vashtar salió al ataque,&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-left: 97.5pt; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;i&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size: 12pt;"&gt;sus pensamientos eran rojos, sus dientes eran blancos,&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-left: 97.5pt; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;i&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size: 12pt;"&gt;sus enemigos imploraban la paz, pero él les daba muerte.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-left: 97.5pt; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;i&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size: 12pt;"&gt;Sredni Vashtar, el Bello.&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size: 12pt;"&gt;Y entonces cortó en seco aquel cántico y se apretó contra el cristal de la ventana. La puerta del cobertizo seguía entreabierta y los minutos transcurrían. Eran largos minutos, pero así y todo transcurrían. Contempló los estorninos que corrían y revoloteaban en pequeñas bandas por el césped; los contó una y otra vez, sin quitar nunca el ojo de la puerta giratoria. Una sirvienta de cara avinagrada entró a poner la mesa para el té, y Conradin seguía allí de pie, esperando y mirando. La esperanza había calado poco a poco en su corazón, y ahora una chispa de triunfo empezaba a brillar en sus ojos, que hasta entonces sólo habían reflejado la melancólica resignación de la derrota. A media voz, con un furtivo regocijo, reanudó el himno de victoria y desolación. Y sus ojos al fin fueron recompensados: por la puerta salió un animal largo y bajo, entre amarillo y pardo, con ojos que parpadeaban a la luz del crepúsculo y negras manchas húmedas en la piel de las fauces y el pescuezo. Conradin se hincó de rodillas. El gran hurón caminó hasta el arroyo que corría por la parte baja del jardín, bebió allí por un momento y luego cruzó un puentecito de tablones y se perdió de vista entre los matorrales. Así partió Sredni Vashtar.&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size: 12pt;"&gt;—El té está listo —dijo la sirvienta de cara avinagrada—. ¿Dónde está la señora?&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size: 12pt;"&gt;—Hace un rato bajó al cobertizo —dijo Conradin.&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size: 12pt;"&gt;Y mientras la criada iba a buscar a su ama para el té, Conradin sacó del aparador un pincho de tostadas y procedió a tostarse una rebanada de pan. Y mientras la tostaba, le untaba abundante mantequilla y se regodeaba parsimoniosamente al masticarla, prestó atención a los ruidos y silencios que se sucedían como en ráfagas tras la puerta del comedor: el alarido estridente y ridículo de la criada, el coro de respuesta que se elevó lleno de exclamaciones de sorpresa desde el área de la cocina, los pasos atropellados y las presurosas embajadas para pedir ayuda afuera; y luego, después de una corta tregua, los sollozos de espanto y los pasos arrastrados de quienes transportaban una carga pesada al interior de la casa.&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size: 12pt;"&gt;—¿Quién se lo va a contar al niño? ¡Yo no podría, de ninguna manera! —exclamó una voz chillona.&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size: 12pt;"&gt;Y mientras discutían entre sí la cuestión, Conradin procedió a prepararse otra tostada.&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3548118816540812343-5000436152108877190?l=labibliotecadeorem.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://labibliotecadeorem.blogspot.com/feeds/5000436152108877190/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://labibliotecadeorem.blogspot.com/2009/11/saki-sredni-vashtar.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3548118816540812343/posts/default/5000436152108877190'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3548118816540812343/posts/default/5000436152108877190'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://labibliotecadeorem.blogspot.com/2009/11/saki-sredni-vashtar.html' title='SAKI – SREDNI VASHTAR'/><author><name>Oscar Ramirez</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01639867369597054961</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://3.bp.blogspot.com/_pfR_MWacXOM/TK6SmX_JI5I/AAAAAAAAAnk/ZY_aPfF6Lp4/S220/Copia+de+IMG0481A.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3548118816540812343.post-7574947677870603622</id><published>2009-11-04T06:48:00.000-08:00</published><updated>2009-11-04T12:32:03.899-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Julio Ramón Ribeyro'/><title type='text'>JULIO RAMÓN RIBEYRO - LOS GALLINAZOS SIN PLUMAS</title><content type='html'>&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;A las seis de la mañana la ciudad se levanta de puntillas y comienza a dar sus primeros pasos. Una fina niebla disuelve el perfil de los objetos y crea como una atmósfera encantada. Las personas que recorren la ciudad a esta hora parece que están hechas de otra sustancia, que pertenecen a un orden de vida fantasmal. Las beatas se arrastran penosamente hasta desaparecer en los pórticos de las iglesias. Los noctámbulos, macerados por la noche, regresan a sus casas envueltos en sus bufandas y en su melancolía. Los basureros inician por la avenida Pardo su paseo siniestro, armados de escobas y de carretas. A esta hora se ve también obreros caminando hacia el tranvía, policías bostezando contra los árboles, canillitas morados de frío, sirvientas sacando&amp;nbsp;los cubos de basura. A esta hora, por último, como a una especie de misteriosa consigna, aparecen los gallinazos sin plumas.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;A esta hora el viejo don Santos se pone la pierna de palo y sentándose en el colchón comienza a berrear:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;– ¡A levantarse! ¡Efraín, Enrique! ¡Ya es hora!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;Los dos muchachos corren a la acequia del corralón frotándose los ojos legañosos. Con la tranquilidad de la noche el agua se ha remansado y en su fondo transparente se ven crecer yerbas y deslizarse ágiles infusorios. Luego de enjuagarse la cara, coge cada cual su lata y se lanzan a la calle. Don Santos, mientras tanto, se aproxima al chiquero y con su larga vara golpea el lomo de su cerdo que se revuelca entre los desperdicios.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;¡Todavía te falta un poco, marrano! Pero aguarda no más, que ya llegará tu turno.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;Efraín y Enrique se demoran en el camino, trepándose a los árboles para arrancar moras o recogiendo piedras, de aquellas filudas que cortan el aire y hieren por la espalda. Siendo aún la hora celeste llegan a su dominio, una larga calle ornada de casas elegantes que desemboca en el malecón.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;Ellos no son los únicos. En otros corralones, en otros suburbios alguien ha dado la voz de alarma y muchos se han levantado. Unos portan latas, otros cajas de cartón, a veces sólo basta un periódico viejo. Sin conocerse forman una especie de organización clandestina que tiene repartida toda la ciudad. Los hay que merodean por los edificios públicos, otros han elegido los parques o los muladares. Hasta los perros han adquirido sus hábitos, sus itinerarios, sabiamente aleccionados por la miseria.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;Efraín y Enrique, después de un breve descanso, empiezan su trabajo. Cada uno escoge una acera de la calle. Los cubos de basura están alineados delante de las puertas. Hay que vaciarlos íntegramente y luego comenzar la exploración. Un cubo de basura es siempre una caja de sorpresas. Se encuentran latas de sardinas, zapatos viejos, pedazos de pan, pericotes muertos, algodones inmundos. A ellos sólo les interesa los restos de comida. En el fondo del chiquero, Pascual recibe cualquier cosa y tiene predilección por las verduras ligeramente descompuestas. La pequeña lata de cada uno se va llenando de tomates podridos, pedazos de sebo, extrañas salsas que no figuran en ningún manual de cocina. No es raro, sin embargo, hacer un hallazgo valioso. Un día Efraín encontró unos tirantes con los que fabricó una honda. Otra vez una pera casi buena que devoró en el acto. Enrique, en cambio, tiene suerte para las cajitas de remedios, los pomos brillantes, las escobillas de dientes usadas y otras cosas semejantes que colecciona con avidez.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;Después de una rigurosa selección regresan la basura al cubo y se lanzan sobre el próximo. No conviene demorarse mucho porque el enemigo siempre está al acecho. A veces son sorprendidos por las sirvientas y tienen que huir dejando regado su botín. Pero, con más frecuencia, es el carro de &lt;st1:personname productid="la Baja Polic￭a" w:st="on"&gt;la Baja Policía&lt;/st1:personname&gt; el que aparece y entonces la jornada está perdida.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;Cuando el sol asoma sobre las lomas, la hora celeste llega a su fin. La niebla se ha disuelto, las beatas están sumidas en éxtasis, los noctámbulos duermen, los canillitas han repartido los diarios, los obreros trepan a los andamios. La luz desvanece el mundo mágico del alba. Los gallinazos sin plumas han regresado a su nido.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;Don Santos los esperaba con el café preparado.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;–A ver, ¿qué cosa me han traído?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;Husmeaba entre las latas y si la provisión estaba buena hacía siempre el mismo comentario:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;– Pascual tendrá banquete hoy día.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;Pero la mayoría de las veces estallaba:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;– ¡Idiotas! ¿Qué han hecho hoy día? ¡Se han puesto a jugar seguramente! ¡Pascual se morirá de hambre!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;Ellos huían hacia el emparrado, con las orejas ardientes de los pescozones, mientras el viejo se arrastraba hasta el chiquero. Desde el fondo de su reducto el cerdo empezaba a gruñir. Don Santos le aventaba la comida.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;– ¡Mi pobre Pascual! Hoy día te quedarás con hambre por culpa de estos zamarros. Ellos no te engríen como yo. ¡Habrá que zurrarlos para que aprendan!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;Al comenzar el invierno el cerdo estaba convertido en una especie de monstruo insaciable. Todo le parecía poco y don Santos se vengaba en sus nietos del hambre del animal. Los obligaba a levantarse más temprano, a invadir los terrenos ajenos en busca de más desperdicios. Por último los forzó a que se dirigieran hasta el muladar que estaba al borde del mar.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;– Allí encontrarán más cosas. Será más fácil además porque todo está junto.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;Un domingo, Efraín y Enrique llegaron al barranco. Los carros de &lt;st1:personname productid="la Baja Polic￭a" w:st="on"&gt;la Baja Policía&lt;/st1:personname&gt;, siguiendo una huella de tierra, descargaban la basura sobre una pendiente de piedras. Visto desde el malecón, el muladar formaba una especie de acantilado oscuro y humeante, donde los gallinazos y los perros se desplazaban como hormigas. Desde lejos los muchachos arrojaron piedras para espantar a sus enemigos. El perro se retiró aullando. Cuando estuvieron cerca sintieron un olor nauseabundo que penetró hasta sus pulmones. Los pies se les hundían en un alto de plumas, de excrementos, de materias descompuestas o quemadas. Enterrando las manos comenzaron la exploración. A veces, bajo un periódico amarillento, descubrían una carroña devorada a medios. En los acantilados próximos los gallinazos espiaban impacientes y algunos se acercaban saltando de piedra en piedra, como si quisieran acorralarlos. Efraín gritaba para intimidarlos y sus gritos resonaban en el desfiladero y hacían desprenderse guijarros que rodaban hacía el mar. Después de una hora de trabajo regresaron al corralón con los cubos llenos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;– ¡Bravo! – exclamó don Santos –. Habrá que repetir esto dos o tres veces por semana.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;Desde entonces, los miércoles y los domingos, Efraín y Enrique hacían el trote hasta el muladar. Pronto formaron parte de la extraña fauna de esos lugares y los gallinazos, acostumbrados a su presencia, laboraban a su lado, graznando, aleteando, escarbando con sus picos amarillos, como ayudándoles a descubrir la pista de la preciosa suciedad.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;Fue al regresar de una de esas excursiones que Efraín sintió un dolor en la planta del pie. Un vidrio e había causado una pequeña herida. Al día siguiente tenía el pie hinchado, no obstante lo cual prosiguió su trabajo. Cuando regresaron no podía casi caminar, pero Don Santos no se percató de ello, pues tenía visita. Acompañado de un hombre gordo que tenía las manos manchadas de sangre, observaba el chiquero.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;– Dentro de veinte o treinta días vendré por acá – decía el hombre –. Para esa fecha creo que podrá estar a punto.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;Cuando partió, don Santos echaba fuego por los ojos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;– ¡A trabajar! ¡A trabajar! ¡De ahora en adelante habrá que aumentar la ración de Pascual! El negocio anda sobre rieles.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;A la mañana siguiente, sin embargo, cuando don Santos despertó a sus nietos, Efraín no se pudo levantar.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;– Tiene una herida en el pie – explicó Enrique –. Ayer se cortó con un vidrio.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;Don Santos examinó el pie de su nieto. La infección había comenzado.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;– ¡Esas son patrañas! Que se lave el pie en la acequia y que se envuelva con un trapo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;– ¡Pero si le duele! – intervino Enrique –. No puede caminar bien.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;Don Santos meditó un momento. Desde el chiquero llegaban los gruñidos de Pascual.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;– y ¿a mí? – preguntó dándose un palmazo en la pierna de palo –. ¿Acaso no me duele la pierna? Y yo tengo setenta años y yo trabajo... ¡Hay que dejarse de mañas!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;Efraín salió a la calle con su lata, apoyado en el hombro de su hermano. Media hora después regresaron con los cubos casi vacíos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;– ¡No podía más! – dijo Enrique al abuelo –. Efraín está medio cojo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;Don Santos observó a sus dos nietos como si meditara una sentencia.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;– Bien, bien – dijo rascándose la barba rala y cogiendo a Efraín del pescuezo lo arreó hacia el cuarto –. ¡Los enfermos a la cama! ¡A podrirse sobre el colchón! Y tú harás la tarea de tu hermano. ¡Vete ahora mismo al muladar!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;Cerca de mediodía Enrique regresó con los cubos repletos. Lo seguía un extraño visitante: un perro escuálido y medio sarnoso.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;– Lo encontré en el muladar – explicó Enrique – y me ha venido siguiendo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;Don Santos cogió la vara.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;– ¡Una boca más en el corralón!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;Enrique levantó al perro contra su pecho y huyó hacia la puerta.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;– ¡No le hagas nada, abuelito! Le daré yo de mi comida.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;Don Santos se acercó, hundiendo su pierna de palo en el lodo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;– ¡Nada de perros aquí! ¡Ya tengo bastante con ustedes!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;Enrique abrió la puerta de la calle.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;– Si se va él, me voy yo también.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;El abuelo se detuvo. Enrique aprovechó para insistir:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;– No come casi nada..., mira lo flaco que está. Además, desde que Efraín está enfermo, me ayudará. Conoce bien el muladar y tiene buena nariz para la basura.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;Don Santos reflexionó, mirando el cielo donde se condensaba la garúa. Sin decir nada, soltó la .vara, cogió los cubos y se fue rengueando hasta el chiquero.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;Enrique sonrió de alegría y con su amigo aferrado al corazón corrió donde su hermano.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;– ¡Pascual, Pascual... Pascualito! – cantaba el abuelo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;– Tú te llamarás Pedro – dijo Enrique acariciando la cabeza de su perro e ingresó donde Efraín.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;Su alegría se esfumó: Efraín inundado de sudor se revolcaba de dolor sobre el colchón. Tenía el pie hinchado, como si fuera de jebe y estuviera lleno de aire. Los dedos habían perdido casi su forma.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;– Te he traído este regalo, mira – dijo mostrando al perro –. Se llama Pedro, es para ti, para que te acompañe... Cuando yo me vaya al muladar te lo dejaré y los dos jugarán todo el día. Le enseñarás a que te traiga piedras en la boca.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;¿Y el abuelo? – preguntó Efraín extendiendo su mano hacia el animal.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;– El abuelo no dice nada – suspiró Enrique.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;Ambos miraron hacia la puerta. La garúa había empezado a caer. La voz del abuelo llegaba:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;– ¡Pascual, Pascual... Pascualito!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;Esa misma noche salió luna llena. Ambos nietos se inquietaron, porque en esta época el abuelo se ponía intratable. Desde el atardecer lo vieron rondando por el corralón, hablando solo, dando de varillazos al emparrado. Por momentos se aproximaba al cuarto, echaba una mirada a su interior y al ver a sus nietos silenciosos, lanzaba un salivazo cargado de rencor. Pedro le tenía miedo y cada vez que lo veía se acurrucaba y quedaba inmóvil como una piedra.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;– ¡Mugre, nada más que mugre! – repitió toda la noche el abuelo, mirando la luna.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;A la mañana siguiente Enrique amaneció resfriado. El viejo, que lo sintió estornudar en la madrugada, no dijo nada. En el fondo, sin embargo, presentía una catástrofe. Si Enrique enfermaba, ¿quién se ocuparía de Pascual? La voracidad del cerdo crecía con su gordura. Gruñía por las tardes con el hocico enterrado en el fango. Del corralón de Nemesio, que vivía a una cuadra, se habían venido a quejar.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;Al segundo día sucedió lo inevitable: Enrique no se pudo levantar. Había tosido toda la noche y la mañana lo sorprendió temblando, quemado por la fiebre.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;– y Tú también? – preguntó el abuelo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;Enrique señaló su pecho, que roncaba. El abuelo salió furioso del cuarto. Cinco minutos después regresó.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;– ¡Está muy mal engañarme de esta manera! – plañía –. Abusan de mí porque no puedo caminar. Saben bien que soy viejo, que soy cojo. ¡De otra manera los mandaría al diablo y me ocuparía yo solo de Pascual!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;Efraín se despertó quejándose y Enrique comenzó a toser.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;– ¡Pero no importa! Yo me encargaré de él. ¡Ustedes son basura, nada más que basura! ¡Unos pobres gallinazos sin plumas! Ya verán cómo les saco ventaja. El abuelo está fuerte todavía. ¡Pero eso sí, hoy día no habrá, comida para ustedes! ¡No habrá comida hasta que no puedan levantarse y trabajar!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;A través del umbral lo vieron levantar las latas en vilo y volcarse en la calle. Media hora después regresó aplastado. Sin la ligereza de sus nietos el carro de &lt;st1:personname productid="la Baja Polic￭a" w:st="on"&gt;la Baja Policía&lt;/st1:personname&gt; lo había ganado. Los perros, además, habían querido morderlo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;¡Pedazos de mugre! ¡Ya saben, se quedarán sin comida hasta que no trabajen!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;Al día siguiente trató de repetir la operación pero tuvo que renunciar. Su pierna de palo había perdido la costumbre de las pistas de asfalto, de las duras aceras y cada paso que daba era como un lanzazo en la ingle. A la hora celeste del tercer día quedó desplomado en su colchón, sin otro ánimo que para el insulto.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;–¡Si se muere de hambre – gritaba – será por culpa de ustedes!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;Desde entonces empezaron unos días angustiosos, interminables. Los tres pasaban el día encerrados en el cuarto, sin hablar, sufriendo una especie de reclusión forzosa. Efraín se revolcaba sin tregua, Enrique tosía. Pedro se levantaba y después de hacer un recorrido por el corralón, regresaba con una piedra en la boca, que depositaba en las manos de sus amos. Don Santos, a medio acostar, jugaba con su pierna de palo y les lanzaba miradas feroces. A mediodía se arrastraba hasta la esquina del terreno donde crecían verduras y preparaba su almuerzo, que devoraba en secreto. A veces aventaba a la cama de sus nietos alguna lechuga o una zanahoria cruda, con el propósito de excitar su apetito creyendo así hacer más refinado su castigo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;Efraín ya no tenía fuerzas para quejarse. Solamente Enrique sentía crecer en su corazón un miedo extraño y al mirar a los ojos del abuelo creía desconocerlo, como si ellos hubieran perdido su expresión humana. Por las noches, cuando la luna se levantaba, cogía a Pedro entre sus brazos y lo aplastaba tiernamente hasta hacerlo gemir. A esa hora el cerdo comenzaba a gruñir y el abuelo se quejaba como si lo estuvieran ahorcando. A veces se ceñía la pierna de palo y salía al corralón. A la luz de la luna Enrique lo veía ir diez veces del chiquero a la huerta, levantando los puños, atropellando lo que encontraba en su camino. Por último reingresaba en su cuarto y quedaba mirándolos fijamente, como si quisiera hacerlos responsables del hambre de Pascual.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;La última noche de luna llena nadie pudo dormir. Pascual lanzaba verdaderos rugidos. Enrique había oído decir que los cerdos, cuando tenían hambre, se volvían locos como los hombres. El abuelo permaneció en vela, sin apagar siquiera el farol. Esta vez no salió al corralón ni maldijo entre dientes. Hundido en su colchón miraba fijamente la puerta. Parecía amasar dentro de sí una cólera muy vieja, jugar con ella, aprestarse a dispararla. Cuando el cielo comenzó a desteñirse sobre las lomas, abrió la boca, mantuvo su oscura oquedad vuelta hacia sus nietos y lanzó un rugido:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;¡Arriba, arriba, arriba! – los golpes comenzaron a llover –. ¡A levantarse haraganes! ¿Hasta cuándo vamos a estar así? ¡Esto se acabó! ¡De pie!...&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;Efraín se echó a llorar, Enrique se levantó, aplastándose contra la pared. Los ojos del abuelo parecían fascinarlo hasta volverlo insensible a los golpes. Veía la vara alzarse y abatirse sobre su cabeza como si fuera una vara de cartón. Al fin pudo reaccionar.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;– ¡A Efraín no! ¡El no tiene la culpa! ¡Déjame a mí solo, yo saldré, yo iré al muladar!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;El abuelo se contuvo jadeante. Tardó mucho en recuperar el aliento.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;– Ahora mismo... al muladar... lleva los dos cubos, cuatro cubos...&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;Enrique se apartó, cogió los cubos y se alejó a la carrera. La fatiga del hambre y de la convalecencia lo hacían trastabillar. Cuando abrió la puerta del corralón, Pedro quiso seguirlo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;– Tú no. Quédate aquí cuidando a Efraín.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;Y se lanzó a la calle respirando a pleno pulmón el aire de la mañana. En el camino comió yerbas, estuvo a punto de mascar la tierra. Todo lo veía a través de una niebla mágica. La debilidad lo hacía ligero, etéreo: volaba casi como un pájaro. En el muladar se sintió un gallinazo más entre los gallinazos. Cuando los cubos estuvieron rebosantes emprendió el regreso. Las beatas, los noctámbulos, los canillitas descalzos, todas las secreciones del alba comenzaban a dispersarse por la ciudad. Enrique, devuelto a su mundo, caminaba feliz entre ellos, en su mundo de perros y fantasmas, tocado por la hora celeste.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;Al entrar al corralón sintió un aire opresor, resistente, que lo obligó a detenerse. Era como si allí, en el dintel, terminara un mundo y comenzara otro fabricado de barro, de rugidos, de absurdas penitencias. Lo sorprendente era, sin embargo, que esta vez reinaba en el corralón una calma cargada de malos presagios, como si toda la violencia estuviera en equilibrio, a punto de desplomarse. El abuelo, parado al borde del chiquero, miraba hacia el fondo. Parecía un árbol creciendo desde su pierna de palo. Enrique hizo ruido pero el abuelo no se movió.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;– ¡Aquí están los cubos!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;Don Santos le volvió la espalda y quedó inmóvil. Enrique soltó los cubos y corrió intrigado hasta el cuarto. Efraín apenas lo vio, comenzó a gemir:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;– Pedro... Pedro...&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;– ¿Qué pasa?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;– Pedro ha mordido al abuelo... el abuelo cogió la vara... después lo sentí aullar.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;Enrique salió del cuarto.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;– ¡Pedro, ven aquí! ¿Dónde estás, Pedro?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;Nadie le respondió. El abuelo seguía inmóvil, con la mirada en la pared. Enrique tuvo un mal presentimiento. De un salto se acercó al viejo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;– ¿Dónde está Pedro?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;Su mirada descendió al chiquero. Pascual devoraba algo en medio del lodo. Aún quedaban las piernas y el rabo del perro.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;– ¡No! – gritó Enrique tapándose los ojos –. ¡No, no! – y a través de las lágrimas buscó la mirada del abuelo. Este la rehuyó, girando torpemente sobre su pierna de palo. Enrique comenzó a danzar en torno suyo, prendiéndose de su camisa, gritando, pataleando, tratando de mirar sus ojos, de encontrar una respuesta.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;– ¿Por qué has hecho eso? ¿Por qué?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;El abuelo no respondía. Por último, impaciente, dio un manotón a su nieto que lo hizo rodar por tierra. Desde allí Enrique observó al viejo que, erguido como un gigante, miraba obstinadamente el festín de Pascual. Estirando la mano encontró la vara que tenía el extremo manchado de sangre. Con ella se levantó de puntillas y se acercó al viejo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;– ¡Voltea! – gritó – ¡Voltea!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;Cuando don Santos se volvió, divisó la vara que cortaba el aire y se estrellaba contra su pómulo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;– ¡Toma! – chilló Enrique y levantó nuevamente la mano. Pero súbitamente se detuvo, temeroso de lo que estaba haciendo y, lanzando la vara a su alrededor, miró al abuelo casi arrepentido. El viejo, cogiéndose el rostro, retrocedió un paso, su pierna de palo tocó tierra húmeda, resbaló, y dando un alarido se precipitó de espaldas al chiquero.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;Enrique retrocedió unos pasos. Primero aguzó el oído pero no se escuchaba ningún ruido. Poco a poco se fue aproximando. El abuelo, con la pata de palo quebrada, estaba de espaldas en el fango. Tenía la boca abierta y sus ojos buscaban a Pascual, que se había refugiado en un ángulo y husmeaba sospechosamente el lodo. Enrique se fue retirando, con el mismo sigilo con que se había aproximado. Probablemente el abuelo alcanzó a divisarlo pues mientras corría hacia el cuarto le pareció que lo llamaba por su nombre, con un tono de ternura que él nunca había escuchado.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;¡A mí, Enrique, a mí!...&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;– ¡Pronto! – exclamó Enrique, precipitándose sobre su hermano –¡Pronto, Efraín! ¡El viejo se ha caído al chiquero! ¿Debemos irnos de acá!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;– ¿Adónde? – preguntó Efraín.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;– ¿Adonde sea, al muladar, donde podamos comer algo, donde los gallinazos!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;– ¡No me puedo parar!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;Enrique cogió a su hermano con ambas manos y lo estrechó contra su pecho. Abrazados hasta formar una sola persona cruzaron lentamente el corralón. Cuando abrieron el portón de la calle se dieron cuenta que la hora celeste había terminado y que la ciudad, despierta y viva, abría ante ellos su gigantesca mandíbula.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;Desde el chiquero llegaba el rumor de una batalla.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3548118816540812343-7574947677870603622?l=labibliotecadeorem.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://labibliotecadeorem.blogspot.com/feeds/7574947677870603622/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://labibliotecadeorem.blogspot.com/2009/11/julio-ramon-ribeyro-los-gallinazos-sin.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3548118816540812343/posts/default/7574947677870603622'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3548118816540812343/posts/default/7574947677870603622'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://labibliotecadeorem.blogspot.com/2009/11/julio-ramon-ribeyro-los-gallinazos-sin.html' title='JULIO RAMÓN RIBEYRO - LOS GALLINAZOS SIN PLUMAS'/><author><name>Oscar Ramirez</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01639867369597054961</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://3.bp.blogspot.com/_pfR_MWacXOM/TK6SmX_JI5I/AAAAAAAAAnk/ZY_aPfF6Lp4/S220/Copia+de+IMG0481A.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3548118816540812343.post-1505486182640822502</id><published>2009-11-04T06:46:00.001-08:00</published><updated>2009-11-04T12:32:42.819-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Julio Ramón Ribeyro'/><title type='text'>JULIO RAMÓN RIBEYRO – EL BANQUETE</title><content type='html'>&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;Con dos meses de anticipación, don Fernando Pasamano había preparado los pormenores de este magno suceso. En primer término, su residencia hubo de sufrir una transformación general. Como se trataba de un caserón antiguo, fue necesario echar abajo algunos muros, agranda las ventanas, cambiar la madera de los pisos y pintar de nuevo todas las paredes.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;Esta reforma trajo consigo otras y (como esas personas que cuando se compran un par de zapatos juzgan que es necesario estrenarlos con calcetines nuevos y luego con una camisa nueva y luego con un terno nuevo y así sucesivamente hasta llegar al calzoncillo nuevo) don Fernando se vio obligado a renovar todo el mobiliario, desde las consolas del salón hasta el último banco de la repostería. Luego vinieron las alfombras, las lámparas, las cortinas y los cuadros para cubrir esas paredes que desde que estaban limpias parecían más grandes. Finalmente, como dentro del programa estaba previsto un concierto en el jardín, fue necesario construir un jardín. En quince días, una cuadrilla de jardineros japoneses edificaron, en lo que antes era una especie de huerta salvaje, un maravilloso jardín rococó donde había cipreses tallados, caminitos sin salida, laguna de peces rojos, una gruta para las divinidades y un puente rústico de madera, que cruzaba sobre un torrente imaginario.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;Lo más grande, sin embargo, fue la confección del menú. Don Fernando y su mujer, como la mayoría de la gente proveniente del interior, sólo habían asistido en su vida a comilonas provinciales en las cuales se mezcla la chicha con el whisky y se termina devorando los cuyes con la mano. Por esta razón sus ideas acerca de lo que debía servirse en un banquete al presidente, eran confusas. La parentela, convocada a un consejo especial, no hizo sino aumentar el desconcierto. Al fin, don Fernando decidió hacer un a encuesta en los principales hoteles y restaurantes de la ciudad y así puedo enterarse que existían manjares presidenciales y vinos preciosos que fue necesario encargar por avión a las viñas del mediodía.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;Cuando todos estos detalles quedaron ultimados, don Fernando constató con cierta angustia que en ese banquete, el cual asistirían ciento cincuenta personas, cuarenta mozos de servicio, dos orquestas, un cuerpo de ballet y un operador de cine, había invertido toda su fortuna. Pero, al fin de cuentas, todo dispendio le parecía pequeño para los enormes beneficios que obtendría de esta recepción.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;— Con una embajada en Europa y un ferrocarril a mis tierras de la montaña rehacemos nuestra fortuna en menos de lo que canta un gallo (decía a su mujer). Yo no pido más. Soy un hombre modesto.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;— Falta saber si el presidente vendrá (replicaba su mujer).&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;En efecto, había omitido hasta el momento hacer efectiva su invitación.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;Le bastaba saber que era pariente del presidente (con uno de esos parentescos serranos tan vagos como indemostrables y que, por lo general, nunca se esclarecen por el temor de encontrar adulterino) para estar plenamente seguro que aceptaría. Sin embargo, para mayor seguridad, aprovechó su primera visita a palacio para conducir al presidente a un rincón y comunicarle humildemente su proyecto.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;— Encantado (le contestó el presidente). Me parece una magnifica idea.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;Pero por el momento me encuentro muy ocupado. Le confirmaré por escrito mi aceptación.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;Don Fernando se puso a esperar la confirmación. Para combatir su impaciencia, ordenó algunas reformas complementarias que le dieron a su mansión un aspecto de un palacio afectado para alguna solemne mascarada. Su última idea fue ordenar la ejecución de un retrato del presidente (que un pintor copió de una fotografía) y que él hizo colocar en la parte más visible de su salón. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;Al cabo de cuatro semanas, la confirmación llegó. Don Fernando, quien empezaba a inquietarse por la tardanza, tuvo la más grande alegría de su vida. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;Aquel fue un día de fiesta, salió con su mujer al balcón par contemplar su jardín iluminado y cerrar con un sueño bucólico esa memorable jornada. El paisaje, si embargo, parecía haber perdido sus propiedades sensible pues donde quería que pusiera los ojos, don Fernando se veía así mismo, se veía en chaqué, en tarro, fumando puros, con una decoración de fondo donde (como en ciertos afiches turísticos) se confundían lo monumentos de las cuatro ciudades más importantes de Europa. Más lejos, en un ángulo de su quimera, veía un ferrocarril regresando de la floresta con su vagones cargados de oro. Y por todo sitio, movediza y transparente como una alegoría de la sensualidad, veía una figura femenina que tenía las piernas de un cocote, el sombrero de una marquesa, los ojos de un tahitiana y absolutamente nada de su mujer.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;El día del banquete, los primeros en llegar fueron los soplones. Desde las cinco de la tarde estaban apostados en la esquina, esforzándose por guardar un incógnito que traicionaban sus sombreros, sus modales exageradamente distraídos y sobre todo ese terrible aire de delincuencia que adquieren a menudo los investigadores, los agentes secretos y en general todos los que desempeñan oficios clandestinos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;Luego fueron llegando los automóviles. De su interior descendían ministros, parlamentarios, diplomáticos, hombre de negocios, hombre inteligentes. Un portero les abría la verja, un ujier los anunciaba, un valet recibía sus prendas y don Fernando, en medio del vestíbulo, les estrechaba la mano, murmurando frases corteses y conmovidas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;Cuando todos los burgueses del vecindario se habían arremolinado delante de la mansión y la gente de los conventillos se hacía una fiesta de fasto tan inesperado, llegó el presidente. Escoltado por sus edecanes, penetró en la casa y don Fernando, olvidándose de las reglas de la etiqueta, movido por un impulso de compadre, se le echó en los brazos con tanta simpatía que le dañó una de sus charreteras.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;Repartidos por los salones, los pasillos, la terraza y el jardín, los invitados se bebieron discretamente, entre chistes y epigramas, los cuarenta cajones de whisky. Luego se acomodaron en las mesas que les estaban reservadas (lo más grande, decorada con orquídeas, fue ocupada por el presidente y los hombre ejemplares) y se comenzó a comer y a charlar ruidosamente mientras la orquesta, en un ángulo del salón, trataba de imponer inútilmente un aire vienés. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;A mitad del banquete, cuando los vinos blancos del Rhin habían sido honrados y los tintos del Mediterráneo comenzaban a llenar las copas, se inició la ronda de discursos. La llegada del faisán los interrumpió y solo al final, servido el champán, regresó la elocuencia y los panegíricos se prolongaron hasta el café, para ahogarse definitivamente en las copas del coñac.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;Don Fernando, mientras tanto, veía con inquietud que el banquete, pleno de salud ya, seguía sus propias leyes, sin que él hubiera tenido ocasión de hacerle al presidente sus confidencias. A pesar de haberse sentado, contra las reglas del protocolo, a la izquierda del agasajado, no encontraba el instante propicio para hacer una aparte. Para colmo, terminado el servicio, los comensales se levantaron para formar grupos amodorrados y digestónicos y él, en su papel de anfitrión, se vio obligado a correr de grupos en grupo para reanimarlos con copas de mentas, palmaditas, puros y paradojas. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;Al fin, cerca de medianoche, cuando ya el ministro de gobierno, ebrio, se había visto forzado a una aparatosa retirada, don Fernando logró conducir al presidente a la salida de música y allí, sentados en uno de esos canapés, que en la corte de Versalles servían para declararse a una princesa o para desbaratar una coalición, le deslizó al oído su modesta.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;— Pero no faltaba más (replicó el presidente). Justamente queda vacante en estos días la embajada de Roma. Mañana, en consejo de ministros, propondré su nombramiento, es decir, lo impondré. Y en lo que se refiere al ferrocarril sé que hay en diputados una comisión que hace meses discute ese proyecto. Pasado mañana citaré a mi despacho a todos sus miembros y a usted también, para que resuelvan el asunto en la forma que más convenga.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;Una hora después el presidente se retiraba, luego de haber reiterado sus promesas. Lo siguieron sus ministros, el congreso, etc, en el orden preestablecido por los usos y costumbres. A las dos de la mañana quedaban todavía merodeando por el bar algunos cortesanos que no ostentaban ningún título y que esperaban aún el descorchamiento de alguna botella o la ocasión de llevarse a hurtadillas un cenicero de plata. Solamente a las tres de la mañana quedaron solos don Fernando y su mujer. Cambiando impresiones, haciendo auspiciosos proyectos, permanecieron hasta el alba entre los despojos de su inmenso festín. Por último se fueron a dormir con el convencimiento de que nunca caballero limeño había tirado con más gloria su casa por la ventana ni arriesgado su fortuna con tanta sagacidad. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="font-size: 12pt;"&gt;A las doce del día, don Fernando fue despertado por los gritos de su mujer. Al abrir los ojos le vio penetrar en el dormitorio con un periódico abierto entre las manos. Arrebatándoselo, leyó los titulares y, sin proferir una exclamación, se desvaneció sobre la cama. En la madrugada, aprovechándose de la recepción, un ministro había dado un golpe de estado y el presidente había sido obligado a dimitir.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3548118816540812343-1505486182640822502?l=labibliotecadeorem.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://labibliotecadeorem.blogspot.com/feeds/1505486182640822502/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://labibliotecadeorem.blogspot.com/2009/11/julio-ramon-ribeyro-el-banquete.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3548118816540812343/posts/default/1505486182640822502'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3548118816540812343/posts/default/1505486182640822502'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://labibliotecadeorem.blogspot.com/2009/11/julio-ramon-ribeyro-el-banquete.html' title='JULIO RAMÓN RIBEYRO – EL BANQUETE'/><author><name>Oscar Ramirez</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01639867369597054961</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://3.bp.blogspot.com/_pfR_MWacXOM/TK6SmX_JI5I/AAAAAAAAAnk/ZY_aPfF6Lp4/S220/Copia+de+IMG0481A.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3548118816540812343.post-3257741672254252457</id><published>2009-10-15T05:16:00.001-07:00</published><updated>2009-11-05T08:20:28.155-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Marguerite Yourcenar'/><title type='text'>MARGUERITE YOURCENAR – NUESTRA SEÑORA DE LAS GOLONDRINAS</title><content type='html'>&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;El monje Terapión había sido en su juventud el discípulo más fiel del gran Atanasio; era rudo y austero, dulce solamente con las criaturas en las que no sospechaba la presencia de demonios. En Egipto había resucitado y evangelizado momias; en Bizancio había confesado emperadores, y había ido a Grecia confiado en un sueño, con la intención de exorcizar aquellas tierras sometidas aún a los sortilegios de Pan. Se inflamaba de ira a la vista de los árboles sagrados en que los campesinos, aquejados de fiebre, colgaban trapos encargados de temblar en lugar suyo al menor soplo vespertino, los falos erigidos en los campos para obligar al suelo a concebir cosechas, y los dioses de arcilla metidos en los huecos de los muros y en las cavidades de las fuentes. Se había construido con sus propias manos una estrecha cabaña a orillas del Céfiso, teniendo cuidado de emplear solamente materiales bendecidos. Los campesinos compartían con él sus pobres alimentos; mas aunque aquellas gentes estuvieran demacradas, pálidas y desalentadas por las hombrunas y las guerras que habían caído sobre ellas, Terapión no conseguía encaminarlas por la senda del cielo. Adoraban a Jesús, el hijo de María, vestido de oro como el sol naciente, pero su corazón obstinado permanecía fiel a las divinidades que anidaban en los árboles o emergían de la efervescencia de las aguas; cada tarde depositaban, bajo el plátano consagrado a las ninfas, una escudilla de leche de la única cabra que les quedaba, y los muchachos se deslizaban a mediodía en los bosquecitos para espiar a aquellas mujeres de ojos de onix que se nutrían de tomillo y de miel. Pululaban por doquiera, hijas de aquella tierra dura y seca donde lo que en otra parte se disipa como humo allí adquiere en seguida figura y sustancia de realidad. Se encontraba la huella de sus pasos en la greda de los manantiales, y la blancura de sus cuerpos se confundía de lejos con el espejeo de los peñascos. Ocurría incluso que una ninfa mutilada sobreviviera aún en una viga mal pulida que sostenía un techo, y de noche se la oía gemir o cantar. Casi todos los días se perdía en la montaña algún animal embrujado, y solo se encontraba meses más tarde un mantoncito de huesos. Las Malignas tomaban a los niños de la mano y los llevaban a bailar al borde de los precipicios; sus pies ligeros no tocaban tierra, pero el abismo engullía los cuerpecitos pesados. O bien, un joven que se había lanzado sobre su pista volvía a bajar sin aliento, tiritando de fiebre, por beber la muerte en el agua de una fuente. Después de cada desastre, el monje Terapión mostraba el puño a los bosques donde se ocultaban las Malditas, pero los aldeanos continuaban amando a aquellas hadas frescas, medio invisibles, y les perdonaban sus fechorías como se le perdona al sol que trastorne el seso de los locos, a la luna que chupe la leche de las madres dormidas, y al amor que haga sufrir tanto.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;El monje les temía como a manada de lobas, y lo inquietaban como una partida de prostitutas. Aquellas bellezas caprichosas jamás lo dejaban en paz: de noche sentía en su rostro su aliento cálido como el de un animal domado a medias que merodea tímidamente en un cuarto. Si se aventuraba a través del campo llevando el viático para un enfermo, oía repicar tras sus talones su trote caprichoso e irregular de cabras jóvenes; si, a pesar de sus esfuerzos, llegaba a dormirse a la hora de la oración, venían a tirarle inocentemente la barba. No trataban de seducirlo porque les parecía feo, cómico y viejísimo con su espeso sayal pardo, y a pesar de su belleza no despertaban en él ningún deseo impuro, pues su desnudez le repugnaba como la carne pálida de la oruga o la piel lisa de las culebras. Sin embargo, lo inducían en tentación, pues acababa dudando de la sabiduría de Dios, que ha formado tantas criaturas inútiles y dañinas, como si la creación solo fuera un juego maligno que lo complacía.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;Una mañana, los aldeanos encontraron a su monje ocupado en talar el plátano de las ninfas, y se afligieron doblemente, pues por una parte temían la venganza de las hadas, que se marcharían llevándose consigo las fuentes y, por otra parte aquel plátano daba sombra al lugar donde acostumbraban reunirse para bailar. Pero no hicieron reproches al santo varón, por miedo de malquistarse con el Padre que está en los cielos, que dispensa la lluvia y el sol. Callaron, y los proyectos del monje Terapión contra las ninfas fueron estimulados con ese silencio. Solo salía ya con dos pedernales disimulados entre los pliegues de su manga, y de noche, subrepticiamente, cuando no veía ningún campesino en el campo desierto, le prendía fuego a un viejo olivo cuyo tronco carcomido le parecía que ocultaba diosas, o a un joven pino escamoso que derramaba lágrimas de oro. Una forma desnuda escapaba entonces del follaje y corría a reunirse con sus compañeras, inmóviles a lo lejos como ciervas asustadas, y el santo monje se regocijaba por haber destruido otra guarida del Mal. Sembraba cruces por doquiera, y las jóvenes bestias divinas se alejaban, huyendo de la sombra de aquel Cadalso sublime, dejando en torno e la aldea santificada una zona cada vez más amplia de silencio y soledad. Pero la lucha proseguía palmo a palmo en los primeros declives de la montaña, que se defendía con ayuda de zarzas espinosas y de aludes de piedras, allí donde los dioses son más difíciles de cazar. Por último, cercadas por la plegaria y el fuego, demacradas por la ausencia de ofrendas, privadas de amor desde que los jóvenes de la aldea comenzaron a apartarse de ellas, las ninfas buscaron refugio en un vallecito desierto, en el que algunos pinos negrísimos clavados en el suelo arcilloso hacían pensar en grandes aves que agarraban con sus fuertes garras la tierra roja, mientras agitaban el cielo las mil puntas finas de sus plumas de águila. Las fuentes que brotaban allí, bajo montones de piedras informes, eran demasiado frías para atraer lavanderas o pastores. A media ladera de una colina se ahondaba una gruta, a la que solo se accedia a través de una entrada que permitía apenas el paso de un cuerpo. Las ninfas siempre se refugiaban allí en las tardes en que la tormenta perturbaba sus juegos, pues, como todos los animales salvajes, temían el trueno, y era allí donde dormían en las noches sin luna. Algunos jóvenes pastores pretendían haberse deslizado en aquella caverna, arriesgando su salvación y el vigor de su juventud, y no se cansaban de hablar de aquellos dulces cuerpos entrevistos en la fresca penumbra, o de aquellas cabelleras menos palpadas que adivinadas. Para el monje Terapión, aquella gruta disimulada en el flanco del peñasco era como un cáncer clavado en su propio pecho, y de pie a la entrada del vallecito, con los brazos en alto, inmóvil durante horas enteras, rogaba al cielo que le ayudara a destruir aquellos peligrosos restos de la raza de los dioses.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;Una noche, poco después de Pascua, el monje reunió a los más fieles y a los más rudos de su grey, los proveyó de piquetas y de faroles, se armó de un crucifijo y los guió por el dédalo de colinas, entre las blandas tinieblas repletas de savia, ansioso de aprovechar aquella noche negra. Se detuvo a la entrada de la gruta, y no permitió que sus discípulos penetraran en ella, de miedo a que fueran tentados. En la penumbra opaca se oía gorjear a las fuentes; palpitaba también un ruido débil, suave como la brisa en los pinares: era la respiración de las ninfas dormidas, que sonaban con la juventud del mundo, con la época en que el hombre aún no existía, cuando la tierra solo daba a luz árboles, animales y dioses. Los campesinos encendieron un gran fuego, pero tuvieron que renunciar a quemar el peñasco; el monje les ordenó entonces mezclar yeso y acarrear piedras. Con las primeras luces del alba comenzaron la construcción de una capillita, pegada al flanco de la colina, ante la boca de la gruta maldita. Los muros aún no estaban secos, y faltaban el techo y la puerta, pero el monje Terapión sabía que las ninfas no trataron de huir a través de aquel lugar santo, ya consagrado y bendecido por él. Para mayor seguridad había erigido en el fondo de la capilla, ante la boca del peñasco, un gran Cristo pintado en una cruz de cuatro brazos iguales, y las ninfas, que sólo sabían de sonrisas, retrocedieron horrorizadas ante aquella imagen del Ajusticiado. Los primeros rayos del sol se estiraron tímidamente, hasta el umbral de la caverna: era la hora en que las desdichadas solían salir, para tomar de las hojas de los árboles cercanos su primer refresco de rocío; las cautivas sollozaban, suplicando al monje que las socorriera, y en su inocencia si consentía en dejarlas escapar, le prometían amarlo. Los trabajos prosiguieron durante toda la jornada, y hasta la llegada de la noche se vieron caer lágrimas de la piedra y se oyeron toses y gritos roncos, parecidos a lamentos de un animal herido. Al día siguiente colocaron el techo, y lo adornaron con un ramo de flores; se instaló la puerta, y se hizo girar en la cerradura una gran llave de hierro. Aquella noche, los campesinos fatigados regresaron a la aldea, pero el monje Terapión se acostó cerca de la capilla que había erigido, y durante toda la noche los gemidos de sus prisioneras le impidieron dormir placenteramente. No obstante era compasivo, pues se enternecía ante un gusano que aplastara su pie, o ante una flor que tronchara el roce de su hábito, pero se parecía a un hombre regocijado por emparedar entre dos ladrillos un nido de viboreznos.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;Al día siguiente, los campesinos llevaron lechada de cal y enjalbegaron por dentro y por fuera la capilla, que adquirió entonces el aspecto de una blanca paloma acurrucada en el pecho del peñasco. Dos aldeanos, menos miedosos que los otros, se aventuraron en la gruta para blanquear sus paredes húmedas y porosas, a fin de que el agua de las fuentes y la miel de las abejas dejaran de rezumar en el interior del bello antro, y de sostener la vida desfalleciente de las hadas. Las ninfas, debilitadas, ya no tenían la fuerza necesaria para manifestarse a los humanos; aquí y allá se adivinaba apenas, vagamente, en la penumbra, una joven boca contraria, un débil par de manos suplicantes, o la pálida rosa de un seno. De vez en cuando, al rozar con sus gruesos dedos blanqueados de cal las asperezas del peñasco, los campesinos sentían que huía una cabellera dócil y trémula como esos helechos que nacen en los lugares húmedos y abandonados. El cuerpo deshecho de las ninfas se evaporaba en vaharadas, o estaba a punto de disolverse en polvo como las alas de una mariposa muerta; aún gemían pero había que aguzar el oído para escuchar sus débiles lamentos; solo eran ya las almas de las ninfas las que lloraban. Durante toda la noche siguiente, el monje Terapión continuó montando su guardia de rezos en el umbral de la capilla, como un anacoreta en el desierto. Se regocijaba al pensar que los llantos cesarían antes de la luna nueva, y que las ninfas muertas de inanición sólo serían entonces un recuerdo impuro. Rezaba para que se apresurara el instante en que la muerte librarla a sus prisioneras, pues ya comenzaba, muy a su pesar, a compadecerlas, y lamentaba esa, vergonzosa debilidad. Ya nadie venía a visitarlo; la aldea le parecia tan distante como si estuviera situada al otro lado del mundo; sólo veía, sobre la vertiente opuesta del valle, tierra roja, pinos, y un sendero oculto a medias bajo las agujas de oro, y sólo escuchaba aquellos estertores que menguaban progresivamente, y el rumor cada vez más ronco de sus propias plegarias.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;Al atardecer de aquel día vio a una mujer que venia hacia él por el sendero. Caminaba con la cabeza baja, un poco encorvado; su manto y su chal eran negros, pero un resplandor misterioso se tamizaba a través de aquel tejido oscuro; como si la noche se hubiera echado sobre la mañana. Aunque era muy joven, tenía la gravedad, la lentitud y la dignidad de una anciana, y su suavidad era como la del racimo maduro y la de la flor perfumada. Al pasar ante la capilla miró atentamente al monje, cuyas plegarias perturbaba.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;–Este sendero no conduce a ninguna parte, mujer –le dijo–. ¿De dónde vienes?&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;–Del oriente, como la aurora –respondió la joven–. ¿Qué haces aquí, anciano monje?&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;–He emparedado en esa gruta a las ninfas que aún infestaban la comarca –dijo el monje–, y ante la boca del antro construí una capilla, que no se atreven a atravesar para huir porque están desnudas, y a su manera temen a Dios. Espero a que mueran de hambre y de frío en su caverna, y cuando esto ocurra, la paz de Dios reinará sobre los campos.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;–¿Quién te dijo que la paz de Dios no se extiende igualmente a las ninfas como a las ciervas y a los rebaños de cabras? –respondió la joven–. ¿No sabes que en el momento de &lt;st1:personname productid="la Creación Dios" w:st="on"&gt;la Creación  Dios&lt;/st1:personname&gt; se olvidó de dar alas a ciertos ángeles, que cayeron a la tierra y se establecieron en los bosques, donde formaron la raza de las ninfas y de los faunos? Otros se instalaron en una montaña, donde se convirtieron en los dioses olímpicos. No exaltes, como los paganos, a la criatura en detrimento del Creador, pero tampoco te escandalices con su obra. Y agradece a Dios, con todo tu corazón, el que haya creado a Diana y Apolo.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;–Mi espíritu no se eleva tan alto –dijo humildemente el viejo monje–. Las ninfas turbaban a mis fieles y ponían en peligro su salvación, de la que soy responsable ante Dios, y por eso las perseguiría hasta el mismo infierno, si fuera necesario.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;–Y tanto celo te será tenido en cuenta, monje honesto –dijo, sonriendo, la joven–. Pero, ¿no se te ocurre un medio de conciliar la vida de las ninfas y la salvación de tus fieles?&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;Su voz era dulce como una música de flautas. El monje, inquieto, bajó la cabeza. La joven puso una mano en su hombro y le dijo gravemente.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;–Monje, déjame entrar en esa gruta. Me gustan las grutas, y siento compasión de los que buscan refugio en ellas. Fue en una gruta donde traje al mundo a mi Hijo, y también en una gruta lo confié sin temor a la muerte, a fin de que pasara por el segundo nacimiento de &lt;st1:personname productid="la Resurrección." w:st="on"&gt;la Resurrección.&lt;/st1:personname&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;El anacoreta se apartó para dejarla pasar. Sin vacilar, ella se dirigió hacia la entrada de la caverna, disimulada tras el altar. La gran cruz interceptaba el umbral; la apartó suavemente, como a un objeto familiar, y se deslizó en el antro.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;Se oyeron en las tinieblas gemidos aún más agudos, gorjeos, y un como batir de alas. La joven hablaba a las ninfas en un lenguaje desconocido, que era acaso el de las aves o el de los ángeles. Al cabo de un momento reapareció al lado del monje, que no había dejado de rezar.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;–Observa, monje –dijo–, y escucha.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;Innumerables chillidos estridentes salieron debajo de su manto. Apartó las puntas, y el monje Terapión vio que llevaba, entre los pliegues de su túnica, centenares de jóvenes golondrinas. Abrió ampliamente los brazos, como una mujer en oración, dejando volar a las aves. Después dijo, y su voz era clara como el sonido de un arpa.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;–Volad, hijas mías.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;Las golondrinas liberadas se entretejieron en el cielo vespertino, dibujando con picos y alas signos indescifrables. El anciano y la joven las siguieron un momento con la mirada; después, la viajera dijo al solitario:&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;–Volverán cada año, y les darás asilo en mi iglesia. Adiós, Terapión.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;Y María se alejó por el sendero que no conducía a ninguna parte, mujer a quien le importa poco que los caminos terminen, puesto que conoce el modo de llegar al cielo. El monje Terapión regresó a la aldea, y al otro día, cuando subió a celebrar la misa, la gruta de las ninfas estaba cubierta de nidos de golondrina. Regresaban cada año, e iban y venían en la iglesia, ocupadas en alimentar sus pichones o en consolidar sus casas de arcilla, y a menudo el monje Terapión interrumpía sus plegarias para observar, enternecido, sus amores y sus juegos, pues lo que está prohibido a las ninfas se les permite a las golondrinas.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3548118816540812343-3257741672254252457?l=labibliotecadeorem.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://labibliotecadeorem.blogspot.com/feeds/3257741672254252457/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://labibliotecadeorem.blogspot.com/2009/10/marguerite-yourcenar-nuestra-senora-de.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3548118816540812343/posts/default/3257741672254252457'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3548118816540812343/posts/default/3257741672254252457'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://labibliotecadeorem.blogspot.com/2009/10/marguerite-yourcenar-nuestra-senora-de.html' title='MARGUERITE YOURCENAR – NUESTRA SEÑORA DE LAS GOLONDRINAS'/><author><name>Oscar Ramirez</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01639867369597054961</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://3.bp.blogspot.com/_pfR_MWacXOM/TK6SmX_JI5I/AAAAAAAAAnk/ZY_aPfF6Lp4/S220/Copia+de+IMG0481A.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3548118816540812343.post-3099981737026919477</id><published>2009-10-08T15:02:00.001-07:00</published><updated>2009-11-05T08:20:59.633-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Saki'/><title type='text'>SAKI - EL CUENTISTA</title><content type='html'>&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify;"&gt;Era una tarde calurosa y el vagón del tren también estaba caliente; la siguiente parada, Templecombe, estaba casi a una hora de distancia. Los ocupantes del vagón eran una niña pequeña, otra niña aún más pequeña y un niño también pequeño. Una tía, que pertenecía a los niños, ocupaba un asiento de la esquina; el otro asiento de la esquina, del lado opuesto, estaba ocupado por un hombre soltero que era un extraño ante aquella fiesta, pero las niñas pequeñas y el niño pequeño ocupaban, enfáticamente, el compartimiento. Tanto la tía como los niños conversaban de manera limitada pero persistente, recordando las atenciones de una mosca que se niega a ser rechazada. La mayoría de los comentarios de la tía empezaban por «No», y casi todos los de los niños por «¿Por qué?». El hombre soltero no decía nada en voz alta.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;—No, Cyril, no —exclamó la tía cuando el niño empezó a golpear los cojines del asiento, provocando una nube de polvo con cada golpe—. Ven a mirar por la ventanilla —añadió.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;El niño se desplazó hacia la ventilla con desgana.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;—¿Por qué sacan a esas ovejas fuera de ese campo? —preguntó.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;—Supongo que las llevan a otro campo en el que hay más hierba —respondió la tía débilmente.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;—Pero en ese campo hay montones de hierba —protestó el niño—; no hay otra cosa que no sea hierba. Tía, en ese campo hay montones de hierba.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;—Quizá la hierba de otro campo es mejor -sugirió la tía neciamente.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;—¿Por qué es mejor? —fue la inevitable y rápida pregunta.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;—¡Oh, mira esas vacas! —exclamó la tía.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;Casi todos los campos por los que pasaba la línea de tren tenían vacas o toros, pero ella lo dijo como si estuviera llamando la atención ante una novedad.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;—¿Por qué es mejor la hierba del otro campo? —persistió Cyril.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;El ceño fruncido del soltero se iba acentuando hasta estar ceñudo. La tía decidió, mentalmente, que era un hombre duro y hostil. Ella era incapaz por completo de tomar una decisión satisfactoria sobre la hierba del otro campo.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;La niña más pequeña creó una forma de distracción al empezar a recitar «De camino hacia Mandalay». Sólo sabía la primera línea, pero utilizó al máximo su limitado conocimiento. Repetía la línea una y otra vez con una voz soñadora, pero decidida y muy audible; al soltero le pareció como si alguien hubiera hecho una apuesta con ella a que no era capaz de repetir la línea en voz alta dos mil veces seguidas y sin detenerse. Quienquiera que fuera que hubiera hecho la apuesta, probablemente la perdería.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;—Acérquense aquí y escuchen mi historia —dijo la tía cuando el soltero la había mirado dos veces a ella y una al timbre de alarma.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;Los niños se desplazaron apáticamente hacia el final del compartimiento donde estaba la tía. Evidentemente, su reputación como contadora de historias no ocupaba una alta posición, según la estimación de los niños.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;Con voz baja y confidencial, interrumpida a intervalos frecuentes por preguntas malhumoradas y en voz alta de los oyentes, comenzó una historia poco animada y con una deplorable carencia de interés sobre una niña que era buena, que se hacía amiga de todos a causa de su bondad y que, al final, fue salvada de un toro enloquecido por numerosos rescatadores que admiraban su carácter moral.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;—¿No la habrían salvado si no hubiera sido buena? —preguntó la mayor de las niñas.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;Esa era exactamente la pregunta que había querido hacer el soltero.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;—Bueno, sí —admitió la tía sin convicción—. Pero no creo que la hubieran socorrido muy deprisa si ella no les hubiera gustado mucho.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;—Es la historia más tonta que he oído nunca —dijo la mayor de las niñas con una inmensa convicción.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;—Después de la segunda parte no he escuchado, era demasiado tonta —dijo Cyril.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;La niña más pequeña no hizo ningún comentario, pero hacía rato que había vuelto a comenzar a murmurar la repetición de su verso favorito.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;—No parece que tenga éxito como contadora de historias —dijo de repente el soltero desde su esquina.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;La tía se ofendió como defensa instantánea ante aquel ataque inesperado.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;—Es muy difícil contar historias que los niños puedan entender y apreciar —dijo fríamente.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;—No estoy de acuerdo con usted —dijo el soltero.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;—Quizá le gustaría a usted explicarles una historia —contestó la tía.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;—Cuéntenos un cuento —pidió la mayor de las niñas.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;—Érase una vez —comenzó el soltero— una niña pequeña llamada Berta que era extremadamente buena.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;El interés suscitado en los niños momentáneamente comenzó a vacilar en seguida; todas las historias se parecían terriblemente, no importaba quién las explicara.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;—Hacía todo lo que le mandaban, siempre decía la verdad, mantenía la ropa limpia, comía budín de leche como si fuera tarta de mermelada, aprendía sus lecciones perfectamente y tenía buenos modales.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;—¿Era bonita? —preguntó la mayor de las niñas.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;—No tanto como cualquiera de ustedes —respondió el soltero—, pero era terriblemente buena.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;Se produjo una ola de reacción en favor de la historia; la palabra terrible unida a bondad fue una novedad que la favorecía. Parecía introducir un círculo de verdad que faltaba en los cuentos sobre la vida infantil que narraba la tía.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;—Era tan buena —continuó el soltero— que ganó varias medallas por su bondad, que siempre llevaba puestas en su vestido. Tenía una medalla por obediencia, otra por puntualidad y una tercera por buen comportamiento. Eran medallas grandes de metal y chocaban las unas con las otras cuando caminaba. Ningún otro niño de la ciudad en la que vivía tenía esas tres medallas, así que todos sabían que debía de ser una niña extraordinariamente buena.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;—Terriblemente buena —citó Cyril.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;—Todos hablaban de su bondad y el príncipe de aquel país se enteró de aquello y dijo que, ya que era tan buena, debería tener permiso para pasear, una vez a la semana, por su parque, que estaba justo afuera de la ciudad. Era un parque muy bonito y nunca se había permitido la entrada a niños, por eso fue un gran honor para Berta tener permiso para poder entrar.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;—¿Había alguna oveja en el parque? —preguntó Cyril.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;—No —dijo el soltero—, no había ovejas.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;—¿Por qué no había ovejas? —llegó la inevitable pregunta que surgió de la respuesta anterior.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;La tía se permitió una sonrisa que casi podría haber sido descrita como una mueca.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;—En el parque no había ovejas —dijo el soltero— porque, una vez, la madre del príncipe tuvo un sueño en el que su hijo era asesinado tanto por una oveja como por un reloj de pared que le caía encima. Por esa razón, el príncipe no tenía ovejas en el parque ni relojes de pared en su palacio.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;La tía contuvo un grito de admiración.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;—¿El príncipe fue asesinado por una oveja o por un reloj? —preguntó Cyril.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;—Todavía está vivo, así que no podemos decir si el sueño se hará realidad —dijo el soltero despreocupadamente—. De todos modos, aunque no había ovejas en el parque, sí había muchos cerditos corriendo por todas partes.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;—¿De qué color eran?&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;—Negros con la cara blanca, blancos con manchas negras, totalmente negros, grises con manchas blancas y algunos eran totalmente blancos.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;El contador de historias se detuvo para que los niños crearan en su imaginación una idea completa de los tesoros del parque; después prosiguió:&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;—Berta sintió mucho que no hubiera flores en el parque. Había prometido a sus tías, con lágrimas en los ojos, que no arrancaría ninguna de las flores del príncipe y tenía intención de mantener su promesa por lo que, naturalmente, se sintió tonta al ver que no había flores para coger.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;—¿Por qué no había flores?&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;—Porque los cerdos se las habían comido todas —contestó el soltero rápidamente—. Los jardineros le habían dicho al príncipe que no podía tener cerdos y flores, así que decidió tener cerdos y no tener flores.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;Hubo un murmullo de aprobación por la excelente decisión del príncipe; mucha gente habría decidido lo contrario.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;—En el parque había muchas otras cosas deliciosas. Había estanques con peces dorados, azules y verdes, y árboles con hermosos loros que decían cosas inteligentes sin previo aviso, y colibríes que cantaban todas las melodías populares del día. Berta caminó arriba y abajo, disfrutando inmensamente, y pensó: «Si no fuera tan extraordinariamente buena no me habrían permitido venir a este maravilloso parque y disfrutar de todo lo que hay en él para ver», y sus tres medallas chocaban unas contra las otras al caminar y la ayudaban a recordar lo buenísima que era realmente. Justo en aquel momento, iba merodeando por allí un enorme lobo para ver si podía atrapar algún cerdito gordo para su cena.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;—¿De qué color era? —preguntaron los niños, con un inmediato aumento de interés.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;—Era completamente del color del barro, con una lengua negra y unos ojos de un gris pálido que brillaban con inexplicable ferocidad. Lo primero que vio en el parque fue a Berta; su delantal estaba tan inmaculadamente blanco y limpio que podía ser visto desde una gran distancia. Berta vio al lobo, vio que se dirigía hacia ella y empezó a desear que nunca le hubieran permitido entrar en el parque. Corrió todo lo que pudo y el lobo la siguió dando enormes saltos y brincos. Ella consiguió llegar a unos matorrales de mirto y se escondió en uno de los arbustos más espesos. El lobo se acercó olfateando entre las ramas, su negra lengua le colgaba de la boca y sus ojos gris pálido brillaban de rabia. Berta estaba terriblemente asustada y pensó: «Si no hubiera sido tan extraordinariamente buena ahora estaría segura en la ciudad». Sin embargo, el olor del mirto era tan fuerte que el lobo no pudo olfatear dónde estaba escondida Berta, y los arbustos eran tan espesos que podría haber estado buscándola entre ellos durante mucho rato, sin verla, así que pensó que era mejor salir de allí y cazar un cerdito. Berta temblaba tanto al tener al lobo merodeando y olfateando tan cerca de ella que la medalla de obediencia chocaba contra las de buena conducta y puntualidad. El lobo acababa de irse cuando oyó el sonido que producían las medallas y se detuvo para escuchar; volvieron a sonar en un arbusto que estaba cerca de él. Se lanzó dentro de él, con los ojos gris pálido brillando de ferocidad y triunfo, sacó a Berta de allí y la devoró hasta el último bocado. Todo lo que quedó de ella fueron sus zapatos, algunos pedazos de ropa y las tres medallas de la bondad.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;—¿Mató a alguno de los cerditos?&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;—No, todos escaparon.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;—La historia empezó mal —dijo la más pequeña de las niñas—, pero ha tenido un final bonito.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;—Es la historia más bonita que he escuchado nunca —dijo la mayor de las niñas, muy decidida.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;—Es la única historia bonita que he oído nunca —dijo Cyril.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;La tía expresó su desacuerdo.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;—¡Una historia de lo menos apropiada para explicar a niños pequeños! Ha socavado el efecto de años de cuidadosa enseñanza.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;—De todos modos —dijo el soltero cogiendo sus pertenencias y dispuesto a abandonar el tren-, los he mantenido tranquilos durante diez minutos, mucho más de lo que usted pudo.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;«¡Infeliz! —se dijo mientras bajaba al andén de la estación de Templecombe—. ¡Durante los próximos seis meses esos niños la asaltarán en público pidiéndole una historia impropia!»&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3548118816540812343-3099981737026919477?l=labibliotecadeorem.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://labibliotecadeorem.blogspot.com/feeds/3099981737026919477/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://labibliotecadeorem.blogspot.com/2009/10/saki-el-cuentista.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3548118816540812343/posts/default/3099981737026919477'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3548118816540812343/posts/default/3099981737026919477'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://labibliotecadeorem.blogspot.com/2009/10/saki-el-cuentista.html' title='SAKI - EL CUENTISTA'/><author><name>Oscar Ramirez</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01639867369597054961</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://3.bp.blogspot.com/_pfR_MWacXOM/TK6SmX_JI5I/AAAAAAAAAnk/ZY_aPfF6Lp4/S220/Copia+de+IMG0481A.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3548118816540812343.post-8817860156697346568</id><published>2009-10-08T15:01:00.001-07:00</published><updated>2009-11-05T08:22:33.493-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Rudyard Kipling'/><title type='text'>RUDYARD KIPLING – EL GATO QUE CAMINABA SOLO</title><content type='html'>&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Sucedieron estos hechos que voy a contarte, oh, querido mío, cuando los animales domésticos eran salvajes. El Perro era salvaje, como lo eran también el Caballo, &lt;st1:personname productid="la Vaca" w:st="on"&gt;la Vaca&lt;/st1:personname&gt;, &lt;st1:personname productid="la Oveja" w:st="on"&gt;la Oveja&lt;/st1:personname&gt; y el Cerdo, tan salvajes como pueda imaginarse, y vagaban por la húmeda y salvaje espesura en compañía de sus salvajes parientes; pero el más salvaje de todos los animales salvajes era el Gato. El Gato caminaba solo y no le importaba estar aquí o allá.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;También el Hombre era salvaje, claro está. Era terriblemente salvaje. No comenzó a domesticarse hasta que conoció a &lt;st1:personname productid="la Mujer" w:st="on"&gt;la  Mujer&lt;/st1:personname&gt; y ella repudió su montaraz modo de vida. &lt;st1:personname productid="la Mujer" w:st="on"&gt;La Mujer&lt;/st1:personname&gt; escogió para dormir una bonita cueva sin humedades en lugar de un montón de hojas mojadas, y esparció arena limpia sobre el suelo, encendió un buen fuego de leña al fondo de la cueva y colgó una piel de Caballo Salvaje, con la cola hacia abajo, sobre la entrada; después dijo:&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;—Límpiate los pies antes de entrar; de ahora en adelante tendremos un hogar.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;Esa noche, querido mío, comieron Cordero Salvaje asado sobre piedras calientes y sazonado con ajo y pimienta silvestres, y Pato Salvaje relleno de arroz silvestre, y alholva y cilantro silvestres, y tuétano de Buey Salvaje, y cerezas y granadillas silvestres. Luego, cuando el Hombre se durmió más feliz que un niño delante de la hoguera, &lt;st1:personname productid="la Mujer" w:st="on"&gt;la  Mujer&lt;/st1:personname&gt; se sentó a cardar lana. Cogió un hueso del hombro de cordero, la gran paletilla plana, contempló los portentosos signos que había en él, arrojó más leña al fuego e hizo un conjuro, el primer Conjuro Cantado del mundo.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;En la húmeda y salvaje espesura, los animales salvajes se congregaron en un lugar desde donde se alcanzaba a divisar desde muy lejos la luz del fuego y se preguntaron qué podría significar aquello.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;Entonces Caballo Salvaje golpeó el suelo con la pezuña y dijo:&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;—Oh, amigos y enemigos míos, ¿por qué han hecho esa luz tan grande el Hombre y &lt;st1:personname productid="la Mujer" w:st="on"&gt;la Mujer&lt;/st1:personname&gt; en esa enorme cueva? ¿cómo nos perjudicará a nosotros?&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;Perro Salvaje alzó el morro, olfateó el aroma del asado de cordero y dijo:&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;—Voy a ir allí, observaré todo y me enteraré de lo que sucede, y me quedaré, porque creo que es algo bueno. Acompáñame, Gato.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;—¡ Ni hablar! —replicó el Gato—. Soy el Gato que camina solo y a quien no le importa estar aquí o allá. No pienso acompañarte.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;—Entonces nunca volveremos a ser amigos —apostilló Perro Salvaje, y se marchó trotando hacia la cueva.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;Pero cuando el Perro se hubo alejado un corto trecho, el Gato se dijo a sí mismo:&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;—Si no me importa estar aquí o allá, ¿por qué no he de ir allí para observarlo todo y enterarme de lo que sucede y después marcharme?&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;De manera que siguió al Perro con mucho, muchísimo sigilo, y se escondió en un lugar desde donde podría oír todo lo que se dijera.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;Cuando Perro Salvaje llegó a la boca de la cueva, levantó ligeramente la piel de Caballo con el morro y husmeó el maravilloso olor del cordero asado. &lt;st1:personname productid="la Mujer" w:st="on"&gt;La Mujer&lt;/st1:personname&gt; lo oyó, se rió y dijo:&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;—Aquí llega la primera criatura salvaje de la salvaje espesura. ¿Qué deseas?&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;—Oh, enemiga mía y esposa de mi enemigo, ¿qué es eso que tan buen aroma desprende en la salvaje espesura? —preguntó Perro Salvaje.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;Entonces &lt;st1:personname productid="la Mujer" w:st="on"&gt;la Mujer&lt;/st1:personname&gt; cogió un hueso de cordero asado y se lo arrojó a Perro Salvaje diciendo:&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;—Criatura salvaje de la salvaje espesura, si ayudas a mi Hombre a cazar de día y a vigilar esta cueva de noche, te daré tantos huesos asados como quieras.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;—¡Ah! —exclamó el Gato al oírla—, esta Mujer es muy sabia, pero no tan sabia como yo.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;Perro Salvaje entró a rastras en la cueva, recostó la cabeza en el regazo de &lt;st1:personname productid="la Mujer" w:st="on"&gt;la Mujer&lt;/st1:personname&gt; y dijo:&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;—Oh, amiga mía y esposa de mi amigo, ayudaré a tu Hombre a cazar durante el día y de noche vigilaré vuestra cueva.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;—¡Ah! —repitió el Gato, que seguía escuchando—, este Perro es un verdadero estúpido.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;Y se alejó por la salvaje y húmeda espesura meneando la cola y andando sin otra compañía que su salvaje soledad. Pero no le contó nada a nadie.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;Al despertar por la mañana, el Hombre exclamó:&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;—¿Qué hace aquí Perro Salvaje?&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;—Ya no se llama Perro Salvaje —lo corrigió &lt;st1:personname productid="la Mujer" w:st="on"&gt;la Mujer&lt;/st1:personname&gt;—, sino Primer Amigo, porque va a ser nuestro amigo por los siglos de los siglos. Llévalo contigo cuando salgas de caza.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;La noche siguiente &lt;st1:personname productid="la Mujer" w:st="on"&gt;la Mujer&lt;/st1:personname&gt; cortó grandes brazadas de hierba fresca de los prados y las secó junto al fuego, de manera que olieran como heno recién segado; luego tomó asiento a la entrada de la cueva y trenzó una soga con una piel de caballo; después se quedó mirando el hueso de hombro de cordero, la enorme paletilla, e hizo un conjuro, el segundo Conjuro Cantado del mundo.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;En la salvaje espesura, los animales salvajes se preguntaban qué le habría ocurrido a Perro Salvaje. Finalmente, Caballo Salvaje golpeó el suelo con la pezuña y dijo:&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;—Iré a ver por qué Perro Salvaje no ha regresado. Gato, acompáñame.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;—¡Ni hablar! —respondió el Gato—. Soy el Gato que camina solo y a quien no le importa estar aquí o allá. No pienso acompañarte.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;Sin embargo, siguió a Caballo Salvaje con mucho, muchísimo sigilo, y se escondió en un lugar desde donde podría oír todo lo que se dijera.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;Cuando &lt;st1:personname productid="la Mujer" w:st="on"&gt;la Mujer&lt;/st1:personname&gt; oyó a Caballo Salvaje dando traspiés y tropezando con sus largas crines, se rió y dijo:&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;—Aquí llega la segunda criatura salvaje de la salvaje espesura. ¿Qué deseas?&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;—Oh, enemiga mía y esposa de mi enemigo —respondió Caballo Salvaje—, ¿dónde está Perro Salvaje?&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;st1:personname productid="la Mujer" w:st="on"&gt;La Mujer&lt;/st1:personname&gt; se rió, cogió la paletilla de cordero, la observó y dijo:&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;—Criatura salvaje de la salvaje espesura, no has venido buscando a Perro Salvaje, sino porque te ha atraído esta hierba tan rica.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;Y dando traspiés y tropezando con sus largas crines, Caballo Salvaje dijo:&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;—Es cierto, dame de comer de esa hierba.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;—Criatura salvaje de la salvaje espesura —repuso &lt;st1:personname productid="la Mujer" w:st="on"&gt;la Mujer&lt;/st1:personname&gt;—, inclina tu salvaje cabeza, ponte esto que te voy a dar y podrás comer esta maravillosa hierba tres veces al día.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;—¡Ah! —exclamó el Gato al oírla—, esta Mujer es muy lista, pero no tan lista como yo.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;Caballo Salvaje inclinó su salvaje cabeza y &lt;st1:personname productid="la Mujer" w:st="on"&gt;la  Mujer&lt;/st1:personname&gt; le colocó la trenzada soga de piel en torno al cuello. Caballo Salvaje relinchó a los pies de &lt;st1:personname productid="la Mujer" w:st="on"&gt;la Mujer&lt;/st1:personname&gt; y dijo:&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;—Oh, dueña mía y esposa de mi dueño, seré tu servidor a cambio de esa hierba maravillosa.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;—¡Ah! —repitió el Gato, que seguía escuchando—, ese Caballo es un verdadero estúpido.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;Y se alejó por la salvaje y húmeda espesura meneando la cola y andando sin otra compañía que su salvaje soledad.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;Cuando el Hombre y el Perro regresaron después de la caza, el Hombre preguntó:&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;—¿Qué está haciendo aquí Caballo Salvaje?&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;—Ya no se llama Caballo Salvaje —replicó &lt;st1:personname productid="la Mujer" w:st="on"&gt;la Mujer&lt;/st1:personname&gt;—, sino Primer Servidor, porque nos llevará a su grupa de un lado a otro por los siglos de los siglos. Llévalo contigo cuando vayas de caza.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;Al día siguiente, manteniendo su salvaje cabeza enhiesta para que sus salvajes cuernos no se engancharan en los árboles silvestres, Vaca Salvaje se aproximó a la cueva, y el Gato la siguió y se escondió como lo había hecho en las ocasiones anteriores; y todo sucedió de la misma forma que las otras veces; y el Gato repitió las mismas cosas que había dicho antes, y cuando Vaca Salvaje prometió darle su leche a &lt;st1:personname productid="la Mujer" w:st="on"&gt;la  Mujer&lt;/st1:personname&gt; día tras día a cambio de aquella hierba maravillosa, el Gato se alejó por la salvaje y húmeda espesura, caminando solo como era su costumbre.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;Y cuando el Hombre, el Caballo y el Perro regresaron a casa después de cazar y el Hombre formuló las mismas preguntas que en las ocasiones anteriores, &lt;st1:personname productid="la Mujer" w:st="on"&gt;la Mujer&lt;/st1:personname&gt; dijo:&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;—Ya no se llama Vaca Salvaje, sino Donante de Cosas Buenas. Nos dará su leche blanca y tibia por los siglos de los siglos, y yo cuidaré de ella mientras ustedes tres salen de caza.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;Al día siguiente, el Gato aguardó para ver si alguna otra criatura salvaje se dirigía a la cueva, pero como nadie se movió, el Gato fue allí solo, y vio a &lt;st1:personname productid="la Mujer" w:st="on"&gt;la Mujer&lt;/st1:personname&gt; ordeñando a &lt;st1:personname productid="la Vaca" w:st="on"&gt;la Vaca&lt;/st1:personname&gt;, y vio la luz del fuego en la cueva, y olió el aroma de la leche blanca y tibia.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;—Oh, enemiga mía y esposa de mi enemigo —dijo el Gato—, ¿a dónde ha ido Vaca Salvaje?&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;&lt;st1:personname productid="la Mujer" w:st="on"&gt;La Mujer&lt;/st1:personname&gt; rió y respondió:&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;—Criatura salvaje de la salvaje espesura, regresa a los bosques de donde has venido, porque ya he trenzado mi cabello y he guardado la paletilla, y no nos hacen falta más amigos ni servidores en nuestra cueva.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;—No soy un amigo ni un servidor —replicó el Gato—. Soy el Gato que camina solo y quiero entrar en tu cueva.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;—¿Por qué no viniste con Primer Amigo la primera noche? —preguntó &lt;st1:personname productid="la Mujer." w:st="on"&gt;la Mujer.&lt;/st1:personname&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;—¿Ha estado contando chismes sobre mí Perro Salvaje? —inquirió el Gato, enfadado.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;Entonces &lt;st1:personname productid="la Mujer" w:st="on"&gt;la Mujer&lt;/st1:personname&gt; se rió y respondió:&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;—Eres el Gato que camina solo y a quien no le importa estar aquí o allá. No eres un amigo ni un servidor. Tú mismo lo has dicho. Márchate y camina solo por cualquier lugar.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;Fingiendo estar compungido, el Gato dijo:&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;—¿Nunca podré entrar en la cueva? ¿Nunca podré sentarme junto a la cálida lumbre? ¿Nunca podré beber la leche blanca y tibia? Eres muy sabia y muy hermosa. No deberías tratar con crueldad ni siquiera a un gato.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;—Que era sabia no me era desconocido, mas hasta ahora no sabía que fuera hermosa. Por eso voy a hacer un trato contigo. Si alguna vez te digo una sola palabra de alabanza, podrás entrar en la cueva.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;—¿Y si me dices dos palabras de alabanza? —preguntó el Gato.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; text-indent: 1.0cm;"&gt;—Nunca las diré —repuso &lt;st1:personname productid="la Mujer" w:st="on"&gt;la Mujer&lt;/st1:personname&gt;—, mas si te dijera dos palabras de alabanza, podrías sentarte en la cueva junto al fuego.&lt
